Qué mejor manera de celebrar San Isidro (festivo en Madrid) que con una buena ruta en bicicleta. Teniendo en cuenta que sólo faltaban cinco días para la tan temida 10000 del Soplao, la ruta tenía que ser de cierta “enjundia” para que sirviese de entreno. La idea inicial era repetir la Madrid – Cercedilla, ya que aunaba kilómetros y cuestas en un trayecto conocido por nosotros, pero Ramón propuso a última hora una alternativa “molona”: Boadilla – El Escorial (vuelta incluida, of course). Unos noventa y tres kilómetros con unos mil trescientos metros de desnivel que llevábamos tiempo postponiendo. Tocaba ponerse en marcha.

Salida desde el palacio del Infante D. Luis en Boadilla

A las ocho de la mañana estaba Jose Pablo como un clavo en el portal de casa, listo como siempre para devorar kilómetros. Un poco más tarde llegué yo y, tras hacerle una rápida revisión a la bici, salimos al encuentro de Ramón un poco más adelante.

A las ocho y cuarto llegaron Ramón y el unos cuantos compañeros del grupo con el que solemos salir a rodar por Boadilla: David, Félix y Jaime. Estos tres últimos nos iban a acompañar los primeros kilómetros, pues ellos iban a hacer una ruta distinta a la nuestra.

La primera parte de la ruta se correspondía con una de nuestras clásicas: la bajada del monte Romanillos hacia Villafranca del Castillo. Justo al final de la bajada nos separamos los dos grupos. Jose Pablo, Ramón y yo tiraríamos hacia Río Chico, mientras que los tres restantes lo harían hacia la urbanización El Bosque, bordeando el Río Guadarrama. Ya habían caído los primeros diez kilómetros de ruta.

Los siguientes nueve kilómetros se corresponden con el punto más bajo del recorrido. Atravesamos la urbanización de Villafranca del Castillo y luego rodamos por el margen izquierdo del Río Guadarrama. Las lluvias de la semana pasada se dejaron notar: aunque el terreno estaba seco en su mayor parte, la vegetación estaba muy crecida e impedía rodar todo lo rápido que nos hubiese gustado.

Cuando llegamos al Puente del Retamar nos desviamos a la derecha, haciendo un giro para cruzar el río por el puente y situarnos al comienzo de la cuesta más importante del día: la subida al Paredón.

El Puente del Retamar

En varias ocasiones he pasado por aquí y nunca os he hablado de él. Creo que este majestuoso puente merece una líneas en BigJoe.

El Puente del Retamar se encuentra situado en el área recreativa Virgen del Retamar, justo entre los términos municipales de Las Rozas y Galapagar. Se desconoce el autor y el año exacto de su construcción, que tuvo lugar el algún momento del siglo XVIII.

Recibe el nombre de Puente del Retamar porque allí se encontraba la aldea de Santa María del Retamar, desaparecida alrededor del siglo XIV. Esta zona fue ganando importancia dada su situación a los pies del puerto de Galapagar, pues aquí confluían varios caminos porque era una buena zona para cruzar el río Guadarrama.

La construcción del monasterio de El Escorial contribuyó a la construcción del puente, pues hasta entonces se utilizaba el Camino de Valladolid (por Torrelodones, Collado Villaba y Guadarrama) para cruzar el río más cómodamente. La decisión de construir el puente se tomó durante el gobierno del Marqués de la Ensenada, en el contexto de las obras del Real Camino de Castilla y Galicia, vía que formaba parte de la estructura radial de calzadas que los Borbones idearon para vertebrar España.

Del Cerro del Paredón a Colmenarejo

Volviendo a nuestra ruta, una vez cruzamos el Guadarrama por el Puente del Retamar pasamos frente al antiguo restaurante Río Chico y, tras cruzar una barrera, comenzamos a subir la cuesta para coronar el Cerro del Paredón.

Cerro del Paredón

Cerro del Paredón

La subida tiene una pendiente considerable que, además, se va volviendo cada vez más técnica. Llegando al punto más alto, a unos veinte metros escasos de la cima, JP no consigue sacar los pies de las calas y nos da un pequeño susto en forma de caída. Creo que es la primera vez que veo a Jose Pablo caerse de la bici :-O Afortunadamente, todo queda en un susto y re-emprendemos la marcha sin problemas.

El siguiente pueblo que cruzamos es Colmenarejo, al que entramos pasando previamente por la urbanización Los Ranchos. Ya llevamos veinticinco kilómetros de ruta y la cosa se pone cada vez más interesante.

El embalse de Valmayor

Una vez que dejamos atrás Colmenarejo llegamos a las inmediaciones del pantano de Valmayor, el segundo de la provincia en cuanto a cantidad de agua almacenada después del embalse de El Atazar. Se encuentra en el término municipal de Valdemorillo, aunque también ocupa parte de los municipios de El Escorial, Colmenarejo y Galapagar.

Embalse de Valmayor

Embalse de Valmayor

Esta zona es la más bonita de la ruta. Aquí recorremos varios kilómetros junto al pantano por una trialera muy estrecha (la Cañada Real de las Merinas), que nos permite rodar muy rápido superando piedras y raíces de todos los tamaños. Daba gusto ver a Ramón moviendo la Vitamin R a su antojo 🙂

Cruzamos sobre el embalse por la conocida como Presa del Naútico (el restaurante de la orilla que le da nombre), ya en el término municipal de El Escorial. Aprovechamos para hacer unas cuantas fotos y estirar las piernas antes de reemprender la marcha por el camino de Navaquejigo.

Este camino nos depararía un par de sorpresas en forma de charcos “inevitables”. Ya habíamos atravesado unos cuantos riachuelos, pero estos charcos eran bastante más profundos e hicieron que nos mojasemos algo más que los pies.

Llegando a El Escorial

En el kilómetro curenta y tres llegamos al pueblo de El Escorial. Parecía que habíamos llegado a nuestro destino, pero quedaba una última subidita hasta San Lorenzo de El Escorial. Una subida por el Paseo de la Estación, bordeando la Casita del Príncipe, de casi tres kilómetros y ciento cincuenta metros de ascenso.

Como recompensa tendríamos el Real Monasterio de San Lorenzo, una de las más singulares arquitecturas renacentistas de España y de Europa y considerado, desde finales del siglo XVI, la Octava Maravilla del Mundo, tanto por su tamaño y complejidad funcional como por su enorme valor simbólico.

Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Ahí, a la sombra de un árbol en el lateral del monasterio hicimos la parada para el avituallamiento. Ramón tiró de frutos secos y galletas de chocolate, pero la palma se la llevó una vez más Jose Pablo con su ya típico salchichón.

De vuelta a Boadilla del Monte

La vuelta a casa transcurrió sin más incidentes que un par de paradas obligadas para limpiar y engrasar la transmisión de la bici. Tanto charco hizo que sonase la cadena como una cama vieja :-D. La subida de Romanillos puso el picante al tramo final, pero todos la subimos sorprendentemente bien para los kilómetros que llevábamos en las piernas a esas alturas.

Al llegar a Boadilla le dimos un manguerazo a nuestras monturas y quedaron como nuevas. JP y yo nos lo dimos en forma de hamburguesas del Burger, ja ja ja.

Una preciosa ruta que hicimos en el momento ideal, pues pudimos disfrutar del campo en todo su esplendor. Las lluvias de la semana pasada hicieron que todas las flores luciesen sus mejores galas y que los caminos no estuviesen polvorientos. Habrá que repetirla con toda la grupeta.

Antes de acabar la crónica de hoy quiero hacer una mención especial a Ramón, que se hizo los noventa y tres kilómetros de la ruta con su Vitamin R de Decathlon. Una bici sin suspensión delantera, con un peso más que considerable y a la que no le entra el plato pequeño si no se alinean los planetas. Si a eso le sumas unas zapatillas de padel y un pantalón sin badana la conclusión a la que llegas es que Ramón está hecho de otra pasta. Un capo en toda regla.

Como de costumbre, podéis ver las fotos de la ruta en su álbum de Facebook y el track de la ruta en mi perfil de Strava.