Ruta MTB: Cercedilla – Fuenfría y Senda del Arcipreste

Senda del Arcipreste

Parece que poco a poco vamos animándonos a coger el coche de nuevo y hacer alguna (pequeña) escapada a la montaña madrileña. Félix, Pelayo, Jose Pablo y un servidor nos repartimos en dos coches para poner rumbo a Cercedilla y descubrir la famosa Senda del Arcipreste

Salida de Cercedilla

El parking de la estación de Cercanías de Cercedilla sirvió como base de operaciones. Una vez montados todos en las bicis nos dispusimos a afrontar una subida de seiscientos cincuenta metros en poco menos de quince kilómetros. El plato fuerte del día, sin entrantes ni nada. Directos a la acción.

Poco después de comenzar a pedalear nos unimos al Camino de los Campamentos, para seguir subiendo hasta llegar a la Carretera de las Dehesas y abandonarla más adelante, cerca del refugio de Peñalara, allá por el kilómetro seis y medio.

Nosotros seguimos a lo nuestro: la subida. Una parada en el mirador de los poetas nos hizo más llevadera la subida. En el kilómetro trece llegamos a uno de los puntos más bonitos de la ruta: el mirador de la Reina. Como ya nos lo sabemos de alguna que otra ruta anterior, pasamos de largo. El puerto de la Fuenfría nos esperaba cerca, a tan sólo mil metros de distancia.

Senda del Arcipreste
Senda del Arcipreste

El puerto de la Fuenfría

Aprovechamos para hacer una parada de «turismo»: estirar las piernas, tomar alguna que otra barrita y comentar lo graciosos que nos parecen esos grupos de excursionistas que llegan a lo alto y aprovechan para echarse un cigarro. El deporte ante todo, sí señor 😀

Unas cuantas fotos chorras después ya estábamos listos para empezar «la parte disfrutona» de la ruta, buscando la Senda del Arcipreste para volver a nuestro punto de partida.

La Senda del Arcipreste

Comenzamos la bajada por una pista amplia y con buen firme, para desviarnos poco después por una portezuela a la derecha. Este tramo de camino nos llevaría, ya por la Comunidad Autónoma de Castilla y León, por unas bonitas pistas forestales con preciosas vistas del Embalse del Tejo a la derecha.

Una bajada un poco técnica nos deja directamente en el Camino del Agua. Justo en ese momento empezó la parte más dura del recorrido, una pendiente bastante complicada por las piedras sueltas de gran tamaño que nos obligaron a echar el pie a tierra en más de una ocasión. La peña del Arcipreste de Hita quedaba a nuestra izquierda.

La Peña del Arcipreste de Hita

El punto más destacado de la Senda del Arcipreste: el monumento natural de interés nacional de La Peña del Arcipreste de Hita, declarado así en 1930 a petición de la Real Academia Española de la Lengua para conmemorar los seis siglos del «Libro del Buen Amor» del Arcipreste de Hita.

La peña del Arcipreste de Hita se encuentra cerca del Puerto del León. Aunque nosotros no nos desviamos del camino para verlos, la peña tiene grabados unos versos del Arcipreste, gracias a Menéndez Pidal, que tuvo la idea de rendir ese homenaje.

Hay que destacar que este paraje fue uno de los primeros espacios protegidos de nuestro país. El tercero, más concretamente. Otra nota curiosa es que, bajo la inmensa roca, hay un cofre que contiene (bueno… debería contener) el Libro de Buen Amor. Por lo visto es costumbre abrirlo al azar y leer en voz alta uno de sus párrafos.

Dejando atrás la Senda del Arcipreste

La vuelta hasta Cercedilla, aunque sencilla, resultó algo más accidentada de lo que me gustaría. Bajando por el Camino de los Lomitos, una pista ancha y con buen firme, me salí en una curva a unos 60 km/h. Afortunadamente tuve unos segundos muy valiosos (y muy «intensos») para ir preparando el «aterrizaje» justo en el Arroyo de la Peñota, encima de una zarza que evitó males mucho mayores.

La ruta, en mi perfil de Strava.

Ruta MTB: Boadilla – San Lorenzo del Escorial

Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Qué mejor manera de celebrar San Isidro (festivo en Madrid) que con una buena ruta en bicicleta. Teniendo en cuenta que sólo faltaban cinco días para la tan temida 10000 del Soplao, la ruta tenía que ser de cierta «enjundia» para que sirviese de entreno. La idea inicial era repetir la Madrid – Cercedilla, ya que aunaba kilómetros y cuestas en un trayecto conocido por nosotros, pero Ramón propuso a última hora una alternativa «molona»: Boadilla – El Escorial (vuelta incluida, of course). Unos noventa y tres kilómetros con unos mil trescientos metros de desnivel que llevábamos tiempo postponiendo. Tocaba ponerse en marcha.

Salida desde el palacio del Infante D. Luis en Boadilla

A las ocho de la mañana estaba Jose Pablo como un clavo en el portal de casa, listo como siempre para devorar kilómetros. Un poco más tarde llegué yo y, tras hacerle una rápida revisión a la bici, salimos al encuentro de Ramón un poco más adelante.

A las ocho y cuarto llegaron Ramón y el unos cuantos compañeros del grupo con el que solemos salir a rodar por Boadilla: David, Félix y Jaime. Estos tres últimos nos iban a acompañar los primeros kilómetros, pues ellos iban a hacer una ruta distinta a la nuestra.

La primera parte de la ruta se correspondía con una de nuestras clásicas: la bajada del monte Romanillos hacia Villafranca del Castillo. Justo al final de la bajada nos separamos los dos grupos. Jose Pablo, Ramón y yo tiraríamos hacia Río Chico, mientras que los tres restantes lo harían hacia la urbanización El Bosque, bordeando el Río Guadarrama. Ya habían caído los primeros diez kilómetros de ruta.

Los siguientes nueve kilómetros se corresponden con el punto más bajo del recorrido. Atravesamos la urbanización de Villafranca del Castillo y luego rodamos por el margen izquierdo del Río Guadarrama. Las lluvias de la semana pasada se dejaron notar: aunque el terreno estaba seco en su mayor parte, la vegetación estaba muy crecida e impedía rodar todo lo rápido que nos hubiese gustado.

Cuando llegamos al Puente del Retamar nos desviamos a la derecha, haciendo un giro para cruzar el río por el puente y situarnos al comienzo de la cuesta más importante del día: la subida al Paredón.

El Puente del Retamar

En varias ocasiones he pasado por aquí y nunca os he hablado de él. Creo que este majestuoso puente merece una líneas en BigJoe.

El Puente del Retamar se encuentra situado en el área recreativa Virgen del Retamar, justo entre los términos municipales de Las Rozas y Galapagar. Se desconoce el autor y el año exacto de su construcción, que tuvo lugar el algún momento del siglo XVIII.

Recibe el nombre de Puente del Retamar porque allí se encontraba la aldea de Santa María del Retamar, desaparecida alrededor del siglo XIV. Esta zona fue ganando importancia dada su situación a los pies del puerto de Galapagar, pues aquí confluían varios caminos porque era una buena zona para cruzar el río Guadarrama.

La construcción del monasterio de El Escorial contribuyó a la construcción del puente, pues hasta entonces se utilizaba el Camino de Valladolid (por Torrelodones, Collado Villaba y Guadarrama) para cruzar el río más cómodamente. La decisión de construir el puente se tomó durante el gobierno del Marqués de la Ensenada, en el contexto de las obras del Real Camino de Castilla y Galicia, vía que formaba parte de la estructura radial de calzadas que los Borbones idearon para vertebrar España.

Del Cerro del Paredón a Colmenarejo

Volviendo a nuestra ruta, una vez cruzamos el Guadarrama por el Puente del Retamar pasamos frente al antiguo restaurante Río Chico y, tras cruzar una barrera, comenzamos a subir la cuesta para coronar el Cerro del Paredón.

Cerro del Paredón
Cerro del Paredón

La subida tiene una pendiente considerable que, además, se va volviendo cada vez más técnica. Llegando al punto más alto, a unos veinte metros escasos de la cima, JP no consigue sacar los pies de las calas y nos da un pequeño susto en forma de caída. Creo que es la primera vez que veo a Jose Pablo caerse de la bici :-O Afortunadamente, todo queda en un susto y re-emprendemos la marcha sin problemas.

El siguiente pueblo que cruzamos es Colmenarejo, al que entramos pasando previamente por la urbanización Los Ranchos. Ya llevamos veinticinco kilómetros de ruta y la cosa se pone cada vez más interesante.

El embalse de Valmayor

Una vez que dejamos atrás Colmenarejo llegamos a las inmediaciones del pantano de Valmayor, el segundo de la provincia en cuanto a cantidad de agua almacenada después del embalse de El Atazar. Se encuentra en el término municipal de Valdemorillo, aunque también ocupa parte de los municipios de El Escorial, Colmenarejo y Galapagar.

Embalse de Valmayor
Embalse de Valmayor

Esta zona es la más bonita de la ruta. Aquí recorremos varios kilómetros junto al pantano por una trialera muy estrecha (la Cañada Real de las Merinas), que nos permite rodar muy rápido superando piedras y raíces de todos los tamaños. Daba gusto ver a Ramón moviendo la Vitamin R a su antojo 🙂

Cruzamos sobre el embalse por la conocida como Presa del Naútico (el restaurante de la orilla que le da nombre), ya en el término municipal de El Escorial. Aprovechamos para hacer unas cuantas fotos y estirar las piernas antes de reemprender la marcha por el camino de Navaquejigo.

Este camino nos depararía un par de sorpresas en forma de charcos «inevitables». Ya habíamos atravesado unos cuantos riachuelos, pero estos charcos eran bastante más profundos e hicieron que nos mojasemos algo más que los pies.

Llegando a El Escorial

En el kilómetro curenta y tres llegamos al pueblo de El Escorial. Parecía que habíamos llegado a nuestro destino, pero quedaba una última subidita hasta San Lorenzo de El Escorial. Una subida por el Paseo de la Estación, bordeando la Casita del Príncipe, de casi tres kilómetros y ciento cincuenta metros de ascenso.

Como recompensa tendríamos el Real Monasterio de San Lorenzo, una de las más singulares arquitecturas renacentistas de España y de Europa y considerado, desde finales del siglo XVI, la Octava Maravilla del Mundo, tanto por su tamaño y complejidad funcional como por su enorme valor simbólico.

Monasterio de San Lorenzo del Escorial
Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Ahí, a la sombra de un árbol en el lateral del monasterio hicimos la parada para el avituallamiento. Ramón tiró de frutos secos y galletas de chocolate, pero la palma se la llevó una vez más Jose Pablo con su ya típico salchichón.

De vuelta a Boadilla del Monte

La vuelta a casa transcurrió sin más incidentes que un par de paradas obligadas para limpiar y engrasar la transmisión de la bici. Tanto charco hizo que sonase la cadena como una cama vieja :-D. La subida de Romanillos puso el picante al tramo final, pero todos la subimos sorprendentemente bien para los kilómetros que llevábamos en las piernas a esas alturas.

Al llegar a Boadilla le dimos un manguerazo a nuestras monturas y quedaron como nuevas. JP y yo nos lo dimos en forma de hamburguesas del Burger, ja ja ja.

Una preciosa ruta que hicimos en el momento ideal, pues pudimos disfrutar del campo en todo su esplendor. Las lluvias de la semana pasada hicieron que todas las flores luciesen sus mejores galas y que los caminos no estuviesen polvorientos. Habrá que repetirla con toda la grupeta.

Antes de acabar la crónica de hoy quiero hacer una mención especial a Ramón, que se hizo los noventa y tres kilómetros de la ruta con su Vitamin R de Decathlon. Una bici sin suspensión delantera, con un peso más que considerable y a la que no le entra el plato pequeño si no se alinean los planetas. Si a eso le sumas unas zapatillas de padel y un pantalón sin badana la conclusión a la que llegas es que Ramón está hecho de otra pasta. Un capo en toda regla.

Como de costumbre, podéis ver el track de la ruta en mi perfil de Strava.

Ya disponible el track de la Madrid Segovia MTB

Perfil Madrid Segovia MTB 2015

La organización de la Madrid Segovia ya ha puesto a nuestra disposición el perfil altimétrico y el track de la Madrid Segovia MTB 2015. Aquí lo analizo.

Ruta MTB: Madrid – Cercedilla

Madrid - Cercedilla

Por fin he sacado algo de tiempo para el blog. Llevo una semana un poco complicada con varios asuntos de trabajo y mi tiempo libre ha sido más bien escaso, aunque siempre hay tiempo para alguna que otra salida con la bici.

Madrid – Cercedilla en Mountain Bike

Rumbo a Cercedilla
Rumbo a Cercedilla

En esta ocasión hablaré sobre la primera de las dos salidas que tengo en el tintero:  Madrid – Cercedilla.

Y es que ya llegó la hora de ponerse serios con la preparación de nuestro reto 2015. Hace un par de fines de semana nos enfrentamos a la primera piedra de toque para la Madrid – Segovia en MTB: una salida que cubre la primera parte de la carrera desde Madrid a Cercedilla.

Esta vez la grupeta la formamos siete ciclistas divididos en dos grupos. El primero de ellos salía desde Madrid a las 9:30 y estaba formado por Jose Pablo (siempre fiel a estas salidas), Juanma (no salíamos con él desde la Riaza B-Pro de 2014), Rob (que por segunda vez se animó a salir con nosotros), Jose (un amigo de Rob que esperamos volver a ver pronto con nosotros) y un servidor. El segundo grupo estaba formado por Goyo (con su bici recién tuneada en Biomecanica3D) y Javi (cada vez más enganchado a la MTB) y saldrían a nuestro encuentro en Mataelpino.

Juanma, Jose Pablo y yo salimos desde la estación de Pitis, para encontrarnos un poco más adelante con Rob y Jose y empezar el recorrido «oficial» de la carrera pasando por el túnel que hay bajo la M40 rumbo a Tres Cantos. Como Rob y Jose ya hicieron la Madrid – Segovia el año pasado nos sirvieron de gran ayuda durante el recorrido, pues nos iban señalando puntos a tener en cuenta durante la carrera.

Primera parte: Pitis – Tres Cantos

Una vez cruzada la autopista M40 por debajo ponemos rumbo a Tres Cantos por caminos que transcurren entre campos con una ligera pendiente ascendente. Lo que más me preocupó de estos caminos no fue la pendiente ni la cantidad de bancos de arena que tenían, sino la estrechez. En algún tramo del recorrido circulábamos entre vallas o muros de fincas y el túnel bajo la M40 no es muy amplio, por lo que el día de la prueba va a ser duro rodar con 3000 ciclistas más por este recorrido tan angosto :-S

Al llegar a la estación abandonada de Valdelatas empezamos a circular en paralelo a la vía del tren. En un puente cruzamos por encima de la vía y poco después empezamos a devorar las primeras cuestas serias: los toboganes de El Goloso. Rampones con una pendiente considerable que enlazan unos con otros de forma muy seguida y que si vas despistado pueden dejarte tocado pocos kilómetros después de la salida.

Al llegar a la altura de Tres Cantos empezamos a circular por el margen de la carretera de Colmenar, aprovechando parte del recorrido del carril bici hasta llegar a la altura del antiguo hotel Foxá. En este punto empieza uno de los pocos descensos largos de la ruta, así que tocaba disfrutar.

Segunda parte: Tres Cantos – Colmenar Viejo

El descenso hasta el barranco de Valdegoino fue bastante divertido. Fuimos bordeando el muro de El Pardo a buena velocidad, aprovechando para descansar un poco el culo poniéndonos de pie ( ya que todavía quedaba una kilometrada por delante).

Después de vadear un arroyo comenzó el ascenso, lento y tendido, hacia Colmenar Viejo. De momento las piernas nos iban respondiendo bien a los cinco, ya que el ritmo que llevábamos no era rápido. Además, Rob y Jose nos iban indicando las zonas más complicadas del recorrido y de vez en cuando nos parábamos a analizar las mejores trazadas con el día de la prueba en mente.

Entramos a Colmenar por el polígono industrial y al llegar a la estación de Renfe cambiamos de dirección para circular de nuevo en paralelo a las vías del tren. Aquí nos perdimos un poco y tomamos una opción para llegar a las vías un poco complicada. Veremos cómo solventa esta situación la organización de la prueba.

Tercera parte: Colmenar Viejo – Manzanares el Real

Madrid - Cercedilla
Manzanares el Real al fondo

Con Colmenar a nuestra espalda afrontamos varios kilómetros sencillos por la vía del tren. Eran tan sencillos que de hecho nos pasamos el desvío y tocó deshacer un poco lo andado 😀 . Este camino empezaba con una divertida zona de trialeras muy técnicas y en las que era fácil llevarte un buen susto. Esta zona de trialeras acabó al llegar a la altura del río Manzanares, punto en que llegó una de las subidas complicadas de la ruta.

La recompensa a dicha ascensión fueron unas bonitas vistas al pueblo de Manzanares el Real y uno de los descansos más prolongados para reponer fuerzas con frutos secos, chocolates y gominolas varias (y unas fotos a unos chinos que iban de turismo 😛 ). Aprovechamos también para enviar nuestra posición a Goyo y Javi, que a estas alturas ya deberían estar cerca de Mataelpino.

Después de esta parada técnica llegó la segunda bajada larga del día, pero esta vez iba a ser mucho más compleja que la anterior de Tres Cantos. Una zona muy técnica de piedras sacó lo mejor de nosotros mismos, pues el cansancio empezaba a acumularse y mantener la concentración era cada vez más complejo. Menos mal que conseguimos salir sin bajas y entramos sin mayores complicaciones en Manzanares tras cruzar el río Samburiel.

Cuarta parte: Manzanares – Mataelpino

El tramo entre Manzanares y Mataelpino fue uno de los más tranquilos del recorrido. Pedaleamos por carretera hasta llegar a la garita que controla el acceso a La Pedriza, momento en que nos encontramos con Goyo y Javi. Habían venido desde Mataelpino a nuestro encuentro para sumar algunos kilómetros más a su ruta.

El camino hasta Mataelpino es amplio y fácilmente ciclable. Tiene una ligera pendiente ascendente, pero se lleva bastante bien con desarrollos largos.

Poco antes de llegar a la M-617 nos apartamos a la derecha para encarar una cuesta de mucha pendiente antes de entrar al pueblo. A partir de este momento las inclinación de las pendientes aumenta considerablemente hasta Navacerrada.

A la salida de Mataelpino tuvimos que superar una pequeña zeta muy intensa. Para mí fue la primera prueba de fuego, pues a esas alturas ya llevábamos muchos kilómetros en las piernas y esta fue la primera cuesta que pidió algo más de mí para superarla.

Una pequeña parada para reagruparnos, comer algunos caramelos y vuelta al tajo: subir y subir 😀

Quinta parte: Mataelpino – Navacerrada

En contraste con la parte anterior, esta etapa fue para mí la más dura del recorrido.

Después de superar las cuestas a la salida de Mataelpino empezamos a rodar por un bonito paisaje, circulando en paralelo a la carretera M-617. Es necesario dar un rodeo para no atravesar una urbanización que se interpone en nuestro camino a la altura del Arroyo de Las Chorreras, pero al poco tiempo volvemos a situarnos en paralelo a la carretera.

El camino a estas alturas se había estrechado considerablemente. Rodábamos en fila de a uno entre la carretera de Colmenar Viejo y el Arroyo de la Angostura, un entorno idílico de no ser por el cambio radical que iba a suceder: del bonito singletrack pasamos a una subida muy técnica con una pendiente considerable.

Esta cuesta fue la que, a la postre, se cobró más víctimas. El primero en probar el suelo fue Jose, que en algún momento perdió tracción en su bici y no le dio tiempo a sacar el pie del pedal. El siguiente en caer fui yo, por ir revisando el sensor de cadencia en marcha (muy tonto, sí). Entre medias estuvo «el incidente«: a Rob se le salió la cadena y se quedó enganchada entre los piñones y ese protector de plástico del demonio que nadie quita nunca. Casi 45 minutos después pudimos reiniciar la marcha, después de cortar el protector con una «herramienta» que Jose siempre lleva consigo 😛

La entrada a Navacerrada la hicimos por el Camino de La Barranca. Una buena subida por carretera poco transitada que nos dejó las piernas con lo justo para el postre: el último repecho hasta lo más alto del puerto de Navacerrada.

Sexta parte: Navacerrada – Cercedilla

Una portezuela metálica a la izquierda del Camino de La Barranca marca el comienzo del último gran repecho de la ruta. Ahí comienza una subida larga con buenos porcentajes el algunos tramos, aunque con un firme en bastantes buenas condiciones. Lo largo de la subida, unido a la fuerte pendiente y la (casi) deshidratación que tenía a estas alturas de ruta exigieron mucho de mí para no echar pie a tierra.

En lo más alto del puerto hacemos la última parada para reagruparnos y luego empezamos el descenso.

Lo único a tener en cuenta en la bajada es la portezuela que hay que atravesar para cruzar la Carretera de Navacerrada. A partir de ese punto ya continuamos por carretera hasta Cercedilla sin ningún inconveniente.

Una vez en Cercedilla quedaba lo más importante: dar buena cuenta de unas cuantas raciones, platos combinados, bocadillos y jarras de cerveza como si no hubiese un mañana 😀

Para volver a nuestro punto de partida lo hicimos en Renfe. Todos menos Goyo y Javi, que volvieron hasta Mataelpino con la furgo de la novia de Goyo. ¡Eso es trampa, chicos!

La segunda parte de la ruta Madrid – Segovia queda en standby. Esperemos que las buenas sensaciones que nos dejó esta primera se repitan en la segunda y, lo más importante, en la Madrid – Segovia. Esperemos…

Podéis encontrar esta ruta buscando por fecha en mi perfil de Strava.

Ruta MTB: Valsaín – Fuenfría

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Preciosa ruta por tierras segovianas la que tuvimos ocasión de hacer seis «aspirantes a ciclistas»: Román, Jose Pablo, Goyo, Diego, Alberto y un servidor.

La idea surgió un día en la oficina cuando Diego y yo acordamos hacer una salida por algún sitio a medio camino entre Valladolid y Madrid. Segovia era el punto intermedio, así que buscamos rutas por la zona y la que más nos convenció fue la de Valsaín – Puerto de la Fuenfría, volviendo por el Carril del Gallo para darle algo de emoción con un poco de trail y que los más endureros no se aburriesen (con Goyo en mente 😛 )

Aunque al final la cosa no salió como estaba previsto, lo pasamos muy bien en una experiencia digna de ser repetida.

Valsaín

El punto de partida de nuestra ruta. Valsaín es un pequeño pueblo situado en la provincia de Segovia, que pertenece al municipio vecino del Real Sitio de San Ildefonso.

Su inigualable ubicación en un valle repleto de pinares hizo que prosperase en su día gracias a la industria maderera. Así, en la década de los 60 hubo un aumento significativo de su población, cuando se planificó ubicar allí el Real Taller de Aserrío para atender las necesidades de Patrimonio (la proximidad de La Granja seguro que tuvo algo que ver).

Actualmente tiene una población de unos 200 habitantes.

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Román con Valsaín al fondo

Nos reunimos en la plaza del pueblo y a eso de las 10:30, cuando todos estábamos listos, comenzamos a dar pedales hacia el que en ese momento era nuestro primer destino: el puerto de La Fuenfría.

Dejamos atrás las ruinas del Palacio de Valsaín por la carretera que sube hacia el cementerio, sufriendo desde el principio considerables pendientes de hasta el 15%. Enseguida llegamos a la Cruz de la Gallega, en la que se pueden observar restos de una antigua posición militar de la Guerra Civil.

Seguimos el recorrido y poco después de una bifurcación de caminos, en la que paramos para reagruparnos,  nos encontramos con una antigua calzada romana cruzando nuestro camino. Esta calzada ahora forma parte del Camino de Santiago y también llega hasta la cima de La Fuenfría, aunque nosotros seguimos la ruta por la pista forestal.

Continuamos nuestra línea ascendente y más adelante pararemos a refrescarnos en uno de los paisajes más bonitos de toda la ruta: la Pradera de la Venta de la Fuenfría, con las ruinas de la Venta y unas vistas de la Sierra de Guadarrama dignas de mención. Llevamos unos diez kilómetros y medio y cuatrocientos cincuenta metros de ascensión, así que nadie pone pegas a perder un poco de tiempo en sacar algunas fotos y comer algo de la tableta de chocolate de Jose Pablo, una fija en todas las rutas. Para los amantes de la historia, aquí dejo un enlace que explica el origen de la Venta de la Fuenfría: Castellarnau.

Muy poco más adelante está la Fuente de la Reina, famosa por tener las mejores aguas de toda la Sierra del Guadarrama.  En la encrucijada de caminos que tenemos ante nosotros decidimos tirar por el camino del medio, que finalmente es el que asciende hasta la Fuenfría. Este camino es conocido como «Carretera de la República» o «Carretera Puricelli«.

Es uno de los caminos históricos de la Fuenfría, junto con las calzadas romana y borbónica y los caminos Viejo de Segovia y Schmid. Recibe su nombre por ser un proyecto de la II República inconcluso a causa de la Guerra Civil. Puricelli Española era la empresa constructora encargada de llevar las obras de la carretera que uniría Cercedilla y Valsaín, de ahí el sobrenombre de esta pista.

En el kilómetro doce llegamos hasta las ruinas de la Casa Eraso, también conocida como convento de Casarás. La Casa Eraso era una antigua venta real (en la que se alojaban los reyes cuando pasaban por la Fuenfría), aunque en este enlace podréis leer mucho mejor su historia: DeValsain.

Desde aquí, la pendiente es mucho menos empinada y hasta llegar a la cima podemos disfrutar de unas maravillosas vistas a la Bola del Mundo y a las pistas de esquí.

La Fuenfría

En el kilómetro 14,5 llegamos al alto de la Fuenfría, frontera natural entre la Comunidad de Madrid y la provincia de Segovia, Castilla y León.

Estamos a unos 1800 metros de altura, lo que significa que hemos subido unos 600 desde que salimos de Valsaín.

Desde la época romana hasta que se abrió el camino del puerto de Navacerrada (1788), este era el paso natural de la Sierra de Guadarrama. También lo era para la Corte Real en su camino hacia el Palacio de Valsaín y hacia el Palacio del Real Sitio de San Ildefonso (La Granja).

El paso fue creado por los antiguos romanos para comunicar ambas vertientes de la sierra, para lo cual construyeron la calzada romana que va desde Las Dehesas de Cercedilla, en el Valle de La Fuenfría (al sur), hasta este puerto y Segovia.

Nuestra idea original era volver a bajar siguiendo el recorrido denominado «Carril del Gallo«, un sendero primo hermano del «Camino Schmid» que baja sin contemplaciones hasta los valles de Valsaín. El nombre parece ser que ha derivado del celta original: Kaillu significa piedra y la castellanización ha derivado en Gallo, haciendo referencia a las abundantes piedras que se encuentran en el camino.

Empezamos a descender por el Camino Schmid, pero a los 200 metros hubo que echar pie a tierra porque la ruta estaba impracticable. De hecho, Alberto y un servidor terminamos en el suelo a causa del hielo. Unos senderistas nos confirmaron que todo el camino estaba en ese estado, por lo que decidimos volver sobre nuestros pasos hasta Valsaín. Total, la parte más dura de la ruta ya estaba superada… 🙂

La vuelta fue bastante rápida. En las bajadas llegamos a alcanzar velocidades superiores a los 60 km/h. El único incidente: la rotura del soporte de la GoPro a causa de las vibraciones. ¡Menos mal que la vi caer!. Ahora toca pasar por Amazon a pillar otro.

El Tio Pepe de Valsaín

Y para el final de la ruta nada mejor que la manduca. Sin lugar a dudas, el descubrimiento de la temporada: el Mesón del Tio Pepe.

No es un restaurante «al uso». Con esto quiero decir que no es el típico restaurante que esperas encontrarte en la zona, con su cordero lechal y sus asados típicos. Es un restaurante argentino con unos cincuenta tipos de empanadas argentinas.

Nosotros nos dejamos asesorar por Pablo, su dueño, que nos sirvió varias empanadillas de entrante y unos vacíos con patatas que estaban para morirse. Aunque lo que de verdad hizo saltar la banca fueron los postres: gigantescos y muy buenos. Nosotros abusamos del «alfajor especial«, que son láminas de bizcocho intercaladas con capas de dulce de leche y cubierto con chocolate y nata para parar un tren. Gracias a esto conseguimos volver a casa sin perder ni un gramo en la ruta 😀

Lo de estar comiendo esos manjares al solecito en una terraza con vistas a las montañas nevadas es increíble, sobre todo un 10 de enero. Sin lugar a dudas repetiremos (ruta y restaurante, claro).

Podéis encontrar esta ruta buscando por fecha en mi perfil de Strava.