Ha llegado el momento de contar mi experiencia con el casco Smith Rover, que vengo usando como mi casco habitual desde hace algo más de un mes junto con el IXS Trail RS. Os puedo adelantar que las primeras impresiones son bastante buenas.

La marca Smith

Una cosa que me resulta curiosa es que mis últimos cascos no han sido fabricados por las marcas más extendidas en el mundillo, como podrían ser Bell, Giro o Spiuk (que se está extendiendo mucho por España últimamente). En esta ocasión, la elegida ha sido la firma americana Smith. Para los más ajenos al mundillo comentaré que Smith lleva siendo una marca de referencia en el sector de las protecciones desde 1965, cuando el doctor Bob Smith desarrolló la primera lente térmica sellada y una máscara ventilada con espuma para poder continuar esquiando en esos días de ventisca. Aunque su punto fuerte son las lentes, no tardaron en desarrollar cascos y dar el salto al mundo del ciclismo con su famoso modelo Forefront.

Con el Forefront rompieron moldes, estableciendo nuevos estándares en seguridad con el desarrollo de varias tecnologías, como el Koroyd y la estructura Aerocore. El problema es que incluir toda esta tecnología en un casco repercute en el precio final (aunque el Forefront se compra muy bien de precio en Amazon, su precio de salida eran 230€). Si al precio se le suma una estética “arriesgada”, esto hace que el Forefront no sea lo que se dice un superventas en nuestro mercado.

Para reducir ese precio final, el Smith Rover prescinde de muchas “pijadas” de su hermano mayor. No tiene soporte para cámaras, ni presilla para la cinta de la máscara, y el uso del Koroyd está estratégicamente limitado a zonas más reducidas.

El casco Smith Rover

Para solucionar estos problemas ha llegado el Smith Rover. Un casco de mountain bike con versión para carretera (el Smith Route, que es igual que el Rover pero sin visera), que supone una nueva gama de acceso a la marca sin perder de vista la seguridad y la comodidad.

Tecnologías

El Rover incluye tecnologías estrella de la marca como el Aerocore y el revolucionario Koroyd, que ahora os explico:

  • El Koroyd es un panel tubular termoplástico en forma de nido de abeja que es bastante más absorvente que la tradicional espuma de poliuretano (EPS) de la que están fabricados la gran mayoría de los cascos. Y eso que a simple vista parece un montón de pajitas de refrescos pegadas 😀
  • Aerocore es una estructura cuyo objetivo es mejorar el flujo de aire en el casco, regulando la temperatura en el interior y evitando el empañamiento de las gafas mientras se mejora la resistencia a los impactos. Suena idílico, ¿verdad?. Smith defiende que esto se logra con la combinación del EPS con el Koroyd, ya que la mayor resistencia a los impactos de este permite colocar agujeros de ventilación mayores y mejor distribuidos que en cascos basados sólo en espuma de poliuretano. El Rover, por ejemplo, tiene 18 orificios para la ventilación.

Aparte de esas dos tecnologías propias de Smith, el Rover tiene una cosa que me gusta mucho: el acolchado interior utiliza la tecnología X-static, que he podido probar en otras prendas de deporte y que funciona realmente bien. Esta tecnología consiste en usar textiles recubiertos de plata, que minimizan el desarrollo de bacterias del sudor y eliminan los malos olores del uso prolongado sin perder sus propiedades.

El Smith Rover está disponible en dos versiones: con y sin MIPS. Por la diferencia de precio (unos 30€), merece la pena comprar la versión con MIPS, aunque no todos los colores están disponibles en ambas versiones. La mía sí lo tiene, aunque espero no tener que hablar de lo bien que funciona en el futuro 😀

Trasera casco Smith Rover

Trasera casco Smith Rover

Ajuste

Una de las cosas que no me gustaba de mi casco anterior era que lo sentía demasiado amplio. Tenía la sensación de que “bailaba” un poco, así que en esta ocasión pedí la talla M (hasta 56 cm), justo en el límite de mi perímetro craneal, y creo que fue un acierto. El casco encaja perfectamente en la cabeza, permaneciendo fácilmente en su posición una vez ajustado.

Por cierto, hablando del ajuste, el Rover utiliza un sistema que Smith denomina Vaporfit, que viene a ser la típica rueda que aprieta unas tiras de plástico al girar. Lo que lo hace un poco más especial es que esa rueda tiene un tamaño reducido, pero que funciona muy bien con los guantes de invierno puestos y todo. Otro punto a su favor es que permite mucho ajuste vertical (con sólo tres puntos de anclaje), ya que tiene mucho recorrido para permitir “abrazar” la cabeza de abajo a arriba. El ajuste es firme y transmite seguridad en todo momento, sin zonas de presión (aunque quizás eso dependa de la morfología de la cabeza de cada uno).

Las correas laterales no tienen más ajuste que el de la presilla bajo la barbilla y el puente bajo la oreja, algo que es más que suficiente pero que alguno puede echar en falta si tiene una morfología un poco más “compleja” y necesita de esos modernos ajustadores de tensión. Además, no son las típicas correas que van pegadas a la cara, que las odio porque el sudor no deja de chorrear por ellas y se ponen sucias enseguida. Personalmente, el ajuste me resulta muy sencillo y cómodo.

En el día a día

Tengo que decir que el Smith Rover me sorprendió por su tamaño compacto. Ya sabía que era de tamaño reducido, pero la primera vez que me lo puse me llamó la atención que dejaba expuesta buena parte de la zona de la nuca, por lo que no lo recomendaría para un uso endurero por si las moscas. Y eso que el Smith Rover está pensado para integrarse perfectamente con gafas y máscaras de descenso (por cierto, el extraño hueco de la parte posterior es para alojar la presilla de las máscaras, que más de uno me lo ha preguntado en alguna salida). Sin lugar a dudas, estamos ante un casco ideado para un uso diario.

Una de las cosas que me provoca amor y odio a partes iguales es la visera. Es grande, lo cual me gusta porque está ahí para cumplir con el cometido de protegernos del sol y las ramas, pero no es ajustable. Yo puedo vivir sin ese ajuste, pero conozco a más de uno que no lo entendería.

La ventilación es uno de los aspectos más destacados del Rover. Se nota circular el aire por su interior, algo que en invierno no se agradece tanto como en verano. Los de Smith dicen que el uso de Koroyd hace que sus cascos sean mucho más ventilados, aunque yo no creo que esa estructura de “panel de abeja” de la que os he hablado más arriba sea de mucha ayuda en una disposición lateral. Lo que está claro es que sus 18 aberturas están bien colocadas para lograr esa circulación de aire.

Como punto negativo podría comentar la colocación de algunas de las almohadillas frontales, ya que su tamaño y posición hacen que el sudor escurra hacia la cara en caso de mucho sudor. Afortunadamente, yo me he acostumbrado a utilizar un sotocasco tanto en invierno como en verano, lo que evita que el sudor se concentre en las almohadillas del casco.

Actualización 15/01/2018

Sin comerlo ni beberlo he llevado la prueba al extremo y puedo confirmar que el Smith Rover funciona a la perfección. Sí, amigos, estáis imaginando bien: me la he pegado (y de qué manera) con el casco.

Este fin de semana, de la manera más tonta, un banco de arena me lanzó por encima del manillar directamente contra un árbol. El impacto fue de manual: un golpe seco totalmente centrado a una velocidad de 28 km/h. Noté como la fuerza del impacto recorría mi espalda.

Afortunadamente, todo quedó en un buen susto. El Rover cumplió su misión a la perfección, resultando una abolladura en su carcasa exterior y la rotura de la espuma en su interior, lo que lo deja inservible para usos futuros. El Koroyd no se vio impactado, por lo que no os puedo confirmar si, como aseguran en Smith, su capacidad de absorción es mayor.

Una suerte llevar este casco, pues estoy seguro de que el viejo Lazer no hubiese aguantado este impacto con integridad. La parte mala es que me va a tocar pasar de nuevo por Amazon para comprar otro casco, que viendo lo bien que ha funcionado el Smith Rover, repetiré. Sin duda.

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