Cuando todas las partes quieren, todo es más fácil. Eso es lo que ha sucedido este fin de semana: que por fin hemos podido reeditar la salida que dio origen a todo: Valsaín – Fuenfría.

Preparando la ruta

La semana empezó bien: hablando con Rober me contó que la recuperación de la clavícula por fín iba por el buen camino y que ya había hecho alguna salida que otra en bici por su cuenta. Hablamos de las ganas que teníamos de volver a rodar juntos y quedamos en organizar una «rentrée» más pronto que tarde. Lo mejor de todo es que Diego (nuestro compi de Valladolid) también había vuelto a coger la bici tras un tiempo de parón y que también tenía ganas de mambo. La ocasión la pintaban calva: era el momento de intentar de nuevo nuestra ruta talismán.

Goyo, Jose Pablo y Álvaro (un amigo de Diego) completaron el grupo, así que esta vez volvíamos a ser seis los que subiríamos hasta el alto de La Fuenfría. Para seguir manteniendo vivo el espíritu original, reservamos mesa en El Tio Pepe de Valsaín para ahogar nuestras penas en carnaca una vez finalizada la ruta.

Subida hasta La Fuenfría

Quedamos a las 10:00 en la plaza del pueblo, aunque salimos un poco más tarde porque a Rober se le olvidaron los ejes de las ruedas (un inconveniente que tienen los «nuevos» ejes pasantes que no tenían los cierres rápidos). A las 10:30 ya estábamos dando pedales.

No os voy a contar de nuevo la ruta hasta Fuenfría, pues el recorrido fue clavado al que hicimos la otra vez:  Cruz de la Gallega, Fuente de la Reina, Venta de la Fuenfría… En la parada que hicimos en la venta de la Fuenfría pudimos disfrutar de la compañía de varios caballos que estaban pastando a sus anchas en libertad, por cierto.

Álvaro con caballo. Ruta Valsaín - Fuenfría

Álvaro con caballo. Ruta Valsaín – Fuenfría

La diferencia con la otra vez es que en estos casi dos años hemos mejorado algo nuestra forma física (quién lo diría viéndome a mí, que estoy más gordo que nunca) y la subida se hizo mucho más llevadera, hasta el punto de que llegamos muy sobrados a lo más alto del puerto. Una vez en Fuenfría, y después de las fotos de rigor, decidimos ampliar un poco la ruta y explorar un camino por el que nunca habíamos rodado: el que lleva hasta el Collado del Rey.

Bonus: el Collado del Rey

El alto de La Fuenfría separa Castilla y León de la Comunidad de Madrid. Aquí cambiamos del ancho de vía segoviana al madrileño y recorrimos siete kilómetros más hasta el mencionado Collado del Rey. Estos primeros kilómetros adicionales los hicimos muy alegres, ya que era una bajada por pista ancha sin ninguna dificultad. Una vez en el collado pudimos disfrutar de las mejores vistas del valle de Cercedilla y hacernos unas cuantas fotos chorras, de esas que me gustan a mí 😀

Valsaín - Fuenfría - Collado del Rey

Valsaín – Fuenfría – Collado del Rey

Los siete kilómetros de vuelta hasta Fuenfría ya fueron otro cantar. Aunque ninguno iba con la lengua fuera, fueron las rampas que más esfuerzo requirieron si descartamos los primeros desniveles al salir de Valsaín. Nada del otro mundo, sobre todo porque ya estábamos visualizando los quince kilómetros de bajada que teníamos por delante, je je je. Una pena que Goyo no llegase en plenas facultades, ya que estaba recuperándose todavía de un esguince en el pie. Este era su territorio.

Bajada hasta Valsaín

La bajada desde Fuenfría me resultó más complicada que la vez anterior. Las piedras del camino estaban mucho más sueltas en esta ocasión, lo que hacía que tuviésemos que prestar más atención para controlar la bici. Eso sí, una vez que llegamos a la parte de asfalto la cosa cambió mucho. Ahí sí que empezamos a disfrutar como niños dejando que la gravedad hiciese su trabajo. Claro, con tanta materia prima para que la gravedad actuase pasó lo que tenía que pasar: 74,5 km/h alcanzamos alguno en la bajada según Strava (71 según mi Polar). Creo que mi segundo máximo histórico. Los frenos llegaron chirriando como nunca 😀

Llegamos a Valsaín una hora antes de lo previsto (estamos hechos unos toros), así que recogimos las bicis tan rápido como pudimos y nos dispusimos a dar buena cuenta de las empanadillas, los cortes argentinos y los postres del Tío Pepe de Valsaín que nos habíamos merecido. Como apunte comentar que esta vez no me pedí el clásico vacío y opté por compartir con Diego, buen comedor,  un Chuck Flap. El Chuck Flap (o Chuck Flat, como lo llaman en algunos sítios) es un corte muy usado en Estados Unidos. Está pegado a las costillas bajas del animal, tiene una ternura moderada, pero su grasa intramuscular y su cercanía al hueso le dan un sabor muy bueno. El nuestro estaba de vicio. Los postres, como siempre, de escándalo.

Esta ruta es, sin lugar a dudas, una de mis favoritas. las pistas por las que transcurre, atravesando pinares interminables, hacen muy ameno pedalear. Las pendientes son muy llevaderas y cuando te quieres dar cuenta has ascendido casi mil metros (nosotros nos quedamos en 900). Aunque echamos en falta a algunos (Román y Javi no pudieron venir), la buena temperatura y el reencuentro con Diego y Rober hicieron que el día saliese redondo.

A ver si no tienen que pasar dos años para la próxima.

As usual, todas las fotos del día están a vuestra disposición en su album de Facebook. El track está disponible en mi perfil de Strava.