Un 22 de diciembre, ya en vísperas de fiestas y con la lotería en ciernes, había ganas de algo alguna cosa, pero sin complicarse demasiado la vida. La cita fue en San Agustín de Guadalix al final del pueblo, justo en el cementerio, ya que de aquí salia la ruta que pensábamos realizar: el cañón del Guadalix.

Saliendo de San Agustín del Guadalix

Poco a poco empieza a aparecer un nutrido grupo. Al final fuimos 15, de los cuales a algunos conocía bastante, a otros menos y al resto de nada.
Tras los saludos de rigor, en los que como siempre, acabas olvidando todos lo nombres, empezamos a rodar con una tenue neblina.

Salimos por una buena pista,bordeamos el Cerro de la Mina y llegamos en descenso al canal alto del Atazar y su pista de servicio que tomamos en dirección norte. El recorrido se convierte en un cómodo sube y baja, el tributo que deben seguir las pistas de servicio cuyos trazados no están hechos para dar comodidad a los viajeros si no para no alejarse de aquella obra a la que deben dar servicio. Estos kilómetros hacen que las piernas entre en calor a pesar de lo frío y húmedo del día.

Pedrezuela

A lo largo del camino encontramos varias construcciones propiedad del canal cuyo uso nos parece un misterio. Bordeamos una gran urbanización y llegamos a la presa del embalse de Pedrezuela que está muy bien de nivel de agua, lo que siempre es una alegría. Tras la parada obligatoria para mirar a ambos lados de la presa continuamos y en unos pocos kilómetros llegamos a Pedrezuela donde se impone una parada y fonda.

Comemos unos bocadillos bajo el soniquete de los niños de la lotería. Ya han salido los dos primeros premios y mientras comemos acaba por salir el tercer premio. Después un café y para celebrar que a nadie le ha tocado nada enfilamos el camino hacia el cañón del Guadalix que empieza por una recta suavemente descendente que no ayuda nada a quitarse el frío que nos ha entrado después de salir del acogedor bar donde comimos. En el tercer cruce giramos a la derecha giramos y empezamos el descenso hacia el Azud de Mesto, en el río Guadalix.

El cañón del Guadalix

La bajada empieza a picar para abajo y poco a poco se nos va quitando el frío. Una construcción nos indica que llegamos al canal. A la derecha a unos trescientos metro está el Azud del Mesto al que nos acercamos andando.
Una vez visto el Azud empezamos a rodar por el canal en sentido contrario al azud. Un camino ancho aunque requiere cierta atención pues el lado que de al río está desprotegido y en algunos tramos hay una caída en vertical de una decena de metros. Todo el camino es ciclable excepto una un pequeño tramo en la parte media del recorrido.

El ensanchamiento del camino nos indica que llegamos al final del cañón y nos encontramos una pista que tomamos hacia la derecha y empezamos a descender. Tras pasar una curva en U hacia le izquierda nos encontramos un desvío a la derecha. Ese desvío nos lleva hacia la cascada del Hervidero y hacia allí nos dirigimos. Antes de cruzar el río dejamos la bicicletas y bajamos por una escalera de piedra has la cascada.

Volvemos sobre nuestros pasos hasta la pista y seguimos por ella. Tras cruzar el río y cuando empezamos a subir tomamos una pista a la izquierda que nos acerca al río y la seguimos hasta encontrar un puente que nos vuelve a dejar en la orilla izquierda y tras unos metros llegamos al polígono industrial.

Ya sólo nos queda subir por la carretera hasta el pueblo y llegar al final de nuestro recorrido