Viernes, ocho y media de la tarde. Andaba apalancado delante del ordenador, pegándome con la página web, hasta que en un receso pego un toque a Jose Pablo para ver si se anima a hacer algo el sábado. A poco que le toques las palmas, JP es de los que se anima: acordamos una salida “limpia” porque lleva toda la semana lloviendo. Tiraríamos hacia la Vía Verde del Tajuña, tan socorrida para sumar kilómetros fáciles y rápidos. Lo que no sabíamos es que por fin íbamos a conocer el famoso tren de Arganda que os he nombrado en varias ocasiones.

La Laguna del Campillo

La salida “oficial” de la Vía Verde del Tajuña es en Arganda del Rey, pero nosotros decidimos arrancar desde Rivas para poder recorrer parte del Camino Uclés, del que ya os he hablado en ocasiones anteriores. Así, aparcamos el coche en la estación de metro de Rivas Vaciamadrid y salimos a rodar, no sin antes podar un árbol al aparcar con las bicis en el techo :-S .

Al poco tiempo de empezar encontramos las primeras señales del Camino Uclés, que nos debía llevar hasta la Vía Verde del Tajuña. De hecho, ambos caminos se solapan un buen trecho, así que no debería ser complicado llegar hasta el comienzo de la Vía Verde.

Enseguida nos adentramos en el Parque del Sureste, bordeando el río Jarama. Allí pudimos disfrutar de una espectacular vista de la Laguna del Campillo, que a esas horas de la mañana estaba adornada con bruma mágica. El origen de esta singular laguna se debe a las antiguas graveras (explotaciones de gravas) que se situaban en los márgenes del río. Como se excavó por debajo del nivel freático, al abandonarse las graveras ha surgido esta preciosa laguna, que tiene en torno a los 4 kilómetros de diámetro.

El entorno era precioso, pudiendo disfrutar de los famosos “cortados de Rivas” a mano izquierda y del río a mano derecha. Un poco más adelante nos cruzamos con una vía de tren, cuyo recorrido debíamos seguir para cruzar el río por el mismo puente por el que pasaban las vías. Este fue un tramo ligeramente peligroso, pues el paso no contaba con barandilla y el puente llegaba a alcanzar una altura considerable sobre el nivel del Jarama.

El tren de Arganda

El tren de Arganda

Perdidos en La Poveda

Enseguida llegamos a La Poveda, un barrio en la zona norte de Arganda del Rey, donde vimos que había una antigua estación de tren con algunas locomotoras antiguas. Pensamos que se trataba de un museo, como así resultó ser: el museo del famoso tren de Arganda. Sorprendidos, decidimos dejar la investigación para el recorrido de vuelta.

Fue en este punto donde, seguramente despistados por el hallazgo, nos despistamos y perdimos las indicaciones del Camino Uclés, que veníamos siguiendo para ir hasta el inicio de la Vía Verde. Nos tocó atravesar un interminable polígono industrial hasta llegar a un camino que nos llevaría directamente hasta Arganda del Rey, justo hasta la rotonda en la que da comienzo la Vía Verde del Tajuña. Mira que he hecho veces esta Vía Verde, pero nunca la he comenzado en Arganda. Por fin iba a conocer el tramo que me faltaba hasta llegar a Morata de Tajuña, habitual punto de partida de mis rutas.

Llevábamos once kilómetros y se nos presentaba por delante una subida constante de siete kilómetros hasta la cementera. Una subida bastante cómoda, ya que la Vía Verde está asfaltada y su desnivel es tendido y no muy elevado.

Enseguida dejamos atrás el Hospital del Sureste, referencia que utiliza la gente como inicio de la Vía Verde. Un poco más adelante cruzamos bajo la A3 para abandonar terrenos de Arganda y adentrarnos en Morata de Tajuña, en una zona conocida como “El Alto”.

La cementera de Morata de Tajuña

Es precisamente en El Alto donde se sitúa la planta cementera que desde 1972 el grupo Portland Valderribas tiene en Morata de Tajuña. Como curiosidad, decir que se trata de la mayor productora de España y una de las principales de Europa. Tiene una extensión de 60 hectáreas y se levanta junto a tres hornos rotatorios, que queman el mineral a 1800 grados de temperatura para obtener el clinker, material utilizado para hacer el cemento.

Nosotros seguimos a lo nuestro, rodando relajados. Un poco más adelante comenzamos a encontrar carteles indicando la ubicación de restos de antiguas trincheras de la Guerra Civil. Aquí se libró la Batalla del Jarama, una de las más cruentas. A los 21 kilómetros echamos pie a tierra para ver los restos de un antiguo fortín, aunque su estado de conservación no era muy bueno…

Ya habíamos empezado la bajada hasta Morata, así que sólo teníamos que dejarnos caer. A los tres kilómetros echamos pie a tierra de nuevo para contemplar los restos de unos hornos de cal situados al lado de la vía. El uso del cemento, con mayores prestaciones, supuso el olvido de la cal y el abandono de su proceso de fabricación tradicional, lo que justifica el estado ruinoso de estos hornos.

Particularmente, me llamó la atención lo bien indicadas y documentadas que estaban todas estas “paradas” junto a la vía, cuando en otros municipios no encuentras nunca documentación o indicaciones a parajes singulares. Esto habla muy bien del Ayuntamiento de Morata y el interés por explotar sus recursos turísticos.

Después de disfrutar de esa parada “cultural”, nos dejamos caer hasta Morata para tomar unos cafés el el bar de siempre. Decidimos volver a Rivas, pues aunque los kilómetros habían pasado sin darnos cuenta, el tiempo se nos echaba encima. Y es que todo pasa muy rápido cuando estás disfrutando.

El recorrido de vuelta fue tan llevadero como el de ida, con la casualidad de que nos encontramos a Vicente, un compañero que hizo con nosotros el Canal de Castilla, rodando junto a su mujer por la Vía Verde. Después de unos selfies, seguimos cada uno por nuestro lado (Vicente rodaba en dirección opuesta) hasta llegar a Arganda. Por cierto, de nuevo nos perdimos en Arganda al seguir la señalización del Camino de Santiago (mismo recorrido que el Camino Uclés, pero distinto sentido) y nos tocó atravesar todo el centro del pueblo hasta que llegamos a La Poveda.

El tren de Arganda

Al llegar a la estación-museo nos llamó la atención la gran cantidad de coches que había. El motivo era que el tren estaba en funcionamiento: gente subida a los vagones, la locomotora de vapor encendida… Era algo digno de ver. Todo esto ha sido gracias a la asociación llamada “Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid“, que pusieron todo este proyecto en marcha al rescatar una locomotora de vapor de la chatarra en el asturiano pueblo de La Felguera. El pueblo de Arganda les puso todas las facilidades para aprovechar un tramo del trazado ferroviario del ferrocarril del Tajuña, también conocido como el tren de Arganda, sin uso desde el año 1997. Así, en 2001, se puso en marcha esta preciosa iniciativa. Os recomiendo visitar la página web de la CIFVM si queréis ampliar la información sobre el tren.

Nosotros seguimos a lo nuestro, siguiendo el Camino de Santiago para que nos llevase de nuevo a la Laguna del Campillo. Atravesamos de nuevo el puente verde sobre el Jarama, andando, con mucho cuidado. Poco después de haber subido a las bicis de nuevo, escuchamos un intenso silbido proveniente de los cortados. ¡El tren de Arganda aparecía por el horizonte!. No nos lo podíamos creer. Salimos a todo gas hacia el puente, para coger un buen sitio para grabar el paso del tren. Por poco, pero llegamos. Ahí estaba el tren de Arganda, moviéndose majestuosamente, haciendo honor al dicho y pitando más que andando.

Después de este bonito momento, sólo nos quedaba volver a Rivas para dar por concluida esta bonita ruta.

Como de costumbre, podéis ver las fotos en el álbum de Facebook.

 

Ruta valle Lozoya