No tengo perdón. Haber tardado tanto en escribir sobre el polvorín de Retamares viviendo al lado es un pecado. Hoy os hablaré de algo que tengo en el tintero desde hace un año.

Una de nuestras rutas de “fondo de armario” es llegar desde Boadilla del Monte hasta la Casa de Campo de Madrid. La repetimos mucho, ya que no es necesario salir a carreteras y, según las rutas que escojas dentro de la Casa de Campo, puedes salir con algunos metros de desnivel acumulado.

Solemos llegar hasta allí por unos terrenos propiedad del Ministerio de Defensa, que conectan el polígonos industriales Prado del Espino (Boadilla) y Ventorro del Cano (Alcorcón) con la zona de Campamento (Madrid). Lo que nosotros llamamos coloquialmente “los militares” son en realidad los terrenos de maniobras del cuartel de Retamares.

En esta ocasión iba con David y con Julio, y después de nuestra vuelta de rigor decidimos retornar desde la Casa de Campo por un camino algo menos habitual. Volveríamos por la urbanización La Finca, cruzando bajo la autopista M40 para entrar a Boadilla atravesando Montegancedo (Pozuelo).

Ahí, nada más girar a la izquierda en la urbanización La Cabaña, entramos en el antiguo polvorín.

El polvorín de Retamares

Madrid fue una ciudad pionera a finales del siglo XIX y principios del XX a la hora de satisfacer las necesidades del ejército. Los cuarteles urbanos cada vez resultaban más obsoletos en cuanto a espacio e instalaciones, así que el Ministerio de la Guerra empezó a construir cuarteles en la periferia de Madrid con un doble objetivo: modernizar (y ampliar) las instalaciones y crear un cinturón de seguridad para defender la ciudad en caso de ataque.

Las particulares características del terreno hicieron que el  nuevo campamento de Retamares se convirtiese en el principal centro del ejército español para prácticas militares. Entre las instalaciones de este campamento destacaba el polvorín, que durante décadas, constituyó una de las mayores reservas de munición de la zona centro.

El primer polvorín se construyó en 1912 en Montegancedo, en el centro del campamento, evitando así el riesgo para la población civil. Estos polvorines consistían en una serie de grandes hondonadas artificiales que albergaban los depósitos, para que las paredes de tierra minimizaran los efectos de la onda expansiva que provocaría una explosión accidental. Obviamente, contaban con una protección especial con su propio cuerpo de guardia y un perímetro fortificado con atrincheramientos, alambrada de espino, puestos de vigilancia…

Vista aérea del polvorín de Retamares

Vista aérea del polvorín de Retamares

El polvorín de Retamares en la Guerra Civil

En un capítulo muy próximo en el tiempo al que describí en el blog cuando os hablé del Cerro de Garabitas, en noviembre de 1936 toda la zona de Retamares se convirtió en un campo de batalla cuando las tropas de Franco intentaron tomar la capital. El día 4 de noviembre Alcorcón, Leganés y Getafe ya habían sido ocupadas, así que Retamares y Campamento se convirtieron en la primera línea. Cayeron tan sólo dos días después, cuando la columna de Antonio Castejón avanzó desde Villaviciosa de Odón para atacar Ventorro del Cano, el Cuartel de Ingenieros y el polvorín de Retamares.

Retamares en la actualidad

Aunque el cuartel de Retamares sigue existiendo en la actualidad, en 2005 el Ministerio de Defensa sacó a subasta parte de los terrenos de este complejo militar. Concretamente, los terrenos del polvorín de Retamares pasaron al Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, lo que permitió la apertura al público de estos terrenos hasta entonces reservados a usos militares.

Fuente: Javier M. Calvo – Frente de Batalla