Seguro que si estás leyendo este blog conoces la aplicación. Strava es la aplicación líder en el seguimiento GPS de nuestras rutas en bici desde hace años. Y lo es porque supieron implementar la funcionalidad de los segmentos, añadiendo la opción de competir contra uno mismo y contra todo aquél que haya pasado anteriormente por ese segmento. Y eso mola, pero también existe un “lado oscuro de Strava” en el que muchos están cayendo… Y es que Strava también puede cargarse la esencia del MTB.

El lado oscuro de Strava: Stravassholes

No es la primera vez que me pasa: empiezas a subir por un singletrack cuando ves que en sentido contrario viene un tipo bajando “a tumba abierta”. No sólo no reduce, sino que pasa peligrosamente cerca, obligándome a echar pie a tierra y a intentar arrancar de nuevo en medio de una subida. Todo por el estúpido premio de lograr su PR (Record Personal) o el KOM (Rey de la Montaña, la mejor marca) en el segmento.

El hecho de poder guardar las rutas que hacemos en la aplicación para analizarlas después es algo que considero muy positivo, pero creo que el tinte competitivo que añade Strava hace más mal que bien a la comunidad ciclista, ya que consigue transformar a muchos en auténticos idiotas. STRAVASSHOLE (existe palabra, sí). Y un idiota en bici es justo lo que más ayuda a que se cierren los caminos a la bicis.

Todos los que montamos por Madrid hemos vivido hace poco la limitación que el Ayuntamiento ha puesto a la circulación de bicis por la Casa de Campo. Y lo que es más grave: la que se está preparando por el Parque Nacional de Guadarrama por el desgaste que producen las bicis en muchas zonas. Sería absurdo decir que existe un lado oscuro de Strava por esto, pero no cabe duda de que el uso irresponsable de la bici ha tenido muchísimo que ver. Personalmente, estoy harto de ver todas las semanas casos en los que no se respeta la prioridad de paso con los peatones y los animales, por ejemplo. ¡Pero si no nos respetamos ni entre nosotros!.

Para algunos de nosotros (cada vez menos, por lo que veo), el mountain bike es más que un deporte. Valoramos muchos aspectos de las rutas que hacemos: el desafío que supone el terreno, el buen rollo que da estar disfrutando de la naturaleza… Como hicimos este jueves en las Zetas de la Pedriza, por ejemplo: si vemos unas vistas dignas de ser admiradas, nos paramos a disfrutarlas. Cuando nos cruzamos con montañistas, aminoramos y saludamos. Saludamos. Sí, que es gratis.

El problema que deriva de esta competitividad mal entendida es que esta gente pone en riesgo su salud, intentando batir o reconquistar ese KOM en un descenso no apto para cualquiera.

Strava: el ojo que todo lo ve

Una cosa de la que muchos no se dan cuenta es que con Strava los caminos ocultos dejan de serlo. Todos alguna vez hemos rodado con nuestras bicis en lugares prohibidos. Caminos en fincas privadas, o cerrados al tráfico, o en dirección contraria… Strava lo ve todo y por defecto hace que la ruta sea pública, así que no sería extraño escuchar algún caso de propietarios de fincas usando la aplicación para identificar visitantes no deseados en sus terrenos, por ejemplo (tengo Romanillos en mente ahora mismo, sí). Una vez más, el lado oscuro de Strava es poderoso 🙂

Otra forma de usar Strava para descubrir caminos ocultos es su Mapa de Calor, en el que vienen reflejadas todas las rutas públicas cargadas por los usuarios. Cuanto más brillante sea la línea, más usuarios la han transitado. Hay algunos caminos que apenas son perceptibles a no ser que se haga un zoom exhaustivo, pero por mucho que haya que ampliar, ahí estarán todas las rutas. Esto está muy bien para encontrar los caminos más explorados si viajas a una nueva ciudad, pero también permite a aquellos más familiarizados con el mapa (propietarios de fincas, policía forestal, etc…) localizar fácilmente trazados “ilegales”.