Sol a Sol MTB 2020: circular Boadilla del Monte – El Escorial

Reto improvisado para despedir este difícil 2020: el primer «Sol a Sol MTB«, ideado por mi amigo Agustín hace un par de semanas y al que Jose Pablo y yo no hemos dudado en «dar cobertura».

El reto, como su propio nombre indica, consiste en pedalear desde que sale el sol por la mañana hasta que se pone por la tarde. Como el solsticio de invierno es el día 21 de Diciembre (lunes), el día festivo más próximo era este domingo. La elección, pues, estaba hecha. Los datos decían que el sol salía en Boadilla del Monte a las 8:32 y se ponía a las 17:52. No quedaba sino batirse.

Preparando la ruta Sol a Sol MTB

El viernes por la tarde tocó afinar la ruta para el domingo. La idea original era tirar hacia El Escorial y, a ser posible, rodar en torno a los cien kilómetros si las condiciones lo permitían, sin olvidar que el reto era pedalear desde el amanecer hasta el ocaso.

Para hacer la ruta circular y no repetir nuestra clásica de El Escorial, que iba y volvía por el mismo sitio, decidimos tirar de Strava y Komoot y hacer la ida por la zona de Valdemorillo. Sabíamos que no iba a estar en condiciones óptimas, porque el sábado daban mucha lluvia, pero como el reto consistía en estar pedaleando hasta la puesta de sol, no nos importaba mucho.

Así pues, todo quedó listo: el domingo saldríamos a las 8:30 desde el palacio del Infante Don Luis en Boadilla del Monte hacia el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Ruta monumental.

Saliendo de Boadilla del Monte

A las 8:15 apareció Jose Pablo con su puntualidad suiza. En quince minutos estábamos frente al palacio, porque Agustín ya nos estaba esperando. Tras las fotos de rigor inaugurando el reto Sol a Sol MTB, iniciamos la aventura. Próxima parada prevista: Villanueva de la Cañada para tomar un café antes de las cuestas de Valdemorillo.

Pusimos rumbo a Majadahonda por el monte, para bordear el campo de golf Las Rejas hacia las urbanizaciones del noroeste de Boadilla y bajar hacia el río Guadarrama bordeando la M-503. Aquí fue donde llegó la primera sorpresa del día: la pista que bajaba hacia el río estaba totalmente embarrada entre los kilómetros 12 y 14 de la ruta.

Tuvimos que parar a retirar el barro del paso de las ruedas. En mi caso, además, a poner la cadena un par de veces porque los pegotes hacían que se saliese del monoplato. Todo esto hizo que la cera de la cadena desapareciese casi por completo. Iba a ser duro empezar una ruta tan larga con la transmisión tan tocada…

El trayecto restante hasta Villanueva de la Cañada fue coser y cantar. La estación espacial fue un mero trámite, y cruzar el río Aulencia nos sirvió para aligerar un poco el barro de las bicis. Aunque en el tramo paralelo al río nos tocó desmontar un par de veces por los charcos, nada que ver con el barrizal que nos habíamos encontrado.

Sol a Sol MTB 2020: circular Boadilla del Monte – El Escorial

Saltándonos la parada de Villanueva de la Cañada

Llegamos tan frescos a Villanueva de la Cañada que decidimos aplazar nuestra parada para el café y acometer las primeras cuestas duras de la jornada del tirón, dejando el café para Valdemorillo. Rodeamos el pueblo y retomamos las pistas de tierra junto al cementerio. Llegaba la diversión.

Íbamos por el kilómetro 23 de la ruta, a una altura de unos 640 metros. Poco antes del kilómetro 26 encontraríamos el coco del día: la famosa subida del aeródromo de Valdemorillo, con un primer tramo de unos 400 durísimos metros en los que tuvimos que echar pie a tierra porque el barro no permitía traccionar a las bicis. Las vistas, eso sí, bien merecieron el esfuerzo.

Café con porras en Valdemorillo

Cuando terminamos la cuesta ya estábamos entrando en Valdemorillo. Habíamos subido doscientos metros en poco más de tres kilómetros, por lo que nos habíamos ganado el café. Paramos en el primer sitio que encontramos: un quiosco de madera que hay justo frente al cementerio, pero resultó ser un error.

Fue un error porque el dueño es un maleducado. En la anterior ruta que hicimos pasando por Valdemorillo con los Boariders no nos quiso atender, diciendo que el sitio estaba cerrado. No caímos en la cuenta esta vez, pero no tardamos en darnos cuenta de que éramos personan non gratas cuando nos dijo de muy malas formas que no le apoyásemos las bicis en la pared y que las dejásemos en los coches que había aparcados. Increíble.

Ante tal alarde de amabilidad decidimos cambiar de sitio y jurar que nunca más volveríamos a parar en el quiosco de ese energúmeno en futuras visitas a Valdemorillo. Tuvimos suerte y el cambio fue un acierto: en la churrería Churrová, frente a la plaza de toros, nos pusieron unas porras espectaculares.

Con el buche lleno tocaba afrontar la segunda parte de la ruta. Próxima parada prevista: silla de Felipe II, Zarzalejo mediante.

Rumbo a Zarzalejo

Dejamos el pueblo por la carretera de Aldea del Fresno, que abandonamos rápidamente para coger la vereda del camino de Robledo de Chavela a mano izquierda, que nos tendría que conducir hasta la estación de Zarzalejo unos kilómetros después.

Estos poco más de 10 kilómetros hasta Zarzalejo fueron de un gran belleza. Rodamos por senderos que a ratos se tornaron bastante técnicos. El agua bajaba por el recorrido, haciendo que las grandes piedras de la ruta estuviesen bastante resbaladizas y nos tuviésemos que aplicar bastante si no queríamos acabar en el suelo. Incluso hubo que atravesar un arroyo bastante cargado de agua.

En el kilómetro 42 llegamos a la estación de tren de Zarzalejo. No habíamos dejado de subir desde que nos tomamos las porras en Valdemorillo (estábamos a 968 metros ya) y a mi la subida ya se me estaba empezando a hacer bola. Pensé incluso en meterme uno de los geles que compré a pachas con Agustín para aguantar la subida a la silla, pero decidí levantar un poco el pie y llegar con un ritmo un poco más lento.

Tomamos el GR10 hacia la silla de Felipe II. Yo iba flaqueando un poco, pero lo que me estaba comiendo la moral era el ruido infernal que iba haciendo la bici. La transmisión iba muy reseca a causa del barro, lo que hacía que cada pedalada fuese un rechinar implacable. Por más que Agustín y Jose Pablo me dijesen que hiciese caso omiso, el ruido me iba minando.

Poco antes del kilómetro 46 alcanzamos nuestro punto más alto de la ruta: 1061 metros. La silla de Felipe II estaba a tiro de piedra, tras una pequeña bajada.

La silla de Felipe II

Se ubica en la falda septentrional de la Machota Alta (1466 m de altitud), que, junto con la Machota Baja (1410 m), conforma el monte-isla de Las Machotas.

Se trata de un conjunto de plataformas y asientos esculpidos en unas rocas de granito orientadas hacia el Monasterio de El Escorial. La tradición dice que desde aquí Felipe II vigilaba las obras del Monasterio de El Escorial, que se extendieron desde 1563 hasta 1584.

No hicimos fotos desde la propia silla porque estaba lleno de gente y la situación actual con la pandemia no ayuda mucho, así que nos conformamos con un par de tomas desde el mirador antes de volver a las monturas. Una pequeña bajada y la subida del bosque de La Herrería nos separaban del monasterio.

Monasterio de San Lorenzo

Sol a Sol MTB 2020: El Escorial
Sol a Sol MTB 2020: El Escorial

Poco os puedo contar del monasterio que no esté escrito por ahí. El palacio fue residencia de la familia real española, la basílica es lugar de sepultura de los reyes de España y el monasterio en sí está ocupado actualmente por frailes de la Orden de San Agustín. Es una de las más singulares arquitecturas renacentistas de España y de Europa.

A nosotros esta vez nos hacía de punto intermedio de la ruta. Estábamos en el kilómetro 49 y ahora tocaba la misión de encontrar sitio para comer. Misión complicada, dando la afluencia de turistas y el hecho de que queríamos comer en terraza por aquello del maldito virus.

Decidimos abandonar San Lorenzo y bajar hacia El Escorial para ver si encontrábamos menos gente. No tuvimos que bajar mucho, pues enseguida encontramos un restaurante italiano con muy buena pinta: 081 Napoli. Nos acoplaron rápidamente en la terraza y poco tiempo estábamos disfrutando de una pizzas muy bien preparadas, seguidas de unos postres caseros que nos levantaron los ánimos.

Vuelta a casa

Antes de comenzar la vuelta a casa quisimos dar un lavado a las bicicletas, que iban sonando como carracas. La mía llevaba un piñón que no engranaba, debido a la suciedad acumulada en la cadena por tanto barro. Fuimos bajando hacia el hospital de El Escorial a la espera de encontrar una gasolinera, pero llegó el momento de reincorporarse a las pistas de tierra y no la habíamos encontrado, así que tuvimos que tirar del aceite que llevaba Jose Pablo. Mano de santo: las bicis volvieron a su ser.

A partir de ahora entrábamos en una zona que nos es muy conocida, pues todas nuestras clásicas al Escorial han pasado por aquí. Unas preciosas praderas, en las que hay que echar pie a tierra para abrir varias portezuelas que evitan que el ganado se escape, hacen que los kilómetros empiecen a caer rápidamente.

El embalse de Valmayor

Enseguida llegamos la zona del pantano de Valmayor, que es muy divertida por los senderos tan rápidos y un poco técnicos que sacan el buen humor de cualquiera. Sin darnos cuenta nos habíamos plantado en el kilómetro 61 de la ruta, ayudados por la pendiente negativa que llevábamos desde el monasterio.

Sol a Sol MTB 2020: Valmayor
Sol a Sol MTB 2020: Valmayor

Paramos en la presa a hacer la foto de rigor, cambiar la batería de la cámara y preparar la subida hacia Colmenarejo, que si bien no es gran cosa, siempre «toca las narices» a estas alturas de ruta.

La subida se hizo sorprendentemente fácil. No hubo mucho sufrimiento, así que afrontamos el segundo repecho hasta el pueblo y lo abandonamos rápidamente poniendo dirección a la urbanización Los Ranchos.

¿Las Cuestas o El Paredón?

Una vez en Los Ranchos decidimos enfilar el descenso por la urbanización Las Cuestas, en lugar de hacerlo por la cuesta de El Paredón por miedo a encontrarnos mucho barro. Ya íbamos servidos, ja ja ja.

Estábamos en la parte más rápida de la ruta. Los fuertes descensos hasta Villanueva del Pardillo ayudaron a subir mucho la media. De hecho, nos vimos tan bien de tiempo que empezamos a pensar cómo podíamos alargar la ruta y librarnos de la subida de Romanillos, que siempre aparece como el monstruo de la pantalla final de los videojuegos.

Decidimos ir hasta Villafranca del Castillo por el área recreativa de la ermita, lo cual no se si fue una buena elección porque nos llevamos otra buena ración de barro por la cara.

En la urbanización de Villafranca decidimos hacer el último alto en el camino para tomar un aquarius que nos diese fuerza para afrontar Romanillos, pero el camino nos guardaba una sorpresa final

Rumbo a Romanillos

La sorpresa fue que, tras abandonar Villafranca y cruzar el río Guadarrama por la carretera, encaramos el acceso a Romanillos y nos dimos de bruces con una cadena que cortaba el paso.

Ciertamente, y según dictó un juez, Romanillos es una finca privada que pertenece a la Casa de Alba y no tienen obligación de permitir el acceso a su finca. Son ya muchos años de litigios con el Ayuntamiento de Boadilla del Monte, así que la situación hace tiempo que cansa a todos.

Nosotros decidimos meternos campo a través durante unos cuantos metros para retomar la senda que nos llevó hasta el río por la mañana, bordeando la carretera. Esto haría que la subida fuse más tendida, pero también añadiría unos kilómetros adicionales a la ruta.

Llegando a Boadilla del Monte+

Cinco kilómetros después ya estábamos entrando en el dulce asfalto de las urbanizaciones de Boadilla. Quedaba poco menos de media hora para las 17:52, hora hasta la que teníamos que pedalear para cumplir el reto Sol a Sol MTB. Las cosas salían a pedir de boca, pues ya llevábamos 88 kilómetros y podía ser que los 100 se pusiesen a tiro.

La bajada por el monte no tuvo misterio ninguno, salvo que la hicimos a un ritmo muy alegre. Sin duda que la proximidad del palacio marcando el fin del reto nos espoleaba. De camino al palacio cayeron los 100 kilómetros, un broche de oro a una aventura magnífica.

Sol a Sol MTB 2020: Palacio del infante Don Luis
Sol a Sol MTB 2020: Palacio del infante Don Luis

La llegada al punto de partida fue emocionante. Llegamos a eso de las seis de la tarde, ocho minutos sobre la puesta de sol. Ruta preciosa, exigente y bonita a partes iguales. Y lo mejor de todo, la habíamos completado sin incidencias.

Habíamos estado pedaleando, la Sol a Sol MTB 2020 ya era historia.

Como siempre, las fotos y los detalles de la ruta los tenéis en mis perfiles de Strava y Komoot.

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