Todo lo bueno se acaba. Esta suele ser una de las sentencias más escuchas cuando volvemos de nuestras bien merecidas vacaciones. Y es cierto que las vacaciones tienen mucho de bueno, pero también lo es que tienen su «lado oscuro«. Y ese lado oscuro no es otro que todo el tiempo que tienes para pensar y evaluar las cosas con la perspectiva que sólo el tiempo puede darte. Ah, y eso de que «las bicicletas son para el verano» es mentira, que lo sepáis…

Y es que precisamente lo único que he hecho durante el último mes ha sido recapacitar y evaluar cómo ha ido la cosa desde el inicio del año hasta ahora. Desde que me planteé el reto del 2017. Nada de bici. Y tengo que decir que lo que veo no me gusta. No me gusta porque creo que los resultados no han estado a la altura de años anteriores. no me gusta porque veo que mi forma física se ha ido al garete por una temporada excesivamente floja (y mi amor por la comida). No me gusta porque creo que la dinámica que llevo desde hace un año no es la mejor. Toca cambiar.

Lo único constante es el cambio

El Camino de Santiago

Hace ya un casi un par de meses que conseguimos el reto 2017 haciendo buena parte del Camino de Santiago francés en bicicleta. Desde entonces apenas he salido una vez con la bici. Necesitaba desconectar. Y que me pase eso a mí no es buena señal, sino un indicativo de que algo está pasando.

Valorando con más calma el Camino de Santiago que hemos hecho me queda una sensación agridulce. Es cierto que lo pasamos todos muy bien en lo que para nosotros era una aventura maravillosa.  Creo que la experiencia ha sido muy positiva en términos generales, pero ahora me doy cuenta de que nos dejamos «mucho Camino» en la cuneta.

Empezando por la forma en que lo abordamos: un grupo separado en dos («rápidos» y «lentos», por decirlo de alguna manera). Unas etapas sin paradas planificadas de antemano, en la que muchas veces primaba llegar lo antes posible al destino, olvidando lo que es la esencia del cicloturismo: el camino es la recompensa.

Disfruté el Camino como un enano, pero ahora tengo más claro que nunca que me gustaría repetirlo de nuevo y corregir muchos de esos errores que cometimos. Quién sabe si el año que viene…

Las bicicletas son para el verano

Otra cosa que ha ido cambiando sin darme cuenta ha sido la propia temporada ciclista. Sin darme cuenta (o sin querer asumirlo, mejor dicho), he ido sustituyendo las salidas que hacía hace un par de años con la grupeta de compañeros de mi trabajo anterior por unas mucho más sencillas y cómodas.

Y es que eso de echar la bicicleta al coche para ir a preparar Los Diez Mil del Soplao a la Pedriza fue pasando lentamente a mejor vida. Las salidas con desniveles grandes empezaron a estar cada vez más espaciadas en el tiempo y su sitio fue ocupado por rutas cerca de casa con desayuno incluido. Y de aquellos polvos vienen estos lodos…

El trabajo

Como sabéis, hace unos quince meses cambié de trabajo. Ahora formo parte de una multinacional europea con sede en Francia, en un proyecto para un cliente líder en el sector aeroespacial. He «debutado» en el mundo de la gestión, coordinando un equipo de ocho técnicos que trabajan dando soporte a las aplicaciones informáticas (unas 150) más importantes de nuestro cliente. Aunque suena muy rimbombante, tampoco es para tanto 😀

Adaptarme a mi nuevo trabajo me está costando mucho, como habréis notado en el blog. El ritmo de publicaciones ha decaído, ya que ahora no dispongo de tanto tiempo libre como antes. Y las visitas se han resentido mucho, algo que era de esperar.

También tuve que dejar un proyecto de comercio electrónico en el que me embarqué con un antiguo compañero de trabajo: La Cosmética Ecológica. Un año después me he visto obligado a dejarle sólo por los mismos motivos que os acabo de contar: mi trabajo «oficial», el que al fin y al cabo hace que llegue a fin de mes, reclamaba más dedicación. Una pena, pues estaba experimentando con muchos plugins de WordPress y me estaba sirviendo para aprender mucho. Si podéis, visitad la web. Los productos que vende son ecológicos y de muy alta calidad a muy buen precio.

Muy mala forma física

A mi vuelta de vacaciones hace un par de semanas pesaba la friolera de 128 kilos, igualando mi máximo histórico y mandando al guano la Operación Reconquista que tanto me costó hace tres años. Pero esto no es achacable sólo al cambio de rutinas con la bici y el trabajo. Aquí también entra mi nula planificación de horarios para ir al gimnasio, y eso que me levanto a las 5:45 de la mañana para llegar pronto a la oficina y sacar tiempo para el gimnasio al mediodía. Al final siempre tengo mucho que hacer y acabo procrastinando…

Soluciones

Bueno, ya está bien de llorar. Aunque me ha costado darme cuenta de la situación, creo que los problemas ya están localizados y ahora toca actuar. Ya he empezado a buscar soluciones, que espero empezar a aplicar pronto para enderezar el rumbo.

  1. Quiero recuperar las salidas en bici que hacía antes. Para eso ya he estado planificando con mi inseparable compañero Jose Pablo la vuelta a la montaña. Me gustaría volver a meter la bici al coche y volver a la sierra de Madrid por lo menos dos o tres veces al mes.
  2. He comprado un rodillo. Un Elite Qubo Digital Smart B+, del que os hablaré en BigJoe cuando lo estrene. La Cube va a sudar de lo lindo…
  3. Bajar un poco el ritmo en el trabajo. Las últimas incorporaciones al grupo han sido un acierto y me van a ayudar mucho a lidiar con la actitud tóxica de algún miembro del equipo que me complica la existencia. El número de guardias se va a reducir drásticamente, lo que también ayudará a mantener las rutinas con la bici.
  4. Volver al gimnasio. Porque lo tengo pagado todo el año (ya me vale).
  5. Empezar a llevarme la comida de casa en lugar de salir todos los días a desayunar y comer (y a veces cenar) fuera. Aquí jugará un papel importante este libro del que os hablé en su día: Esto no es una dieta.
  6. El libro En forma a los 40, que me estoy leyendo estos días y del que estoy sacando muchas ideas. Ya os hablaré aquí de él cuando lo termine.