Después de un tiempo de inactividad, he vuelto a la acción con la bicicleta y algún que otro kilito de más.

Esta vez fue Antonio el que me animó y, como yo estaba de guardia, se acercó hasta Boadilla para que no me separase mucho del portátil. Todo un detalle 🙂

El objetivo era sencillo: hacer una ruta de unos 30 km sin forzar mucho. Para esto es ideal el monte de Boadilla.

Básicamente, la ruta ha sido una ampliación de la ruta clásica que suelo hacer por el monte, de unos 15 km. Ampliamos un poco el kilometraje al acercarnos primero hasta el polideportivo y volver hacia atrás de nuevo para subir al monte por la entrada que está junto a la rotonda de la M513.

La temperatura era estupenda en uno de los primeros días con solecito de la temporada. Pudimos salir a rodar sin chaqueta y pantalón corto, lo cual se empieza a agradecer. Bueno, los manguitos de los brazos tampoco me sobraron, je je je.

Ovejas

Ovejas

Antes de llegar al puente de piedra nos encontramos con las «ovejas antiincendios» de Boadilla, que nos hicieron parar un poco y comentar la jugada.

El recorrido transcurrió sin problemas hasta que llegamos al cruce con la M513 de nuevo. El paso por debajo del puente lo han arreglado bastante este tiempo atrás, pero todavía está muy lejos de estar perfecto.  Hay tanta arena que se hace imposible cruzar montado en la bici, aunque siempre será más seguro que cruzar la carretera como antiguamente. Al llegar a este punto se le descolocó una cala de la zapatilla a Antonio y le estuvo dando algo de guerra hasta que la ajustamos un poco más adelante.

Acabamos la ruta con unas buenas jarras de cerveza con limón en La Lonja de Boadilla. Muy ricas, por cierto. Las salidas con los colegas no son salidas si no hay cervezas 😀