Ponerle puertas al campo

Parece que el tan temido momento por muchos ciclistas se acerca inexorablemente: las autoridades quieren ponerle puertas al campo.

Si nos remontamos tiempo atrás veremos que es de sobra conocida la situación de tensión que se está viviendo con Parque Nacional del Guadarrama o el Parque Natural de Collserola, por poner los dos ejemplos mas mediáticos. El colectivo ciclista ha puesto el grito en el cielo ante la la prohibición de montar en bici por muchos caminos de estos parques.

Y la cosa no se queda ahí, ya que también se prohíbe la circulación en grupos de más de quince. Pero es que también se limita la velocidad a 30 km/h para las pistas asfaltadas y en 20 km/h para las pistas o caminos de tierra…

Todas estas prohibiciones y limitaciones suenan lejanas a la mayoría de los ciclistas, ya que parecen más orientadas a esos perfiles «semiprofesionales» con los que no no se identifican. Hasta que las regulaciones llegan a la puerta de sus casas. Y llegan para impactar en el paseo dominical. Chungo cubata.

Y es que hace algo más de tres semanas que el Ayuntamiento está regulando el uso de determinados caminos y senderos en Boadilla del Monte, mi lugar de residencia y donde más disfruto de la bici. Desde entonces son unos cuantos compañeros los que me están pidiendo opinión acerca de este asunto, así que aquí va.

Pongámonos en situación

La Comunidad de Madrid ha actualizado recientemente el Plan de Ordenación del Monte de Boadilla y Las Encinas. El Plan afecta a unas 900 hectáreas de monte , entre las que se incluyen las zonas más transitadas de este valioso tesoro que disfrutamos todos los vecinos. Estará vigente hasta 2026.

Esta regulación viene a solucionar problemas que se están detectando en la protección y conservación de la biodiversidad del monte debido al uso que se está haciendo por parte de los vecinos al pasear, correr y montar en bicicleta.

Para intentar solucionar estos problemas se controlarán las actividades permitidas, que variarán en función de si la zona es de recreo, de uso moderado o es zona de reserva, donde se restringirá el uso a actividades autorizadas expresamente.

¿Qué opino de que quieran ponerle puertas al campo?

Pues, sinceramente, que es necesario hacerlo. Ojo, no quiero que se malinterprete mi respuesta, porque parece que aquí siempre tiene que ser blanco o negro, cuando en realidad hay una escala de grises.

Sí, soy ciclista. Sí, hay veces que he ido a más de 20 km/h por el monte. Y sí, los cortes de determinados caminos me afectan. Pero también es cierto que últimamente estoy viendo situaciones de irresponsabilidad por parte del colectivo ciclista (del que me considero parte activa) que creo que hay que corregir cuanto antes.

Cosas de ciclistas que no me molan

La dichosa pandemia ha hecho que afloren muchos ciclistas, sacando sus viejas bicis del ostracismo (nunca había visto tanta réplica del BH Coronas) y circulando por ahí sin el más mínimo conocimiento de la normativa vigente. Por ejemplo: el casco no es obligatorio, pero hay que ser muy cutre para salir a rodar «dándolo todo» y no gastarse cuatro perras en un casco. Que es nuestra cabeza, hombre…

He visto ciclistas rodando por el camino de acceso al monte a casi 40 km/h en hora punta, pasando a centímetros de peatones (niños pequeños en algunos casos). Peatones que tienen el mismo derecho a ese metro y medio de separación que tanto exigimos los ciclistas. Pero luego se puso el grito en el cielo cuando la Policía colocó un radar a la entrada del monte hace unos meses (un poco por postureo, todo sea dicho).

El monte es el bien más preciado que tenemos. No me gusta ver cómo abrimos caminos nuevos cuando aparece el mínimo obstáculo en el recorrido, porque esos caminos cada vez se van haciendo más y más anchos y acaban erosionando un área cada vez mayor sin necesidad. Se ve que muchos no saben que los charcos del camino se pueden pasar montados en la bici, que no pasa nada porque se moje o haya que reducir un poco para no ponerse hecho un Cristo…

Concluyendo…

La actuación que estoy viendo en el monte de Boadilla me parece bastante lógica. Consiste en pasar el arado y levantar el suelo de las pistas «no necesarias», obligando de algún modo a circular por la senda marcada. También se ha cortado el acceso a determinados senderos aparecidos recientemente con la colocación de señales de madera y ramas atravesadas a la entrada.

Mención aparte merecen algunas zonas cortadas de manera temporal para su regeneración. Es cierto que estas zonas quizás sean las más molestas, ya que hay algún camino «principal» del monte cortado, pero sin lugar a dudas son las más necesarias ahora mismo. Se está trabajando en aumentar la diversidad del monte reintroduciendo especies desaparecidas o raras y favoreciendo la cría de especies singulares de fauna, como ciertas rapaces. En poco tiempo estas zonas volverán a estar abiertas, hay que ser un poco pacientes.

Creo que estas acciones son necesarias. Gracias a ellas podremos seguir disfrutando del monte durante más tiempo y en mejores condiciones. De hecho, si esto se hiciese en lugares como el monte de El Pardo o la Casa de Campo más a menudo y en actuaciones no tan radicales como la última que se ha llevado a cabo, en la que se abrieron auténticos cortafuegos en la Casa de Campo, todo sería mucho más fácil. Y es que, en el fondo, nadie quiere ponerle puertas al campo (creo).

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