Ruta MTB: Valsaín – Fuenfría – Collado del Rey

Álvaro con caballo. Ruta Valsaín - Fuenfría

Cuando todas las partes quieren, todo es más fácil. Eso es lo que ha sucedido este fin de semana: que por fin hemos podido reeditar la salida que dio origen a todo: Valsaín – Fuenfría.

Preparando la ruta

La semana empezó bien: hablando con Rober me contó que la recuperación de la clavícula por fín iba por el buen camino y que ya había hecho alguna salida que otra en bici por su cuenta. Hablamos de las ganas que teníamos de volver a rodar juntos y quedamos en organizar una «rentrée» más pronto que tarde. Lo mejor de todo es que Diego (nuestro compi de Valladolid) también había vuelto a coger la bici tras un tiempo de parón y que también tenía ganas de mambo. La ocasión la pintaban calva: era el momento de intentar de nuevo nuestra ruta talismán.

Goyo, Jose Pablo y Álvaro (un amigo de Diego) completaron el grupo, así que esta vez volvíamos a ser seis los que subiríamos hasta el alto de La Fuenfría. Para seguir manteniendo vivo el espíritu original, reservamos mesa en El Tio Pepe de Valsaín para ahogar nuestras penas en carnaca una vez finalizada la ruta.

Subida hasta La Fuenfría

Quedamos a las 10:00 en la plaza del pueblo, aunque salimos un poco más tarde porque a Rober se le olvidaron los ejes de las ruedas (un inconveniente que tienen los «nuevos» ejes pasantes que no tenían los cierres rápidos). A las 10:30 ya estábamos dando pedales.

No os voy a contar de nuevo la ruta hasta Fuenfría, pues el recorrido fue clavado al que hicimos la otra vez:  Cruz de la Gallega, Fuente de la Reina, Venta de la Fuenfría… En la parada que hicimos en la venta de la Fuenfría pudimos disfrutar de la compañía de varios caballos que estaban pastando a sus anchas en libertad, por cierto.

Álvaro con caballo. Ruta Valsaín - Fuenfría
Álvaro con caballo. Ruta Valsaín – Fuenfría

La diferencia con la otra vez es que en estos casi dos años hemos mejorado algo nuestra forma física (quién lo diría viéndome a mí, que estoy más gordo que nunca) y la subida se hizo mucho más llevadera, hasta el punto de que llegamos muy sobrados a lo más alto del puerto. Una vez en Fuenfría, y después de las fotos de rigor, decidimos ampliar un poco la ruta y explorar un camino por el que nunca habíamos rodado: el que lleva hasta el Collado del Rey.

Bonus: el Collado del Rey

El alto de La Fuenfría separa Castilla y León de la Comunidad de Madrid. Aquí cambiamos del ancho de vía segoviana al madrileño y recorrimos siete kilómetros más hasta el mencionado Collado del Rey. Estos primeros kilómetros adicionales los hicimos muy alegres, ya que era una bajada por pista ancha sin ninguna dificultad. Una vez en el collado pudimos disfrutar de las mejores vistas del valle de Cercedilla y hacernos unas cuantas fotos chorras, de esas que me gustan a mí 😀

Valsaín - Fuenfría - Collado del Rey
Valsaín – Fuenfría – Collado del Rey

Los siete kilómetros de vuelta hasta Fuenfría ya fueron otro cantar. Aunque ninguno iba con la lengua fuera, fueron las rampas que más esfuerzo requirieron si descartamos los primeros desniveles al salir de Valsaín. Nada del otro mundo, sobre todo porque ya estábamos visualizando los quince kilómetros de bajada que teníamos por delante, je je je. Una pena que Goyo no llegase en plenas facultades, ya que estaba recuperándose todavía de un esguince en el pie. Este era su territorio.

Bajada hasta Valsaín

La bajada desde Fuenfría me resultó más complicada que la vez anterior. Las piedras del camino estaban mucho más sueltas en esta ocasión, lo que hacía que tuviésemos que prestar más atención para controlar la bici. Eso sí, una vez que llegamos a la parte de asfalto la cosa cambió mucho. Ahí sí que empezamos a disfrutar como niños dejando que la gravedad hiciese su trabajo. Claro, con tanta materia prima para que la gravedad actuase pasó lo que tenía que pasar: 74,5 km/h alcanzamos alguno en la bajada según Strava (71 según mi Polar). Creo que mi segundo máximo histórico. Los frenos llegaron chirriando como nunca 😀

Llegamos a Valsaín una hora antes de lo previsto (estamos hechos unos toros), así que recogimos las bicis tan rápido como pudimos y nos dispusimos a dar buena cuenta de las empanadillas, los cortes argentinos y los postres del Tío Pepe de Valsaín que nos habíamos merecido. Como apunte comentar que esta vez no me pedí el clásico vacío y opté por compartir con Diego, buen comedor,  un Chuck Flap. El Chuck Flap (o Chuck Flat, como lo llaman en algunos sítios) es un corte muy usado en Estados Unidos. Está pegado a las costillas bajas del animal, tiene una ternura moderada, pero su grasa intramuscular y su cercanía al hueso le dan un sabor muy bueno. El nuestro estaba de vicio. Los postres, como siempre, de escándalo.

Esta ruta es, sin lugar a dudas, una de mis favoritas. las pistas por las que transcurre, atravesando pinares interminables, hacen muy ameno pedalear. Las pendientes son muy llevaderas y cuando te quieres dar cuenta has ascendido casi mil metros (nosotros nos quedamos en 900). Aunque echamos en falta a algunos (Román y Javi no pudieron venir), la buena temperatura y el reencuentro con Diego y Rober hicieron que el día saliese redondo.

A ver si no tienen que pasar dos años para la próxima.

As usual, el track está disponible en mi perfil de Strava.

Ruta MTB por la Sierra del Rincón

Pádena del Rincón

Va pasando el tiempo y se va acercando la tan temida 10000 del Soplao. Ya iba siendo hora de empezar a preparar alguna ruta larga para ir poniendo a prueba nuestras piernas, así que Jose Pablo no dudó a la hora de aceptar la invitación de unos amigos para hacer una ruta larga por una zona muy bonita: la Sierra del Rincón.

La ruta prevista salía de Valdepeñas de la Sierra, ya en Castilla la Mancha, y volver después de unos 93 kilómetros por los últimos pueblos de la Comunidad de Madrid: la conocida como «Sierra Pobre«. Pero si seguís leyendo veréis que el destino tenía otros planes para el sábado.

Preparando la ruta por la Sierra del Rincón

La hora oficial de salida estaba establecida a las 08:00 desde Valdepeñas de la Sierra. Para ello era necesario salir un poco antes de las 07:00, así que a esa hora se presentó Jose Pablo a recogerme. GPS al canto y rumbo a Castilla la Mancha.

Allí teníamos previsto encontrarnos con Chema (viejo conocido de nuestra Madrid – Segovia), Michel (que saca siempre que puede sus ruedas a paseo) y Josete para luego salir al encuentro de Jorge, que nos esperaría a las 09:00 en El Atazar.

La cosa empezó a torcerse cuando Chema nos mandó un SMS diciendo que se caía de la convocatoria porque había pasado una noche toledana y apenas había dormido tres horas. Todavía estábamos saliendo de casa, pero se lo dije a JP: «esta ruta tiene una pinta rara«. Y es que tenía la sensación de que no la llevaba preparada, que la ruta me había pillado por sorpresa. La noche anterior me tocó hacer la mochila (sabéis que odio llevar mochila en bici) a la carrera: bocadillos para la ruta, agua, barritas, geles, baterías, cámaras (de vídeo y de ruedas) y hasta el foco porque estaba previsto acabar la ruta de noche. Malas sensaciones…

La cosa se complicó cuando, pasado el pueblo de Patones, el Waze perdió conexión y no nos avisó en el desvío que teníamos que coger para llegar a Valdepeñas de la Sierra. Aparecimos en las cercanías del embalse de El Atazar. Cuando recuperamos cobertura y el cacharro calculó de nuevo la ruta tocó volver sobre nuestros pasos hasta el dichoso desvío. El resultado fue llegar al punto de partida con una hora de retraso sobre la hora prevista.

Salida de Valdepeñas de la Sierra

Allí nos estaban esperando Michel y Josete, que ya se habían tomado un par de cafés para hacer tiempo. Montamos las bicis a la carrera y nos pusimos en marcha para no perder más horas de luz y no hacer esperar mucho más a Jorge.

Salimos de Valdepeñas de la Sierra por una carretera que nos llevaría rápidamente hasta Alpedetre de la Sierra (aquí todo es de la Sierra). Un par de subiditas cómodas para ir entrando en calor y a los cuatro kilómetros ya nos encontrábamos en el reguero del Bustar, el punto más bajo de la ruta. A partir de ahí todo sería subida. Las pistas por las que rodábamos eran muy cómodas, con firme de tierra en muy buen estado y muy amplias. Las vistas eran inmejorables: cuando no rodábamos por bonitos pinares lo hacíamos con una panorámica de la presa de El Atazar.

Entrando a la Comunidad de Madrid

A los doce kilómetros de ruta, tras parar a hacer unas fotos en un bonito puente sobre el arroyo Robledillo, entramos a la Comunidad de Madrid.

Enseguida llegamos al pueblo de El Atazar, que da nombre al embalse más grande de la Comunidad de Madrid. Como nota curiosa os diré que este embalse fue una de las obras más importantes de la dictadura y que recoge en torno al 46% de las reservas de agua de la región. Su coste final quintuplicó el previsto inicialmente, pues el diseño de la presa supuso un auténtico alarde técnico para la época al ser de las primeras construidas en España con una bóveda de doble curvatura.

En el pueblo nos estaba esperando Jorge, un amigo de Michel. Mientras se cambiaba de ropa (iba demasiado abrigado, como nos pasó a JP y a mí) aprovechamos para tomar una barrita. A continuación nos esperaba el plato fuerte del día: un tramo facilón de seis kilómetros bordeando el río de la Puebla para ir a parar a una monumental subida de ¡dieciséis kilómetros y casi ochocientos metros de desnivel!

La subida a Peña Cuervo

La kilométrica subida podríamos dividirla en dos partes, siendo la primera de ellas la que transcurre desde los llanos de la Portezuela (km 22 de la ruta) hasta el llano de las zorreras, en el kilómetro 32 aproximadamente. En este tramo afrontamos un total de unos cuatrocientos metros de desnivel, que se hacen más o menos llevaderos porque el firme es bueno y las piernas todavía van frescas a pesar de los kilómetros que llevamos acumulados.

La segunda parte de la subida no sería tan «llevadera». Esta parte, de unos seis kilómetros de distancia, nos haría subir otros cuatrocientos metros de desnivel. Aquí tuvimos que defendernos como pudimos en un terreno bastante más suelto que el anterior, con numerosas piedras en la pista y unas zetas muy agresivas y de considerables pendientes en alguna parte. Yo me llevé un susto cuando el desviador delantero dejó de funcionar durante un rato, seguramente debido a una piedra u otro objeto que impedía el buen funcionamiento. Afortunadamente llegamos a una alberca y decidimos parar, por lo que yo pude revisar por encima el cambio y dejarlo funcionando tras un buen chorro de agua.

La subida que separó a hombres de niños

Reanudar la marcha tras esta parada fue una auténtica odisea. A mí me costo muchísimo subirme a la bici de nuevo y unos cuantos metros más adelante, llegando casi a la cima, tuve que echar pie a tierra porque ya no podía más. Josete ya llevaba un rato esperándonos arriba (vaya forma de subir) y JP subió como un campeón sin bajarse de la bici. Desde que se ha pasado al carbono francés está intratable 😀

Una vez arriba decidimos dar buena cuenta de nuestras viandas. Yo tiré del sandwich de pavo que me preparé a la carrera por la mañana, pero Jose Pablo fue fiel a su embutido casero as usual. Unas preciosas vistas hacia Prádena del Rincón desde lo más alto de la sierra fueron una bonita recompensa a tanto sufrimiento.

La avería que acabó con mi Sierra del Rincón

Poco antes de parar a comer noté un cierto ruido proveniente del núcleo, lo cual me hizo recordar los malos momentos de la última visita a las Zetas de la Pedriza. Los peores presagios se confirmaron cuando subimos de nuevo a las bicis tras el parón: el núcleo se había vuelto a romper. Supongo que el arreglo de los trinquetes que me hicieron aquella vez había dicho basta y uno de ellos se habría desprendido y bloqueaba los pedales, que no podían rodar libres en ningún momento sin hacer un ruido infernal y amenazar con una avería mucho más gorda.

Cuando unos kilómetros más tarde llegamos a la carretera M130 decidí abandonar. Hablando con los compañeros vimos conveniente hacerlo antes de sufrir una avería más gorda y aprovechar la carretera para acercarme hasta un pueblo cercano. Allí esperaría a que JP volviese a por mí al acabar la ruta, aunque eso podían ser unas cuantas horas de espera. La Sierra del Rincón se terminaba para mí…

Ellos siguieron su camino y yo decidí llamar a mi hermana para que viniese al rescate. El punto de recogida sería Puebla de la Sierra, pues la carretera parecía más despejada en ese sentido que en el de Montejo de la Sierra.

Puebla de la Sierra
Puebla de la Sierra

Rumbo a Puebla de la Sierra

Este tramo por carretera tiene el honor de ser el más extraño que haya hecho hasta la fecha. En este recorrido de once kilómetros se agolparon muchas sensaciones enfrentadas: al principio sentía rabia por haber tenido que abandonar por una avería por primera vez en mi vida (y llevo unos cuantos kilómetros en las piernas ya), aunque pedalear en soledad por esos preciosos parajes enseguida hizo que me olvidase del ruido a carraca que llevaba y disfrutase de las vistas. Incluso en algún momento me sorprendí silbando, totalmente desconectado. Fue una sensación preciosa ver todos esos bosques con los colores del otoño en un precioso día de sol y bajando solitario por una carretera que serpenteaba cómodamente…

Al llegar a Puebla de la Sierra ya había recorrido casi cincuenta y tres kilómetros por la Sierra del Rincón. Estaba cansado, pues la subida tan larga había hecho mella en mis piernas. Al fin y al cabo había completado el tramo más duro de la ruta planificada, por lo que la esencia del «entrenamiento para el Soplao» estaba conseguida.

Para hacer tiempo hasta que me «repatriasen» decidí tirar de bocadillo de lomo en la plaza del pueblo y disfrutar de las vistas. Buscando algo de información en Internet para matar el tiempo vi que antiguamente este lugar era conocido como Puebla de la Mujer Muerta hasta mediados del siglo XX, haciendo referencia a los cerros a cuyo pie se asienta la villa y cuya silueta recuerda la de una mujer tumbada.

Rescatado al fin de la Sierra del Rincón

Mi hermana llegó dos horas después. Metimos la bici en el coche y emprendimos la vuelta por esos caminos tan malos hasta llegar a casa.

Jose Pablo llegó unas horas más tarde a casa para devolverme todo lo que me había dejado en su coche. Me contó la odisea que sufrieron ellos también: no pudo terminar la ruta prevista porque Jorge llegó a pinchar en tres ocasiones y se quedaron sin cámaras de repuesto, por lo que decidieron separarse de Miche y Josete para no alargar demasiado la jornada. Llegó a Valdepeñas de la Sierra cuando empezaba a caer la noche (menos mal que llevaba linterna), completando unos setenta y cinco kilómetros aproximadamente.

Michel y Josete sí que consiguieron acabar la ruta, hasta donde sabemos. Seguramente llegaron con bastante oscuridad a Valdepeñas, pero con el alama renovada y la satisfacción de haber disfrutado de una ruta preciosa.

Tendremos que reclutar de nuevo a Chema para completar la ruta por la Sierra del Rincón, a pesar de estar gafada 😀

El track de la ruta está disponible en mi perfil de Strava.

Ruta MTB: Manzanares – embalse de la Maliciosa

Embalse de La Maliciosa

Bonita ruta circular en la sierra de Madrid. Desde Manzanares el Real hasta el embalse de la Maliciosa (Majada del Espino) por el valle de La Barranca.

Reto 2016: los diez mil del Soplao

Los diez mil del Soplao

Creo que entre todas las pruebas que se organizan en España son dos las que destacan: los diez mil del Soplao y la Quebrantahuesos. Teníamos que estar ahí.

Ruta MTB: las Zetas de La Pedriza

Las Zetas de La Pedriza

Vuelta a la bici tras un parón más largo de lo que me hubiese gustado.

Como Goyo (nuestro gurú de la montaña madrileña junto a Javi) está de vacaciones nos ha tocado improvisar. Y ya se sabe que lo normal en estos casos es back to the basics, así que ayer tocó volver a La Pedriza para hacer Las Zetas. Pero esta vez con algunas novedades: Fernando y Edu se incorporaban al grupo. En el caso de Fernando después de un tiempo (ya hicimos juntos la ruta de Pedrezuela), pero esta vez con montura nueva. Y Edu ha venido para quedarse.

Yo estrenaba eje de pedalier: un Shimano BB70 (XT y SLX) que instalé el sábado por la mañana. El anterior llevaba pidiendo un cambio desde la Madrid – Segovia, así que tocó hacer bricolaje para dejar todo listo.

Subiendo Las Zetas de La Pedriza

Las Zetas de La Pedriza
Las Zetas de La Pedriza

Como en Madrid estamos en plena ola de calor hubo que adelantar la salida a las 8:15. Siempre que quedamos en La Pedriza solemos salir desde el aparcamiento de La Jarosa, que es el que está en la primera barrera que regula el acceso en coche al parque. Para estar allí hubo que madrugar un poco y salir de casa a las 7:30. Menos mal que Edu vino a buscarme y pudimos llevar las bicis en su portabicicletas (¡qué cómodos son los portabicis de portón!).

A las 8:30 estábamos listos para salir. Allí estábamos un grupo algo más amplio que la última vez: Fernando, Rob (que hacía Las Zetas por primera vez), Jose «Norris», Javi, Edu y un servidor. Seis valientes a la conquista de la montaña 🙂

Como siempre, salimos en sentido horario. De nuevo lo hicimos por el camino que lleva hacia Mataelpino en lugar de hacerlo por la carretera principal. Las primeras cuestas ya avisaban: no iba a ser un paseo triunfal, sobre todo para los que llegamos algo pasados de forma. Menos mal que el buen rollo del grupo ayuda bastante. Nunca se queda nadie. Siempre se espera a los más rezagados. No hay nada que demostrar…

El recorrido en sí no tuvo nada destacable. Fue casi calcado al de la última salida por la zona, parando también en el collado de Los Pastores para sacar buenas fotos antes de empezar el descenso. Cuando ya estábamos subidos a las bicis, Rob se percató de que tenía roto un radio de la rueda delantera. A priori no debería ser nada preocupante, pero la bajada que nos esperaba no era moco de pavo. Tocaría bajar más despacio y echando un vistazo por si las moscas…

Tras un pequeño repecho, llegamos a Las Losillas. Esta vez no subimos a La Nava Grande, pues la idea era volver a comer a casa y salvar nuestros matrimonios. La última ruta se nos fue de las manos y muchos teníamos la cabeza en la picota, así que cuatro fotillos para inmortalizar el momento y tirarnos cuesta abajo sin piedad (todos menos yo, claro). Nos acabábamos de ahorrar casi seis kilómetros de subida.

La bajada desde Las Losillas

La bajada transcurrió sin incidentes. Llegamos todos sanos y salvos a Canto Cochino tras unos cuantos kilómetros de adrenalina. Después de reagruparnos sólo nos quedaban unos kilómetros de asfalto con un pequeño repecho en el que Javi aprovechó para lucirse (vaya control de la bici) y yo para romper la transmisión :-S . Creo que en la bajada debí golpear el desviador trasero, pues la cadena se salía en determinadas combinaciones. Al final me va a tocar pasarme por el taller esta tarde para que me revisen los radios y la transmisión.

Va a tener razón mi mujer con eso de que cada salida con la bici me sale más cara que la anterior.

La ruta, como de costumbre, está disponible en mi perfil de Strava.

Ruta: Colmenar – Manzanares – Morcuera – Soto

ruta mtb morcuera

Este fin de semana suponía la última ocasión para hacer un entrenamiento de calidad de cara a nuestro reto 2015. El próximo sábado es el «día D», así que había que aprovechar el tiempo para sumar kilómetros de calidad: Colmenar – Manzanares – Morcuera – Soto.

Diciendo calidad quiero decir desnivel. Teníamos que sumar kilómetros y metros de ascensión para probarnos y ver en qué condiciones afrontamos los cerca de 2300 metros de desnivel acumulado de la BH Madrid – Segovia 2015.

Goyo, que es nuestro hombre de referencia para cualquier ruta por la zona dela sierra de Madrid, propuso ascender el puerto de La Morcuera (uno de los clásicos de la Comunidad de Madrid) y a todos nos pareció una buena idea. La idea original era partir de Manzanares el Real, pero Jose Pablo y yo decidimos arrancar en Colmenar Viejo y meter unos cuantos kilómetros extras, rodando además por parte del recorrido del sábado que viene.

Salimos de Colmenar Viejo

El tiempo nos iba a acompañar a priori: temperaturas entre los quince y los veinte grados hasta las 15:00, momento en el que el riesgo de tormentas aumentaba drásticamente. Por si las moscas echamos un chubasquero a la mochila, aunque si todo iba bien no sería necesario.

Rob se apuntó a nuestra propuesta, así que nosotros tres salimos de Colmenar Viejo a las 9:00 con la idea de encontrarnos a la salida de Manzanares con Goyo y Javi para ascender hacia La Morcuera y bajar después hasta Soto del Real. Echamos de menos a Jorge, que causó baja de última hora porque el peque no pasó muy buena noche (lo que tiene no dedicarse a esto en exclusiva).

A las 9:20 aproximadamente salimos de la estación de Colmenar buscando el trazado de la Madrid – Segovia. Tardamos poco en encontrar las antiguas vías del tren y empezar a rodar alegres hasta el kilómetro cinco, momento en el que afrontamos una pequeña subida por unas trialeras técnicamente exigentes.

Poco después llegaría el único susto de la ruta: una caída sin consecuencias de Rob al cruzar el puente sobre el río Manzanares que no impidió que siguiésemos la ruta a buen ritmo hacia Manzanares el Real.

La bajada hacia el pueblo la hicimos en esta ocasión por la pista forestal, evitando una bajada rocosa bastante técnica que ya conocíamos de nuestra ruta del mes pasado hacia Cercedilla.

Triatlón en Manzanares el Real

Ya en Manzanares tuvo lugar la anécdota de la ruta. Resulta que se estaba celebrando el TriaRoc (una prueba de triatlón que ya va por su tercera edición) y todo el pueblo estaba cortado al tráfico. Las calles principales estaban plagadas de conos, pero como nosotros no sabíamos nada nos metimos a rodar por el circuito sin saberlo. Nadie nos indicó nada al respecto y estuvimos circulando algún que otro kilómetro, hasta que al llegar a una rotonda un guardia civil nos invitó con toda la educación que fue capaz de acumular a que nos echásemos a un lado.

Mientras esperábamos frente a una gasolinera e intentábamos avisar a Goyo de nuestro percance sucedió algo muy grande: en el pelotón de competidores del TriaRoc alguien gritó «¡Hey, Big Joe!«. Vaya subidón 😀 . Resulta que era nuestro compañero Nacho, que estaba compitiendo en el triatlón. Mola eso de ir a un pueblo tan alejado de tu zona de influencia y que alguien (de pura chiripa) te conozca. ¡Grande Nacho!

Volviendo a nuestra ruta… Al final tuvimos que improvisar un recorrido alternativo por un camino estrecho que bordeaba el embalse de Santillana para encontrarnos con la otra mitad de la expedición. A estas alturas llevábamos 25 kilómetros en las piernas.

A partir de ese momento, ascenso y más ascenso por una zona conocida de anteriores batallas hasta llegar a la bifurcación que nos enfilaba hacia el alto de La Morcuera. La hora de la verdad estaba ante nosotros: una cuesta de pendiente considerable que separaría a los hombres de los niños 😀

Granizo en el ascenso a La Morcuera

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Goyo y JP de mecánicos

Y tras catorce kilómetros de subida pasó lo que sabíamos que iba a pasar. En cinco minutos se organizó la tormenta perfecta. La primera parada técnica para ponernos el chubasquero fue seguida casi de inmediato por la segunda para ponernos a cubierto bajo los árboles 😀 . La granizada de nuestras vidas, ja ja ja.

Llegados a este punto de la ruta no sabíamos si continuar y ascender los pocos metros que nos faltaban hasta la cima de La Morcuera o darnos la vuelta, pues estábamos calados hasta los huesos. Como la vuelta estaba prevista inicialmente por trialeras y seguramente se encontraría en un estado impracticable, decidimos volver sobre nuestros pasos y llegar a Soto del Real de la forma más rápida posible.

La bajada fue simplemente espectacular. Goyo decidió quitarse la camiseta para tener algo seco a nuestra llegada (fail 😀 ), Rober tiró de manguitos porque no llevaba chubasquero y el resto nos calamos de todos modos a pesar de llevarlo. Yo opté por quitarme las gafas, pues el agua chorreando por ellas no me dejaba ver la ruta. El ruido del granizo golpeando violentamente el casco es algo que no mola cuando vas bajando a 50 km/h por una pista llena de agua, aviso…

Llegada a Soto del Real y carril bici a Colmenar

Una vez llegados a la M-511 no lo dudamos: entramos a Soto por carretera hasta encontrar el carril bici que nos devolviese a Colmenar. Goyo y Javi se quedaron en Soto, pues tenían los coches allí. Los tres restantes apretamos un poco el ritmo para llegar a Colmenar Viejo lo más rápido posible.

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Goyo, Jose y JP en El Boalo

Trece kilómetros de carril bici nos devolvieron al punto de partida: la estación de Cercanías de Colmenar Viejo. Allí se quedó Rob estirando, mientras que JP y yo nos cambiamos de ropa para ir al encuentro de Goyo en El Boalo y clausurar la ruta de la manera que se merece: en el restaurante «El Refugio de Oria», que además celebraba la feria de la tapa de África. Impresionantes empanadillas, por cierto 😀

Como nota negativa de la ruta destacar los dos móviles empapados que se cobró la metereología: el de Javi (que recuperó al secarse) y el mío propio, que tuve que llevar al servicio técnico para sustituir el flash (se humedeció y se quedó encendido). Gajes del oficio, dicen.

Podéis encontrar esta ruta buscando por fecha en mi perfil de Strava.