Reconozco que esta vez se me ha ido de las manos. Me acerqué al Decathlon a comprar unas zapatillas para la peque y me volví con una bici plegable. No lo pude evitar.

Creando la necesidad

Cuando cambié de trabajo hace poco vi clara la posibilidad de ir a la oficina en bici, pues ahora tengo la suerte de trabajar a poco más de seis kilómetros de casa. Además, factores como tener que pagar por aparcar a casi un kilómetro del puesto de trabajo suponían un empujón a la idea de ir pedaleando.

La única pega que veía era dejar la bici encadenada a la farola más próxima, arriesgándote a que no estuviese a la vuelta o a que le faltases alguna que otra pieza en caso de mal menor. Estar todo el día a la intemperie tampoco supondría una ayuda.

Fue así como surgió la idea de una bici plegable: podía llevarse fácilmente en el coche y aparcarla en el propio puesto de trabajo, de forma que no la perdiese de vista. El problema que veía a todo esto era el de siempre: mi constitución física. Y es que dos metros y unos 107 kilos de tío no se llevan bien con una bici con ruedas de carretilla…

Hasta que vi la gama Tilt de B’Twin en Decathlon.

Las Tilt vienen a ser la gama alta dentro de las bicis plegables de la compañía francesa. Por debajo se situarían los modelos de la gama b’fold (también conocida como Matex).

En la tienda en la que me encontraba en ese momento sólo tenían expuesta la 320, que está fabricada en acero. La verdad es que el modelo no entra por los ojos, pero su precio era estupendo: 139€ (en oferta).
Justo a su lado estaban las Tilt en varios acabados: la Tilt 700 (400€), la 720 (500€) y la exclusiva 740 (700€).

Nada más verla me enganchó. Además, el vendedor me dijo que soportaba un peso de 120 kg (aunque en la garantía hablan de 100 kg). Decidí probarla por la tienda y me llevé la segunda grata sorpresa: el sillín se podía subir hasta mi altura. La cosa pintaba bien 🙂

Un par de vueltas por la sección de ciclismo bastaron para convencerme: la elegida era la Tilt 700 por dos razones: costaba 100€ menos que la 720 y tenía transmisión de cadena en lugar de correa (aunque la vendan como un avance porque no tiene mantenimiento).

El día a día con la Tilt

Ya llevo tres semanas usándola a diario y tengo que decir que estoy encantado con ella. Es muy manejable y la posición sobre ella me resulta bastante cómoda. Es cierto que esto es así porque su manillar es más alto que en otras bicics plegables, algo que a alguien de estatura normal puede resultar algo incómodo.

El diseño me parece lo mejor. Dejando a un lado que te guste o no, es bastante funcional. La estrella de la Tilt 700 es su bisagra central, que hace que plegar o desplegar la bici resulte muy sencillo y lleve muy poco tiempo (sin llegar a un segundo, como dice B’Twin). El proceso es tan sencillo como accionar una palanca con un tirador que va situada bajo el sillín para liberar el bloqueo de la bisagra y doblar la bici sobre sí misma. Plegada, la bici puede transportarse rodando sobre sus propias ruedas, usando el sillín como asa / tirador. Esto es todo un acierto, pues aunque está construida íntegramente en aluminio, la Tilt no es ligera y esto simplifica mucho su transporte. Acciones como subir y bajar del metro se pueden realizar rápidamente, por ejemplo.

Una vez plegada hay que decir que no es de las más pequeñas. Que las ruedas sean de veinte pulgadas en lugar de dieciséis juega un poco en su contra para esto. Para mí de momento no supone un problema, pues entra perfectamente en el maletero del coche y en la oficina puedo “aparcarla” debajo de una mesa.

Los detalles de la Tilt

Está llena de detalles muy bien pensados para facilitarnos el día a día. Por ejemplo, la tija del sillín es ovalada en lugar de redonda, de forma que no hay que alinear el sillín cada vez que se pliegue para lograr la posición correcta. Además, al no ser extraible no nos lo pueden robar.

Otra cosa bien pensada es que no es necesario actuar sobre múltiples cierres colocados en puntos difíciles para plegarla: basta con accionar el tirador que he comentado antes y hacer un pequeño juego de manos. Esto también es una ventaja porque no hay que trabajar sobre partes que puedan estar sucias o mojadas.

No es necesario utilizar “pata de cabra”, pues la Tilt descansa sobre su propio cuadro una vez plegada. Para ello lleva un par de refuerzos en la zona cercana al plato. Además, la cadena (o correa, dependiendo del modelo) queda integrada dentro del cuadro, lo que evita que nos manchemos los pantalones al utilizarla por el roce.

Las luces van integradas en el cuadro y también son a prueba de ladrones.

Los pedales son plegables, por lo que molestan menos al meterla tumbada en el maletero.

Un punto “algo” negativo es que para plegar el manillar es necesario utilizar las dos manos, pues hay que accionar un seguro al mismo tiempo que se aprieta un botón. Esto, visto de otro modo, añade seguridad. Todo depende del color con el que se mire…

Este modelo Tilt 700 lleva un buje SRAM i3 de tres velocidades, que se accionan con un mando tipo Gripshift. Su funcionamiento es bastante bueno, aunque hay que decir que no es especialmente silencioso. En la 2ª y 3ª marcha emite un ruido metálico al que hay que acostumbrarse, si bien es cierto que estoy observando que ha disminuido con el uso. Este buje tiene algunas ventajas, como poder cambiar en parado y en momentos de máxima tensión (en subidas, por ejemplo). Al quedar totalmente integrado dentro de la rueda no deja partes expuestas a golpes y el diseño queda bastante más limpio.

Mi veredicto

De momento, la Tilt 700 me está gustando bastante. Es cierto que 400€ pueden resultar excesivos a priori para una bici plegable (aunque otras marcas son mucho más caras), pero en mi caso es una inversión que se amortiza sola. No se si cambiaré de opinión en el futuro cuando lleguen las averías (si llegan).