Agridulce. Es la sensación que me ha quedado después del reto de este año. Es cierto que el regusto se va volviendo cada vez más dulce según pasa el tiempo y veo lo que Jose Pablo y yo hemos conseguido, pero me queda ese resquemor de no haber podido intentar la ruta oro de Los 10000 del Soplao 2016. Más adelante os cuento qué nos pasó. Armaos de paciencia, porque el post de hoy va a ser largo…

Viernes 20: rumbo a Los 10000 del Soplao

La hora de salida acordada con Jose Pablo eran las 10:00. Con su puntualidad característica apareció en Boadilla para que empezásemos a jugar al Tetris con las bicis y el maletero de su coche. Siguiendo el consejo de Julio las colocamos en vertical, desmontando sillines y ruedas para colocar el resto del equipaje.

Llevo desde el jueves dándole al coco constantemente sobre la prueba. Repasando una y otra vez lo que me voy a llevar a Cabezón. Esta vez llevamos tres cámaras (gracias David por tu colaboración) para grabarlo todo bien. El portátil para ir descargando los vídeos, un millón de cables y baterías… Por suerte no nos olvidamos nada.

Tuvimos un viaje sin incidencias hasta Reinosa, lugar en el que decidimos hacer una parada para comer. Escribimos a Chema, reinosano de pro, que muy sabiamente nos aconseja el Restaurante Fuentes. Vaya acierto: por diez euros nos comimos el mejor menú de mis últimos meses.

Después de comer y un pequeño paseo por Reinosa reemprendimos la marcha. Como nos pillaba de paso, paramos en Fontibre a visitar el nacimiento del Río Ebro, que es precioso. En una media hora llegamos a Renedo de Cabuérniga atravesando el parque natural del Saja-Besaya, de espectacular belleza. Unos preciosos bosques de hayas que dejaban entrever unos montes de perfil más que imponente y que nos hacían presagiar lo que nos íbamos a encontrar al día siguiente.

Después de dejar nuestros bártulos en Casa Caborzal nos dirigimos a Cabezón de la Sal para la recogida de dorsales de Los 10000 del Soplao. Cuando llegamos al pueblo comprendimos lo que supone Los 10000 del Soplao para toda esta zona.

Encontrar sitio para aparcar fue una odisea, pero lo que de verdad nos impresionó fue la cantidad de gente que había en algo más parecido a una feria de la bicicleta que a una entrega de dorsales. Era increíble el ambientazo que había en el pueblo. Yo me compré una gorra y un chubasquero de Los Diez Mil del Soplao a modo de recuerdo.

Meta de Los Diez Mil del Soplao 2016

Meta de Los Diez Mil del Soplao 2016

Ya de vuelta en nuestra casa recibimos la visita de Chema, que acababa de llegar desde Madrid. Ahí nos dio una noticia que se tenía muy bien guardada, el jodío: no se había inscrito a la prueba este año. Una lástima, pero si un conocedor de la prueba como él no se ve preparado es que seguramente esté tomando la decisión acertada. Lo que me mosqueaba a mí es que si Chema no se veía bien… ¿cómo narices estábamos nosotros? 😀

Colocamos los dorsales en las bicis y les hicimos la última revisión antes de dejarlas “durmiendo” en un cuarto que nos dejaron los dueños de la casa. Para terminar el día nos cenamos unos bocadillos de atún con pimientos y de jamón con queso en el jardín de la casa, aprovechando la buena temperatura de la noche. Yo me fui a la cama con mil cosas en la cabeza, pero contra todo pronóstico tengo que decir que dormí como un tronco.

Sábado 21: el gran día

Suena la alarma del móvil a las 5:30 de la mañana. Nervios, muchos nervios. La noche anterior había dejado la ropa preparada en función del tiempo que íbamos a tener: camiseta interior, maillot de manga corta, culotte corto, calcetines de verano y manguitos para las primeras horas de recorrido. En la mochila iba el chubasquero porque había previsión de lluvia a eso de las 15:00. En casa se quedaban las perneras, los cubrezapatillas y las camisetas térmicas que llevé por si las moscas.

Desayunamos leche con muesli y chocolate negro. Había que llevar hidratos de carbono en el cuerpo, ya sabéis… Después preparamos los bidones y las mochilas, antes de meter las bicis al maletero y salir rumbo a Santibañez, donde íbamos a aparcar para llegar rodando a Cabezón de la Sal y estar en la salida de Los 10000 del Soplao.

Los amigos de Txumari en Santibañez

Los amigos de Txumari en Santibañez

Llegamos a Cabezón de la Sal a las 7:25 más o menos y nos colocamos en la salida. La cola de ciclistas era inmensa (había más de 4800 inscritos en la modalidad MTB) y daba la vuelta a la calle principal, así que nos tocó ocupar los últimos puestos. Detrás de nosotros no habría más de cincuenta personas.

La traca que marca la salida sonó a las ocho en punto, pero nosotros no pasamos por la salida hasta las ocho y veinte más o menos. Empezaba lo bueno, aquello que había dado sentido a los entrenamientos de los últimos meses. Empezaban Los Diez Mil del Soplao 2016.

Cabezón de la Sal – El Soplao

El ambiente era tremendo en la salida. Todo el pueblo volcado con los corredores, aplaudiendo y animando como si fuésemos auténticos profesionales. ¡Hasta el duende eléctrico se acercó para animar encima de su bicicleta!.

Al llegar a Santibañez encontramos el primer tapón. Un poco de “empujabike” y nos encontramos con Chema, animándonos en las primeras cuestas hacia el alto de San Cibrián. Aquí íbamos todos muy apelotonados y tocaba echar el pie a tierra alguna vez que otra.

Santibañez. Los Diez Mil del Soplao 2016

Santibañez. Los Diez Mil del Soplao 2016

Después vendrían el alto de San Vicente del Monte y el alto de Carrancias, que pasamos a un ritmo tranquilo, guardando cartuchos para más adelante. Aquí apareció la primera bajada “interesante” del día: la bajada a “la cocina“. Fue en este lugar donde nos encontramos los primeros sustos en forma de caídas. Y es que todavía rodábamos muy juntos y algunos intentaban ir demasiado rápido…

El ascenso hasta las cuevas del Soplao por La Florida fue por carretera asfaltada. Menos mal, porque eran ocho kilómetros y medio que, aunque tendidos, empezaban a calentar las piernas. Aquí nos encontramos con un compañero tirando de riñones para subir la fatbike hasta el avituallamiento. Me canso sólo de recordarlo, je je je.

El primer avituallamiento de la prueba estaba en este alto, en el que se podían disfrutar unas vistas maravillosas. Nosotros nos lo tomamos con calma: powerade, agua, plátanos y algún pastelito para reponer fuerzas. Aprovechamos para echar aceite a las cadenas por lo que nos pudiésemos encontrar bajando.

De momento íbamos bien, tanto de ánimos como de piernas. El ritmo estaba siendo cómodo.

El Soplao – Ucieda

Después del primer avituallamiento nos encontraríamos con una manzana envenenada: la bajada hasta Celis. Lo que parecía un descanso iba a ser de todo menos eso. Una bajada muy técnica con grandes piedras, pendientes y grava que iba a requerir toda nuestra atención. ¡Las manos se dormían y llegabas a perder el tacto de las manetas de freno de sujetarlas con tanta fuerza!.

En Celis me dieron un repaso rápido a la transmisión en forma de manguerazo y aceite a la cadena, que agradeció después de toda la porquería que había acumulado bajando (acentuada además al llevar el aceite que pusimos en El Soplao).

Una vez que dejamos Celis a nuestras espaldas nos encontraríamos un pequeño repecho que terminaría en Puentenansa. Ya estábamos en el kilómetro cuarenta de la prueba, casi habíamos recorrido la cuarta parte de los kilómetros. La cosa pintaba bien, pero…

Llegó la subida al Monte AA. Lo que sobre el perfil era el último delos puertos pequeños resultó no serlo tanto. Con sus pendientes considerables y sus tramos de pista alternando asfalto y tierra fue el primer toque serio para mis piernas. Aquí es donde empecé a respetar el Soplao, pues era consciente de que quedaban unos cuantos platos fuertes y no podía permitirme derrochar fuerzas. Si la cosa se complicaba, echaba un rato pie a tierra con la vista puesta en El Moral y Fuentes, los dos puertos que más miedo me daban. Jose Pablo llevaba un ritmo bastante cómodo que le permitía ir subido en la bici todo el rato. No daba la sensación de ir justo de piernas todavía.

La bajada de Monte AA fue larga y divertida, aunque me dejó tocado el freno delantero. Una bajada tan kilométrica para un tío de 116 kilos acaba pasando factura. Creo que las pastillas de freno estaban tocando a su fin…

A los pies del Monte AA estaba Ruente, el pueblo famoso por pasar el recorrido de la prueba por su característico y estrecho puente, aunque este año nos desviaron por uno de sus laterales. A partir de aquí, un falso llano nos llevaría hasta Ucieda por un parque natural precioso, donde la organización había montado un señor avituallamiento para los bikers y los “andarines”, que nos juntábamos allí. Bocadillos de jamón y de nocilla, plátanos, pastelitos, bebida…

Ya llevábamos 61 kilómetros. La primera de las tres partes que nos había explicado Chema aquél día en una taberna de Madrid. A pesar del aviso del Monte AA, habíamos cumplido el objetivo de no quemar cartuchos y rodar por encima de nuestras posibilidades. Ahora tocaba afrontar la segunda parte de la prueba, la más importante a priori.

Rodando en Los Diez Mil del Soplao 2016

Rodando en Los Diez Mil del Soplao 2016

Ucieda – Juzmeana

Nada más dejar atrás Ucieda empezamos uno de los ascensos más importantes: el alto de El Moral. Sobre el papel parecía la subida con más pendiente entre los puertos grandes y os puedo asegurar que no fue nada fácil.

No fue fácil porque aquí el tiempo cambió. La buena temperatura que habíamos disfrutado hasta entonces descendió algún que otro grado mientras nosotros le dábamos al molinillo para superar los rampones que nos lanzaba el puerto. Apareció también la lluvia, que aunque no era torrencial sí que complicaba un poco las cosas. Tocó quitarse las gafas y ponerse el chubasquero.

En algún punto del recorrido también hizo acto de presencia una niebla muy densa que no dejaba ver más allá de unos diez metros. En ese tramo estuvimos rodando junto a la moto de la Guardia Civil, que supongo que tuvo más trabajo del deseado por estos motivos. En esta parte ya me pesaban las piernas y notaba que iba cansado de verdad, esperando continuamente la siguiente curva a ver si terminaba el ascenso, sin querer mirar el perfil de la prueba que llevaba pegado al manillar. Jose Pablo seguía fiel a su “pedaleo suizo”… Recuerdo que aquí le dije una frase que definía la importancia del momento:

si subo El Moral termino el Soplao

Y es que es así como creía que iba a ser, pues en el perfil se veía que el puerto de Fuentes era largo pero más llevadero que El Moral. El Negreo lo subiría andando, de rodillas o haciendo la croqueta si era necesario…

Cuando vimos que remitía la niebla hicimos una para técnica para cambiarnos nuevamente de ropa y volver al maillot para evitar sudar en exceso con los chubasqueros. También hubo que sacar una batería y fijarla con bridas a la bici para recargar el Polar V650 (le quedaba el 40% de batería todavía) antes de que se pusiese a llover de verdad. Ya se avistaba a lo lejos la carpa del avituallamiento.

En este punto es donde algún biker comentó que a las 16:00 ó 16:30 cerraban el control de tiempos de Juzmeana (km 83,5) y empezaban a desviarnos a la ruta Plata. Esta noticia nos pilló por sorpresa, pues no nos habíamos leído el reglamento y no sabíamos que había corte horario. Error garrafal por nuestra parte que nos podía dejar fuera. Empezamos a apretar el ritmo para intentar llegar a tiempo

Doce kilómetros y medio de subida después llegamos al avituallamiento líquido de El Moral. Llevábamos tiempo viéndolo a lo lejos, pero nunca llegábamos. Allí nos volvimos a poner el chubasquero para no enfriarnos en el descenso, que tenía que ser rápido.

La bajada a Juzmeana eran diez kilómetros que exprimimos al máximo. El suelo estaba mojado y yo a estas alturas ya iba sin freno delantero, así que hice lo que pude para llegar a tiempo al control a pesar de llevarme algún que otro sustillo.

Llegamos al control horario a las 16:12. Desolación. Ya no nos dejaron seguir por la ruta larga (oro) y nos iban a desviar por la carretera. No se qué le pasó a JP por la cabeza, pero a mí me hundieron. En ese momento pensaba que nos mandaban para Cabezón de la Sal y me dolía en el alma haber hecho todo el sacrificio de este año para estar en el Soplao y no poder pasar por diez minutos. Creo que estaba apunto de llorar de rabia…

Aprovechando que había una asistencia mecánica me revisaron el freno. Las pastillas habían desaparecido por completo y ya iba en el metal, a punto de dejar el disco inservible. Me cambiaron las pastillas y ya estaba listo para continuar (el material de estas reparaciones se paga con un recibo que te dan por ingreso bancario).

Juzmeana – Cabezón de la Sal

Afrontamos la vuelta a Cabezón de la Sal con resignación. Lo que no sabía era la sorpresa que me esperaba…

Y es que la vuelta no iba a ser por carretera. El corte horario de Juzmeana no era para mandarte a casa, sino para hacerlo a la ruta Plata (si querías, claro). Otro fallo de principiante que se hubiese solucionado leyendo el reglamento, porque resulta que había tres rutas distintas:

  1. Oro: recorrido completo, 163 kilómetros.
  2. Plata: recorrido sin la vuelta Barcena Mayor – La Punvieja. En Juzmeana se desvía hacia la derecha y se completa el recorrido hasta meta.
  3. Bronce: en Juzmeana se desvía hacia la derecha y se va por la carretera hasta meta.

Así que al llegar a Correpoco dejamos la carretera para empezar la última parte del recorrido de Los 10000 del Soplao.

Para ir de Correpoco hasta Renedo de Cabuérniga (superando la tentación de quedarnos en casa, je je je) había que pasar por Llendemozo. Este tramo era una pista muy complicada que se encontraba totalmente embarrada y llena de piedras de un tamaño considerable. Según nos explicó al día siguiente Adrián, el dueño de Casa Caborzal, este tramo lo estaban arreglando porque antes estaba en mal estado. No quiero ni imaginarme cómo era ese estado :-O También nos comentó que tuvieron que atender alguna rotura de clavícula en esa zona (él formaba parte de la organización, transportando al personal médico en su todo terreno). Uno de los tramos más técnicos y complicados de la ruta antes de su toque mortal: el Negreo.

En el kilómetro 93 de la ruta, tras pasar Renedo de Cabuérniga, nos desviamos de repente a la derecha para darnos de bruces con un repecho con una pendiente que te tiraba para atrás. De hecho, el tipo que iba justo delante de mí se cayó de la bici y me obligó a echar pie a tierra. Mi intención era continuar andando, pues era imposible arrancar con suma pendiente, pero la gente del público no tenía eso en mente y no nos dejaron salirnos con la nuestra 😀 Inmediatamente aparecieron dos cántabros recios y al grito de

Sube a la bici y pedalea, cojones

nos empezaron a empujar cuesta arriba varios metros hasta que recuperamos cadencia para continuar con la pendiente. Impresionante. Esta es la implicación del pueblo cántabro con esta prueba, algo digno de admiración.

Enseguida llegamos al último avituallamiento antes del final. El ambiente aquí era increíble. La gente sentada en sillas, como en una etapa del Tour de Francia. Alguno nos recordaba a los eslomados ciclistas lo rico que estaba el verdejo que estaba tomando, ja ja ja. Un grupo de chavales jóvenes nos hacía la ola con cánticos que resonaban en todo el monte. Esto te daba algo de fuerza para afrontar la muerte.

Y eso es lo que encontré subiendo el Negreo: la muerte. Porque el Negreo me mató. Casi literalmente. Unas primeras rampas con unas pendientes cercanas al 30% acabaron con la poca energía que me quedaba. Jose Pablo consiguió subir sobre la bici todo el trayecto y ya no le volví a ver más. Yo me tuve que bajar y hacer buena parte del Negreo a pie, empujando la bici. De vez en cuando me subía y conseguía pedalear un rato, pero el complicado estado del firme y la longitud de las rampas podían conmigo y me echaban al suelo continuamente.

Lo bueno es que todos nos dábamos ánimos, tanto los que íbamos a pie (unos cuantos) como los que subían sobre sus monturas. Habar llegado aquí y estar tan cerca era un esfuerzo digno de admiración. Había que estar muy bien de cabeza para aguantar todo el recorrido del Negreo sobre la bici, pues tras cada curva se desvanecía la ilusión de que acabase allí el ascenso. Tres veces me pasó a mí…

Antes de la última cuesta tuve que tirar de gel y meterme uno para el cuerpo. Esto me dio vida hasta que en el kilómetro cien acabó mi sufrimiento: por fin estaba en lo más alto del puerto. Quedaban casi veinte kilómetros de bajada que hice con mucho cuidado para no caerme con la gravilla suelta de las curvas.

En el kilómetro 113 llegamos de nuevo a Ruente y ya no soltaríamos la carretera hasta Cabezón de la Sal. Aquí me asocié con un gallego que venía de hacer la ruta larga (ole sus narices) y fuimos dándonos el relevo hasta que pillamos la rueda de una grupeta para llegar hasta meta. Por lo menos los últimos kilómetros los pude hacer con el plato grande.

La mezcla de sentimientos que llevaba en mi cabeza no me permitía disfrutar del momento. Entre la indignación que llevaba desde Juzmeana y el cansancio del Negreo (que casi me manda al palco) no iba pendiente del ambientazo de cada pueblo que fuimos pasando hasta Cabezón de la Sal.

Al final crucé la meta de Los 10000 del Soplao en once horas y cuarto. Ni siquiera se si es un tiempo bueno, regular o malo. Sólo se que logré cruzar la meta de la prueba más dura que he hecho hasta la fecha. JP ya me estaba esperando en el último avituallamiento, dando cuenta de una ensalada de pasta y atún.

Al final valió la pena. Vaya si la valió.

En la meta de Los Diez Mil del Soplao 2016

En la meta de Los Diez Mil del Soplao 2016

Sábado 21: la gran noche

Una vez recuperados del esfuerzo pillamos de nuevo la bici para volver hasta el coche, aparcado en Santibañez.

Llegamos a Casa Caborzal y la dueña, muy amable y atenta siempre, nos dejó la manguera para lavar las bicis. Después fuimos nosotros los que pasamos por el “lavado” para poner rumbo a Santibañez. Allí nos esperaba Chema con todo su grupo de amigos para hacernos partícipes de su “ritual post-Soplao“: dar buena cuenta de unos chuletones de ternera Tudanca mientras comentábamos la jugada y cómo nos había ido a todos en la prueba.

Chuletones. Los Diez Mil del Soplao 2016

Abel dándolo todo con los chuletones

Por cierto, que los amigos de Chema (Txumari para ellos, je je) están más fuertes que el vinagre:

  • Tito no pudo preparar bien la prueba y aún así lo dejó en la campa de Ucieda. Eso sí, me ha chivado un pajarito que lo hizo no sin antes ponerse ciego a bocatas. Por lo visto, según el mismo pajarito, cada vez que quedan para hacer una ruta gana peso…
  • Óscar es el que está más fuerte. Me reconoció en mis horas bajas en el Negreo (vaya impresión se llevaría el pobre). Ha ido muy bien y ha bajado una hora su tiempo del año pasado. Es hermano de Paco.
  • Lucinio se cayó en el tramo de Llendemozó y se hizo daño en la rodilla, pero aún así acabó la ruta oro como un auténtico fiera. También acabó los chuletones antes de prestarle atención a la rodilla 🙂 Es hermano de Nacho.
  • Paco ha bajado una hora el tiempo del año pasado. Hizo toda la carrera junto a Nacho.
  • Nacho, al igual que Paco, bajó una hora el tiempo del año pasado.

Vamos, que rebajar en una hora tu tiempo no es moco de pavo. Me quito el sombrero ante estos tíos. En la lista faltan Abel (que hizo la Maratón a pie un año más) y Suri, su mujer, que no hizo el Soplao pero aguantar a tanto hombre deportista en la casa tuvo más mérito que subir el Negreo.

Domingo 22: jornada de reflexión

A las seis de la mañana mi cuerpo dijo que no dormía más. Y eso que todavía tenía sueño, pero las piernas estaban tan agarrotadas que no me dejaban reconciliar el sueño, así que decidí levantarme de la cama para ponerme a descargar todo el material multimedia de la ruta, ver las fotos, subir el track, etc…

Jose Pablo se despertó poco después, más o menos por los mismos motivos, así que desayunamos, recogimos un poco la casa y, tras un buen rato de conversación con Adrián y Jose Ramón (nuestro vecino de alquiler, que fue a Renedo desde Elche para hacer un tiempazo en la marcha de 50 kilómetros andando) iniciamos nuestro viaje de vuelta siguiendo el curso del Río Saja puerto arriba.

La belleza del paisaje nos hizo parar varias veces a sacar algunas fotos. Nos llamó la atención el monumento a los caídos en Ocejo (en muy mal estado de conservación), el mirador de Peña Colsa (desde donde se puede disfrutar de una perspectiva increíble del Hayedo) y el alto de Palombera, que sirve de conexión entre el Valle de Cabuérniga y el Valle de Campoo.

mirador-peña-colsa-diez-mil-soplao

Como nos fue tan bien en la ida, repetimos parada en Reinosa. Dimos un pequeño paseo para estirar las piernas y volvimos al Restaurante Fuentes para darnos el último homenaje. Unas alubias con todo y un entrecot de carne de Reinosa fueron los culpables de que me durmiese poco después de subir al coche. Menos mal que no conducía yo, ja ja ja. La vuelta la hicimos por la carretera de La Coruña sin mayor complicación.

Conclusiones y agradecimientos

Un par de días después tengo que reconocer varias cosas. La primera es que el Soplao me ha puesto en mi sitio. No puedo decir que lo haya subestimado (porque nunca lo he hecho), pero desde luego que la dureza del Negreo me demostró que necesito mejorar para afrontar una prueba así con garantías. Hay que entrenar más las cuestas.

La segunda cosa que tengo cada vez más clara es que va a ser muy difícil que surja otra prueba en España capaz de superar al Soplao. Por su dureza. Por la impredecible de su tiempo en esta época del año. Pero sobre todo por la organización y la implicación de toda la gente de la comarca en esta prueba, que sin lugar a dudas es el evento del año para todos los pueblos involucrados.

Ya es la tercera prueba de MTB con 120 kilómetros de distancia que completo en un año (Madrid – Segovia y Talajara son las otras). Sin lugar a dudas ha sido la más dura con muchísima diferencia. Lo poco o mucho que he (hemos) podido entrenar para estar aquí ha sido gracias a mucha gente, a la que quiero dar las gracias por haber comprendido la importancia de estos “retos”:

  • A Jose Pablo: por haberlo sufrido conmigo en primera persona. Un compañero con el que me compenetro bien, aunque tengo la sensación de que él podría haber terminado la ruta oro en buenas condiciones si no le hubiese hecho aminorar en la primera parte.
  • A Edu: por encender la mecha. Esto va por ti, macho. Te tuvimos presente en todo momento (no miento).
  • A mi familia: Conchi y la peque fueron las más afectadas por esos fines de semana haciendo rutas largas.
  • A Chema (bueno, sus amigos nos dicen que él en realidad se llama Txumari): por “apadrinarnos” y no quitarnos la ilusión (porque era consciente de que nuestra forma era justa para el oro, seguro…)
  • A los amigos de Chema: por acogernos tan bien el sábado y dejarnos formar parte de su fiesta. Unos tíos (y tía) muy grandes.
  • A todos los que han estado animándonos durante estos últimos meses, tanto en persona como en las Redes Sociales. Gracias a vuestros ánimos no ha decaído la ilusión, porque el reto era un buen “morlaco” que torear.

Bueno, pues no os lío más. a los que habéis llegado hasta aquí, daros las gracias. Siento el ladrillo, pero este reto era muy importante para mí porque, de cierto modo, es el cierre a un mal año. Era una prueba que quería superar para dejar atrás un montón de cosas. Ahora, aparte de una visita al dentista el día 27, me espera un trabajo nuevo con el que estoy muy ilusionado. Renovarse o morir. Y yo he estado cerca 😀

As usual, todas las fotos que hemos ido haciendo las podéis ver en su correspondiente álbum de Facebook.