Parece que por fin he conseguido establecer la rutina de ir al gimnasio entre semana. Puedo aprovechar la flexibilidad horaria que me da la empresa para entrar un poco antes a la oficina y alargar la hora de la comida. De esta forma puedo sacar por lo menos una hora para ir al gimnasio y hacer algo de deporte. Ahora sólo falta ponerse con algunas rutinas a la hora de comer y corregir algunos errores que cometo a la hora de comer en el trabajo.

Los errores más comunes a la hora de comer en el trabajo

Conseguir llevar una dieta sana en la oficina es complicado. Por lo menos en mi caso. Reuniones, llamadas a todas horas, incidencias por sorpresa… Aquí os dejo algunos consejos que hay que empezar a aplicar para cambiar las cosas. Yo ya estoy empezando:

Desayunar siempre.

Una de las cosas que hago mal (a sabiendas) es saltarme el desayuno. Normalmente me levanto a las seis menos diez, me preparo un café doble y me lo voy tomando en el coche de camino a la oficina. Fatal.

Desayunar es esencial para evitar sentir hambre por la mañana y llegar a la hora de la comida con apetito suficiente para comerte una vaca. Además, está demostrado que si tenemos hambre es más fácil optar por alimentos ricos en calorías (lo que viene a ser ir a la máquina de vending y comerte una palmera de chocolate en mi caso).

Si vamos cortos de tiempo siempre se puede optar por algo rápido, como un bol de avena con fruta.

Preparar la comida con antelación.

Este es mi principal error. Nunca me preparo la comida. Ojalá me gustara cocinar tanto como me gusta comer, aunque con la mitad también me valdría.

Si preparas la comida con antelación te aseguras comer comida sana y ahorrarás tiempo, pues no tendrás que salir corriendo al restaurante y esperar las colas que suele haber en las zonas de oficina al mediodía. Además, las comidas preparadas en casa suelen ser más equilibradas y con menos calorías.

Con un par de días de cocina sería suficiente. Domingo y miércoles, por ejemplo. Las ensaladas son unas buenas aliadas para comer en el trabajo.

Unos buenos recipientes herméticos (“tupper”) como los que vende Amazon Basics son indispensables.

No comer en el sitio.

Esto era una de las cosas que no entendía hasta que entré a trabajar en mi proyecto actual. ¿Cómo podía la gente comer en su mesa de trabajo, delante del ordenador, con lo incómodo que es…?. Pues en el último año me he sorprendido unas cuantas veces haciendo lo mismo.

La pausa de la hora de la comida es muy positiva, ya que sirve para desconectar y afrontar mejor lo que queda de jornada. Si, en el peor de los casos, no queda más remedio que comer en el trabajo (léase delante del ordenador), intenta por lo menos darte una vuelta de media horita para desconectar.

Evita los bajones comiendo un poco menos.

No falla: después de comer entra una modorra que nos deja planchados el resto de la tarde. Esto es porque hemos comido demasiado. O porque lo que hemos comido no es lo más adecuado: los carbohidratos y las comidas altas en grasa provocan una subida de azúcar en sangre que suele venir acompañada de un bajón después.

Este es otro de los errores que suelo cometer. Lo bueno es que el estómago se acostumbra rápidamente y deja de pedirte comer hasta la saciedad un día tras otro.

Bebe agua.

Madre mía, es que hago todo mal. Lo de no beber es uno de los malos hábitos que arrastro desde niño. Un pequeño truco para no dejarlo es poner una botella de agua (o infusiones frías, que también molan) en la mesa y tenerla siempre a mano.

Picar entre horas, pero sano.

Si nos entra el hambre a media tarde solemos tirar por el camino más fácil: la socorrida máquina de vending de nuevo. Lo más fácil para librarse de la tentación de los dulces es, como en el ejemplo anterior, tener a mano algo sano para picar. Una opción buena podría ser una ración de frutos secos, pero jo al tamaño de las raciones. Sin abusar. La fruta también puede ser una buena aliada.