Por fin salió adelante la tantas veces aplazada ruta a Abantos. Tuvo que ser con algunas bajas de última hora, que fueron cubiertas por escuderos de lujo. Aquí va la historia.

Salida desde Collado Villalba

La ruta original iba a comenzar en Colmenarejo, aunque se modificó el punto de salida a Collado Villalba porque Javi decidió apuntarse y conocía una ruta rápida para llegar hasta Abantos.

Tras una semana de gestiones, la grupeta formada por Javi, Jose Pablo y un servidor iba a asistir al debut de Manu, que llevaba rondando una salida con nosotros unos cuantos meses. Finalmente, por motivos varios, Manu y Javi causaron baja de última hora. Afortunadamente, Edu y Pelayo (dos colegas del grupo de Boadilla) se animaron a echar las bicis al coche y venirse con nosotros.

La salida fue algo accidentada, pues en nuestro punto de reunión habitual en Boadilla del Monte se estaba organizando un DuCross y nos vimos obligados a desplazarnos a otro sitio. Una vez que conseguimos salir de Boadilla, el siguiente reto fue encontrar una gasolinera para que Edu repostase y conseguir llegar hasta la Renfe de Villalba.

Empezamos a dar pedales con algo de retraso, pero con muchas ganas. Como nos faltaba el guía (Javi), nos vimos obligados a preguntar unas cuantas veces hasta encontrar un antiguo camino histórico que pone rumbo al camping de El Escorial.

El palacio de Monesterio

Aquí, nada más salir de Collado Villalba, encontramos a mano derecha las ruinas del Palacio de Monesterio. Se trata de una construcción ubicada en unos terrenos despoblados desde 1594, fecha en la que el rey Felipe II ordenó convertir en terrenos de caza, comprando los terrenos a los pobladores. Posteriormente, Felipe III mandó construir una casa de oficios que es el actual palacio abandonado. Se edificó entre los años 1611 y 1613 por Juan Gómez de Mora (el aquitecto real), pero con la desamortización de Madoz estas fincas pasan a manos privadas.

Tras contemplar brevemente su lamentable estado de conservación, seguimos pedaleando hasta la M-600. Aquí nos planteamos si seguir por el arcén de la carretera (bastante transitada) o intentar avanzar por un cortafuegos que transcurría en paralelo. Elegimos la segunda opción, saltando una valla, pero unos metros más adelante tuvimos que recular. Otra valla nos cortaba el paso, así que decidimos echarnos a la carretera para llegar hasta San Lorenzo de El Escorial.

Circulando por la carretera nos encontramos unos metros más adelante con otro edificio singular, que Jose Pablo me mandó investigar: el Centro de Proceso de Datos de la Policía Nacional. Este edificio fue inaugurado en 1982, reformando un antiguo seminario para albergar todos los datos policiales. En el año 2000 fue reformado para adecuarlo a los nuevos servidores.

Siguiendo por la carretera, un poco más adelante llegamos al restaurante El Tomillar, punto en el que debemos desviarnos a la derecha para coger la pista que nos llevará hasta lo alto de El Malagón, puerto situado al lado del pico de Abantos. Nosotros nos confundimos y tuvimos que hacer ensayo / error hasta dar con la ruta. Importante no meterse por el desvío del hospital 🙂

Subiendo al puerto de Malagón

A una altura aproximada de mil metros empezamos la parte dura de la prueba, subiendo desde el restaurante hasta lo más alto por una carretera comarcal.

El nombre completo de este puerto es puerto de San Juan de Malagón. Sobra decir que está situado en la zona suroeste de la Sierra de Guadarrama. Mucha gente lo confunde con el monte Abantos, que es justo el pico de al lado, porque el paso de montaña se ubica en la ladera sur de Abantos y ahí está el punto de partida de un camino que lleva a la cima. El Malagón tiene una altitud de 1.590 metros y separa las provincias de Madrid y Avila.

Lo cierto es que, a pesar de la pendiente del 8% en algunos tramos, la subida no se hace especialmente complicada. La anécdota del día sucedió cuando nos adelantó una chica corriendo y durante buena parte del recorrido no conseguimos darle caza :-D.

El Monte Abantos

En el kilómetro veintiocho coronamos el Malagón, gracias en buena parte a las indicaciones de Pelayo. Aquí terminaba la ruta que estábamos usando como referencia en wikiloc, pero Pelayo sabía que había algo más… Para coronar Abantos había que sufrir un par de kilómetros y medio más por una pista sin asfaltar, así que nos armamos de valor y tiramos de riñones. La pista era bastante complicada, con unas fuertes pendientes con mucha piedra suelta, pero no era imposible. Una vez arriba pudimos disfrutar de unas vistas únicas de todo el valle. La subida hasta la cruz mereció la pena. Nos encontrábamos a una altitud de 1753 metros.

Abantos es una montaña de un contorno suave y una de las que mejor se ven y diferencian de la Sierra de Guadarrama. Casi toda la totalidad de sus laderas están cubiertas por pinares. Como nota curiosa, decir que el nombre lo recibe por la cantidad de abantos (alimoches, también llamados buitres egipcios) que hay en esta parte de la Sierra. Es el segundo puerto más alto más duro que se puede coronar en bicicleta en toda la Comunidad de Madrid, sólo por detrás de La Bola del Mundo (también en nuestro CV, je je je). El pico más alto es Peñalara, pero ahí no se puede subir en bicicleta.

El bosque de Xana

Después de las fotos de rigor, la vuelta hasta Collado Villalba transcurrió sin nada que remarcar. Se nos hizo algo largo el tramo desde el camping de El Escorial hasta nuestro coche, parece que con el esfuerzo de la subida se nos habían olvidado los kilómetros de «llaneo» hasta el punto de partida.

Como nos perdimos alguna que otra vez, se nos echó el tiempo encima y la hora de retorno se acercó a las tres de la tarde. Edu y Pelayo decidieron volver a casa, pero Jose Pablo y yo nos quedamos a comer en Villalba. Decidimos arriesgar y probar suerte, así que nos metimos en una sidrería que nos convenció al ver el menú en la puerta. Menudo descubrimiento.

El local se llama «el bosque de Xana«. Si pasáis por la zona os recomiendo que le deis una oportunidad. Por 16€ me comí una pedazo de Fabada de primero, unos escalopines al cabrales de segundo y el típico arroz con leche quemado que estaba de escándalo. Yo, sin lugar a dudas, volveré a dejarme ver por allí.

Resumiendo: a pesar de las incidencias al comienzo de la ruta podríamos decir que ha sido todo un éxito. Un buen puerto al currículo, junto a una buena compañía y terminando de la mejor manera posible.

Como siempre, las fotos de esta aventura están en su correspondiente album de Facebook. La ruta está disponible en mi perfil de Strava.