A todos nos ha pasado: el típico día frío de narices, en el que cuesta tanto mantener el calor corporal dando pedales, un inoportuno pinchazo nos hace bajarnos y ponernos manos a la obra en medio de la estepa siberiana (casi). De reparar un pinchazo, sin duda la peor parte es la de hinchar de nuevo la rueda. En justo en esos momentos cuando el cartucho de CO2 te salva la vida.

¿En qué consiste un inflador de CO2?

Yo los uso desde hace años, pero siempre hay que tener en cuenta que una ruta larga (como el Camino de Santiago, por ejemplo) requiere llevar una minibomba encima por lo que pueda pasar. Con un cartucho de CO2 sólo tienes un tiro, así que mejor no fallar.

Este sistema de cartuchos (también llamados bombonas) está formado normalmente por dos piezas:

  1. Un adaptador o boquilla donde enroscaremos el cartucho de CO2 y hará de conector con nuestra válvula de la rueda.
  2. Un cartucho de CO2 (Dióxido de Carbono), la verdadera estrella de la fiesta.

Dentro de los adaptadores los encontraremos más sencillos (un simple adaptador roscado) o más complejos (con regulador de flujo, con un cuerpo cilíndrico para introducir el cartucho, etc…). Mi consejo es que lo sencillo triunfa, porque al final va a ocupar mucho menos espacio en tu bolsa y cumplirá su función con las mismas garantías.

Conviene aclarar también que los cartuchos de CO2 pueden ser de dos tipos: con rosca o sin rosca. Los roscados son los más extendidos, aunque también son ligeramente más caros.

Si os sirve de algo, mi modelo actual (tengo dos) es el Zefal EZ control

¿Cómo se usa un cartucho de CO2?

Usar un cartucho de CO2 es más fácil que beber del botijo. Si nuestro inflador no tiene regulador de flujo, basta con roscar el adaptador a la válvula de la rueda (abierta, por favor). Luego roscaremos un cartucho de la medida necesaria (hablaremos de esto luego), haciendo una ligera presión al final para que el cartucho de CO2 se perfore y el flujo del gas hinche la rueda.

Si nos hemos gastado los cuartos en un hinchador con válvula de regulación, el proceso es a la inversa. Primero nos aseguramos de que el grifo está cerrado. Luego roscamos un cartucho y por último usamos el inflador como si de una bomba se tratase: bien roscando a la válvula de la cámara o bien apretando como ella, dependiendo de nuestro modelo de hinchador. Abrimos el grifo y dejamos fluir el Dióxido de Carbono hasta que queramos.

OJO: los cartuchos de CO2 se enfrían mucho al usarlos. El Dióxido de Carbono es un gas refrigerante que se enfría cuando pasa de estado líquido a gaseoso y se expande. Si nuestro hinchador no tiene una funda de cartucho hay que tener cuidado al tocarlo, ya que podemos quemarnos.

Medidas de cartuchos de CO2

Como he dicho anteriormente, en el mercado existen distintos tamaños de bombonas de CO2. Las más habituales suelen ser las de 16 y 25 gramos, aunque también es fácil encontrarlas de 12 gramos. Con el auge de las fat bikes también se empiezan a ver de tamaños superiores, como de 40 ó 45 gramos, aunque de momento no están muy extendidos.

Deberemos elegir el tamaño adecuado a nuestras ruedas. Para aclararlo un poco, os dejo esta tabla en la que se compran las presiones que se pueden obtener con los distintos tamaños:

Presiones cartucho de CO2

Presiones cartucho de CO2

Ventajas en inconvenientes de un cartucho de CO2

Una vez aclarado lo referente al uso de un cartucho de CO2, pasaré a enumerar lo que para mi son unas claras ventajas frente a las minibombas:

  1. Tamaño reducido. Cabe en la bolsa de sillín.
  2. Menos peso (según modelo)
  3. Rapidez al hinchar

Los inconvenientes, por desgracia, también son claros:

  1. Un solo uso. Aunque muchos infladores tienen regulador, la experiencia me ha enseñado que el gas acaba perdiéndose rápidamente aunque lo cierres. Si queremos más usos hay que llevar más bombonas, con el consiguiente aumento de peso.
  2. Precio. Cada bombona de CO2 suele rondar los dos Euros y es válido para un único uso, no se pueden rellenar.
  3. El cartucho se enfría mucho al usarlo, pudiendo causarnos quemaduras.
  4. No se puede reutilizar una vez usado, hay que desecharlo.