Este viernes tocó uno de nuestros ya famosos “cónclaves” para seguir planificando nuestro Camino de Santiago. La buena noticia que sacamos del Gallo Negro es que hemos avanzado en la gestión del transporte. La mala, que hemos sufrido nuestra primera baja en el grupo y que es posible que no lleguemos a recuperar a tiempo a un lesionado. Cruzando los dedos…

Una incógnita para empezar

Ya tocaba reunirse para acabar de atar algún que otro cabo que dejamos suelto en el cónclave anterior. Esta vez decidimos cambiar el lugar de la comida y hacerla en el nuevo Gallo Negro, un restaurante mexicano con muy buena pinta que han abierto hace poco en Boadilla del Monte.

Así que allí aparecimos ocho de los aventureros que viajaremos a Santiago: Pelayo, Helder, Ramón, Félix, David, Álvaro, Edu (el alemán) y un servidor.

Nada más llegar al Gallo Negro empezamos a hablar de la evolución de Álvaro, lesionado en varios ligamentos de la rodilla mientras jugaba al hockey sobre hielo. La situación es preocupante, ya que según nos estuvo contando llegaría muy justo a la fecha. Se ha comprado un rodillo para la bici y estaba echando el resto todos los días en casa, pero no sabe si eso va a ser suficiente. Todos confiamos en que Álvaro estará el día 14 de Junio con nosotros en Ponferrada. Él ha sido uno de los impulsores de este reto y de los primeros en “tramitar los permisos”.

Una noticia buena y otra mala para continuar

Comencemos por la buena noticia. Edu, encargado del transporte, había estado investigando y comparando precios y ya venía con la tarea hecha: alquilaríamos una furgoneta grande y un par de coches para ir hasta Ponferrada y haríamos lo mismo a la vuelta. Había conseguido unos precios muy competitivos para la vuelta a través de su empresa. Como desde Boadilla saldríamos nueve personas y en la furgoneta sólo pueden viajar tres, era necesario alquilar un par de coches (o un monovolumen de siete plazas) para poder desplazarse.

Fue entonces cuando llegó la mala noticia: pasando lista a los participantes decidimos preguntar a Marcos, que hacía tiempo que no daba señales de vida en nuestro grupo de whatsapp. Cuando contestó a nuestros mensajes hizo que se “tambaleasen los cimientos”: no podía venir a Santiago porque ese fin de semana tenía que asistir a una boda.

Nos quedábamos reducidos a diez peregrinos, lo que implicaba tener que volver a gestionar las reservas de alojamiento si no queríamos asumir el coste de la plaza que quedaba libre. Félix había conseguido reservar habitaciones para nosotros solos en varios hostales/albergues, con lo que ahora era más que probable que tuviésemos que separarnos. Además, la situación de Álvaro podía hacernos sufrir otra baja de última hora. Había que “renegociar”.

Este mismo problema afectaba al transporte, ya que ahora sólo era necesario alquilar la furgoneta y un coche adicional. Miramos precios en ese mismo momento y la opción más clara era alquilar un Seat León aparte de la Mercedes Sprinter para el material. En la furgo viajaríamos los tres tíos más grandes (David, Pelayo y yo) para dejar algo de sitio en el León. Jose Pablo y Chema quedaban fuera de la ecuación, pues ellos saldrían desde Fromista unos días antes y volverían hasta allí a por su coche.

El Gallo Negro

Este fue el sitio elegido en esta ocasión para nuestro cónclave. Como ya os he comentado, se trata de un nuevo restaurante mexicano que abrieron hace poco tiempo en Boadilla y que todos teníamos ganas de conocer.

La comida resultó estar bastante buena. 100% mexicana y preparada de muy buena manera, quedaba muy lejos de estas franquicias que tan poco cuidan el producto y la presentación. El precio del menú (12,50€) no estaba mal, ya que además incluía café.

El lado negativo, y que a la postre terminó dejándonos un muy mal sabor de boca, fue la atención. Estuvimos muy mal atendidos desde que entramos hasta que nos fuimos. Los camareros tardaron mucho y se confundieron varias veces en los platos (¡y eso que pedimos ocho menús iguales!) y en las bebidas (negándose a reconocer su error). La cocina no estuvo a la altura y nos tuvo más de media hora esperando mi segundo plato, lo que hizo que los casi todos los demás se tuviesen que comer fríos los segundos. Gran decepción.