Ruta MTB: Madrid – Aranjuez

Colegas en la Madrid - Aranjuez

Había que aprovechar los días tan buenos que estaba haciendo y retomar la bici con fuerza, ya que últimamente las salidas se estaban limitando al socorrido Monte de Boadilla. En eso que vino Jose Pablo con una propuesta un poco diferente a las habituales: hacer el recorrido Madrid – Aranjuez.

Madrid – Aranjuez

Salida de Madrid

Así que la decisión estaba tomada. Un sábado me acerqué hasta el barrio de Las Aguilas al encuentro de Jose Pablo, buscando el Anillo Verde de Madrid para llegar lo más rápido posible al río Manzanares y su Parque Lineal.

Bordeando el río primero y luego su canal pasamos bajo la M30, la M45 y la M50 para adentrarnos en el Parque Forestal de Valdemingómez, famoso por estar cerca del vertedero de la Comunidad de Madrid. Impresionaba ver la cantidad de gaviotas que había en la zona a pesar de no haber mar…

Los cortados de Rivas

Tras un pequeño descuido (no llevábamos la ruta guardada en el GPS, así que tiramos dirección Rivas al salir del Parque) retomamos la ruta original que bordeaba La Marañosa por una bonita zona de cortados y nos llevaba a la unión del río Manzanares con el río Jarama, que iba bastante cargado de agua gracias a las lluvias recientes. Poco antes, en los cortados, nos encontramos con Manu, un antiguo compañero de trabajo que nos reconoció al instante, a pesar de ir «vestidos de romanos».

San Martín de la Vega

Lo siguiente ya fue coser y cantar: un poco de pistas muy rodadoras hasta llegar a San Martín de la Vega, dónde paramos a desayunar tranquilamente. Después del desayuno fue cuando nos encontramos lo mejor: un rato bordeando el río hasta llegar a un patatal que tuvimos que atravesar con la bici a hombros. Literalmente. Gracias a esos agricultores que aprovechan hasta los caminos para sembrar…

Llegando a Aranjuez

Cruzamos al otro lado del Jarama por el puente de la M404, justo a la entrada de Titulcia, donde también cruzamos por encima del río Tajuña. Allí volvimos de nuevo a los caminos de tierra, esta vez para rodar un buen número de kilómetros a buena media por el cordel de la Senda Galiana hasta llegar a Aranjuez y contemplar sus bonitos jardines bañados por el río Tajo.

La vuelta la hicimos en tren, después de quedarnos a comer en una terraza al sol en la que no nos atendieron muy bien que se diga.

Resumiendo: ruta fácil, en la que podemos meter un buen número de kilómetros al Strava sin mucha dificultad. Y de la que saldrá un nuevo proyecto para más adelante: el Camino de Uclés.

La ruta, como de costumbre, está disponible en mi perfil de Strava.

Ruta MTB: Valsaín – Fuenfría – Collado del Rey

Álvaro con caballo. Ruta Valsaín - Fuenfría

Cuando todas las partes quieren, todo es más fácil. Eso es lo que ha sucedido este fin de semana: que por fin hemos podido reeditar la salida que dio origen a todo: Valsaín – Fuenfría.

Preparando la ruta

La semana empezó bien: hablando con Rober me contó que la recuperación de la clavícula por fín iba por el buen camino y que ya había hecho alguna salida que otra en bici por su cuenta. Hablamos de las ganas que teníamos de volver a rodar juntos y quedamos en organizar una «rentrée» más pronto que tarde. Lo mejor de todo es que Diego (nuestro compi de Valladolid) también había vuelto a coger la bici tras un tiempo de parón y que también tenía ganas de mambo. La ocasión la pintaban calva: era el momento de intentar de nuevo nuestra ruta talismán.

Goyo, Jose Pablo y Álvaro (un amigo de Diego) completaron el grupo, así que esta vez volvíamos a ser seis los que subiríamos hasta el alto de La Fuenfría. Para seguir manteniendo vivo el espíritu original, reservamos mesa en El Tio Pepe de Valsaín para ahogar nuestras penas en carnaca una vez finalizada la ruta.

Subida hasta La Fuenfría

Quedamos a las 10:00 en la plaza del pueblo, aunque salimos un poco más tarde porque a Rober se le olvidaron los ejes de las ruedas (un inconveniente que tienen los «nuevos» ejes pasantes que no tenían los cierres rápidos). A las 10:30 ya estábamos dando pedales.

No os voy a contar de nuevo la ruta hasta Fuenfría, pues el recorrido fue clavado al que hicimos la otra vez:  Cruz de la Gallega, Fuente de la Reina, Venta de la Fuenfría… En la parada que hicimos en la venta de la Fuenfría pudimos disfrutar de la compañía de varios caballos que estaban pastando a sus anchas en libertad, por cierto.

Álvaro con caballo. Ruta Valsaín - Fuenfría
Álvaro con caballo. Ruta Valsaín – Fuenfría

La diferencia con la otra vez es que en estos casi dos años hemos mejorado algo nuestra forma física (quién lo diría viéndome a mí, que estoy más gordo que nunca) y la subida se hizo mucho más llevadera, hasta el punto de que llegamos muy sobrados a lo más alto del puerto. Una vez en Fuenfría, y después de las fotos de rigor, decidimos ampliar un poco la ruta y explorar un camino por el que nunca habíamos rodado: el que lleva hasta el Collado del Rey.

Bonus: el Collado del Rey

El alto de La Fuenfría separa Castilla y León de la Comunidad de Madrid. Aquí cambiamos del ancho de vía segoviana al madrileño y recorrimos siete kilómetros más hasta el mencionado Collado del Rey. Estos primeros kilómetros adicionales los hicimos muy alegres, ya que era una bajada por pista ancha sin ninguna dificultad. Una vez en el collado pudimos disfrutar de las mejores vistas del valle de Cercedilla y hacernos unas cuantas fotos chorras, de esas que me gustan a mí 😀

Valsaín - Fuenfría - Collado del Rey
Valsaín – Fuenfría – Collado del Rey

Los siete kilómetros de vuelta hasta Fuenfría ya fueron otro cantar. Aunque ninguno iba con la lengua fuera, fueron las rampas que más esfuerzo requirieron si descartamos los primeros desniveles al salir de Valsaín. Nada del otro mundo, sobre todo porque ya estábamos visualizando los quince kilómetros de bajada que teníamos por delante, je je je. Una pena que Goyo no llegase en plenas facultades, ya que estaba recuperándose todavía de un esguince en el pie. Este era su territorio.

Bajada hasta Valsaín

La bajada desde Fuenfría me resultó más complicada que la vez anterior. Las piedras del camino estaban mucho más sueltas en esta ocasión, lo que hacía que tuviésemos que prestar más atención para controlar la bici. Eso sí, una vez que llegamos a la parte de asfalto la cosa cambió mucho. Ahí sí que empezamos a disfrutar como niños dejando que la gravedad hiciese su trabajo. Claro, con tanta materia prima para que la gravedad actuase pasó lo que tenía que pasar: 74,5 km/h alcanzamos alguno en la bajada según Strava (71 según mi Polar). Creo que mi segundo máximo histórico. Los frenos llegaron chirriando como nunca 😀

Llegamos a Valsaín una hora antes de lo previsto (estamos hechos unos toros), así que recogimos las bicis tan rápido como pudimos y nos dispusimos a dar buena cuenta de las empanadillas, los cortes argentinos y los postres del Tío Pepe de Valsaín que nos habíamos merecido. Como apunte comentar que esta vez no me pedí el clásico vacío y opté por compartir con Diego, buen comedor,  un Chuck Flap. El Chuck Flap (o Chuck Flat, como lo llaman en algunos sítios) es un corte muy usado en Estados Unidos. Está pegado a las costillas bajas del animal, tiene una ternura moderada, pero su grasa intramuscular y su cercanía al hueso le dan un sabor muy bueno. El nuestro estaba de vicio. Los postres, como siempre, de escándalo.

Esta ruta es, sin lugar a dudas, una de mis favoritas. las pistas por las que transcurre, atravesando pinares interminables, hacen muy ameno pedalear. Las pendientes son muy llevaderas y cuando te quieres dar cuenta has ascendido casi mil metros (nosotros nos quedamos en 900). Aunque echamos en falta a algunos (Román y Javi no pudieron venir), la buena temperatura y el reencuentro con Diego y Rober hicieron que el día saliese redondo.

A ver si no tienen que pasar dos años para la próxima.

As usual, todas las fotos del día están a vuestra disposición en su album de Facebook. El track está disponible en mi perfil de Strava.

Ruta MTB: Tres Cantos – Morcuera – Canencia

Puerto de Canencia

A la salida de 85 km del domingo pasado sumamos la de este fin de semana: una circular Tres Cantos – puerto de la Morcuera – puerto de Canencia.

Ruta MTB por la Sierra del Rincón

Pádena del Rincón

Va pasando el tiempo y se va acercando la tan temida 10000 del Soplao. Ya iba siendo hora de empezar a preparar alguna ruta larga para ir poniendo a prueba nuestras piernas, así que Jose Pablo no dudó a la hora de aceptar la invitación de unos amigos para hacer una ruta larga por una zona muy bonita: la Sierra del Rincón.

La ruta prevista salía de Valdepeñas de la Sierra, ya en Castilla la Mancha, y volver después de unos 93 kilómetros por los últimos pueblos de la Comunidad de Madrid: la conocida como «Sierra Pobre«. Pero si seguís leyendo veréis que el destino tenía otros planes para el sábado.

Preparando la ruta

La hora oficial de salida estaba establecida a las 08:00 desde Valdepeñas de la Sierra. Para ello era necesario salir un poco antes de las 07:00, así que a esa hora se presentó Jose Pablo a recogerme. GPS al canto y rumbo a Castilla la Mancha.

Allí teníamos previsto encontrarnos con Chema (viejo conocido de nuestra Madrid – Segovia), Michel (que saca siempre que puede sus ruedas a paseo) y Josete para luego salir al encuentro de Jorge, que nos esperaría a las 09:00 en El Atazar.

La cosa empezó a torcerse cuando Chema nos mandó un SMS diciendo que se caía de la convocatoria porque había pasado una noche toledana y apenas había dormido tres horas. Todavía estábamos saliendo de casa, pero se lo dije a JP: «esta ruta tiene una pinta rara«. Y es que tenía la sensación de que no la llevaba preparada, que la ruta me había pillado por sorpresa. La noche anterior me tocó hacer la mochila (sabéis que odio llevar mochila en bici) a la carrera: bocadillos para la ruta, agua, barritas, geles, baterías, cámaras (de vídeo y de ruedas 😀 ) y hasta el foco porque estaba previsto acabar la ruta de noche. Malas sensaciones…

La cosa se complicó cuando, pasado el pueblo de Patones, el Waze (la app GPS que uso) perdió conexión y no nos avisó en el desvío que teníamos que coger para llegar a Valdepeñas de la Sierra. Aparecimos en las cercanías del embalse de El Atazar. Cuando recuperamos cobertura y el cacharro calculó de nuevo la ruta tocó volver sobre nuestros pasos hasta el dichoso desvío. El resultado fue llegar al punto de partida con una hora de retraso sobre la hora prevista.

Salida de Valdepeñas de la Sierra

Allí nos estaban esperando Michel y Josete, que ya se habían tomado un par de cafés para hacer tiempo. Montamos las bicis a la carrera y nos pusimos en marcha para no perder más horas de luz y no hacer esperar mucho más a Jorge.

Salimos de Valdepeñas de la Sierra por una carretera que nos llevaría rápidamente hasta Alpedetre de la Sierra (aquí todo es de la Sierra). Un par de subiditas cómodas para ir entrando en calor y a los cuatro kilómetros ya nos encontrábamos en el reguero del Bustar, el punto más bajo de la ruta. A partir de ahí todo sería subida. Las pistas por las que rodábamos eran muy cómodas, con firme de tierra en muy buen estado y muy amplias. Las vistas eran inmejorables: cuando no rodábamos por bonitos pinares lo hacíamos con una panorámica de la presa de El Atazar.

Entrando a la Comunidad de Madrid

A los doce kilómetros de ruta, tras parar a hacer unas fotos en un bonito puente sobre el arroyo Robledillo, entramos a la Comunidad de Madrid.

Enseguida llegamos al pueblo de El Atazar, que da nombre al embalse más grande de la Comunidad de Madrid. Como nota curiosa os diré que este embalse fue una de las obras más importantes de la dictadura y que recoge en torno al 46% de las reservas de agua de la región. Su coste final quintuplicó el previsto inicialmente, pues el diseño de la presa supuso un auténtico alarde técnico para la época al ser de las primeras construidas en España con una bóveda de doble curvatura.

En el pueblo nos estaba esperando Jorge, un amigo de Michel. Mientras se cambiaba de ropa (iba demasiado abrigado, como nos pasó a JP y a mí) aprovechamos para tomar una barrita. A continuación nos esperaba el plato fuerte del día: un tramo facilón de seis kilómetros bordeando el río de la Puebla para ir a parar a una monumental subida de ¡dieciséis kilómetros y casi ochocientos metros de desnivel!

La subida a Peña Cuervo

La kilométrica subida podríamos dividirla en dos partes, siendo la primera de ellas la que transcurre desde los llanos de la Portezuela (km 22 de la ruta) hasta el llano de las zorreras, en el kilómetro 32 aproximadamente. En este tramo afrontamos un total de unos cuatrocientos metros de desnivel, que se hacen más o menos llevaderos porque el firme es bueno y las piernas todavía van frescas a pesar de los kilómetros que llevamos acumulados.

La segunda parte de la subida no sería tan «llevadera». Esta parte, de unos seis kilómetros de distancia, nos haría subir otros cuatrocientos metros de desnivel. Aquí tuvimos que defendernos como pudimos en un terreno bastante más suelto que el anterior, con numerosas piedras en la pista y unas zetas muy agresivas y de considerables pendientes en alguna parte. Yo me llevé un susto cuando el desviador delantero dejó de funcionar durante un rato, seguramente debido a una piedra u otro objeto que impedía el buen funcionamiento. Afortunadamente llegamos a una alberca y decidimos parar, por lo que yo pude revisar por encima el cambio y dejarlo funcionando tras un buen chorro de agua.

Reanudar la marcha tras esta parada fue una auténtica odisea. A mí me costo muchísimo subirme a la bici de nuevo y unos cuantos metros más adelante, llegando casi a la cima, tuve que echar pie a tierra porque ya no podía más. Josete ya llevaba un rato esperándonos arriba (vaya forma de subir) y JP subió como un campeón sin bajarse de la bici. Desde que se ha pasado al carbono francés está intratable 😀

Una vez arriba decidimos dar buena cuenta de nuestras viandas. Yo tiré del sandwich de pavo que me preparé a la carrera por la mañana, pero Jose Pablo fue fiel a su embutido casero as usual. Unas preciosas vistas hacia Prádena del Rincón desde lo más alto de la sierra fueron una bonita recompensa a tanto sufrimiento.

La avería

Poco antes de parar a comer noté un cierto ruido proveniente del núcleo, lo cual me hizo recordar los malos momentos de la última visita a las Zetas de la Pedriza. Los peores presagios se confirmaron cuando subimos de nuevo a las bicis tras el parón: el núcleo se había vuelto a romper. Supongo que el arreglo de los trinquetes que me hicieron aquella vez había dicho basta y uno de ellos se habría desprendido y bloqueaba los pedales, que no podían rodar libres en ningún momento sin hacer un ruido infernal y amenazar con una avería mucho más gorda.

Cuando unos kilómetros más tarde llegamos a la carretera M130 decidí abandonar. Hablando con los compañeros vimos conveniente hacerlo antes de sufrir una avería más gorda y aprovechar la carretera para acercarme hasta un pueblo cercano. Allí esperaría a que JP volviese a por mí al acabar la ruta, aunque eso podían ser unas cuantas horas de espera.

Ellos siguieron su camino y yo decidí llamar a mi hermana para que viniese al rescate. El punto de recogida sería Puebla de la Sierra, pues la carretera parecía más despejada en ese sentido que en el de Montejo de la Sierra.

Puebla de la Sierra
Puebla de la Sierra

Rumbo a Puebla de la Sierra

Este tramo por carretera tiene el honor de ser el más extraño que haya hecho hasta la fecha. En este recorrido de once kilómetros se agolparon muchas sensaciones enfrentadas: al principio sentía rabia por haber tenido que abandonar por una avería por primera vez en mi vida (y llevo unos cuantos kilómetros en las piernas ya), aunque pedalear en soledad por esos preciosos parajes enseguida hizo que me olvidase del ruido a carraca que llevaba y disfrutase de las vistas. Incluso en algún momento me sorprendí silbando, totalmente desconectado del día a día. Fue una sensación preciosa ver todos esos bosques con los colores del otoño en un precioso día de sol y bajando solitario por una carretera que serpenteaba cómodamente…

Al llegar a Puebla de la Sierra ya había recorrido casi cincuenta y tres kilómetros. Estaba cansado, pues la subida tan larga había hecho mella en mis piernas. Al fin y al cabo había completado el tramo más duro de la ruta planificada, por lo que la esencia del «entrenamiento para el Soplao» estaba conseguida.

Para hacer tiempo hasta que me «repatriasen» decidí tirar de bocadillo de lomo en la plaza del pueblo y disfrutar de las vistas. Buscando algo de información en Internet para matar el tiempo vi que antiguamente este lugar era conocido como Puebla de la Mujer Muerta hasta mediados del siglo XX, haciendo referencia a los cerros a cuyo pie se asienta la villa y cuya silueta recuerda la de una mujer tumbada.

Rescatado al fin

Mi hermana llegó dos horas después. Metimos la bici en el coche y emprendimos la vuelta por esos caminos tan malos hasta llegar a casa.

Jose Pablo llegó unas horas más tarde a casa para devolverme todo lo que me había dejado en su coche. Me contó la odisea que sufrieron ellos también: no pudo terminar la ruta prevista porque Jorge llegó a pinchar en tres ocasiones y se quedaron sin cámaras de repuesto, por lo que decidieron separarse de Miche y Josete para no alargar demasiado la jornada. Llegó a Valdepeñas de la Sierra cuando empezaba a caer la noche (menos mal que llevaba linterna), completando unos setenta y cinco kilómetros aproximadamente.

Michel y Josete sí que consiguieron acabar la ruta, hasta donde sabemos. Seguramente llegaron con bastante oscuridad a Valdepeñas, pero con el alama renovada y la satisfacción de haber disfrutado de una ruta preciosa.

Tendremos que reclutar de nuevo a Chema para completar la ruta, a pesar de estar gafada 😀

Ya sabéis que tenéis disponibles todas las fotos que hice en la ruta en su correspondiente álbum de Facebook. El track de la ruta está disponible en mi perfil de Strava.

Ruta MTB: Manzanares – embalse de la Maliciosa

Embalse de La Maliciosa

Bonita ruta circular en la sierra de Madrid. Desde Manzanares el Real hasta el embalse de la Maliciosa (Majada del Espino) por el valle de La Barranca.