Segunda entrega de nuestra ruta estrella de 2017: el Camino de Santiago. Esta fue sin duda la etapa reina del viaje: desde Herrerías hasta Sarria, coronando el temido alto de O Cebreiro.

Salida desde Herrerías

Tocaba diana a las 7:00. La idea era estar desayunando a las 7:30 en Casa Polín para salir a las 8:00, pero estas cosas nunca van bien a la primera: que si me he dejado una cosa en la habitación, que si no me he peinado, que si la abuela fuma… Al final, casi las 9:30 😀

Después de un buen desayuno nos dispusimos a atacar O Cebreiro. Desde el minuto uno el camino empieza a “picar parriba”. La pendiente es bastante llevadera al principio, lo que unido al buen firme (carretera asfaltada) hace que nos confiemos un poco. Aquí ya se iban adelantando Edu y Pelayo, ávidos de camino. Para no lastrar al grupo de cabeza decidimos separarnos, como ayer, facilitando que cada uno encontrase su ritmo más cómodo.

Al llegar al municipio de La Faba es cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes. Ya llevábamos algo más de dos kilómetros y medio de subida llevadera y a la sombra, pero ahora vendrían tres y medio con un buen porcentaje y sol, hasta el último pueblo de Castilla y León: La Laguna. En estas rampas es donde sacamos lo mejor de nosotros mismos. Cada uno a su ritmo fuimos llegando al bar del pueblo.

Unos cuantos Aquarius después emprendimos de nuevo la marcha. Quedaba ante nosotros el último repecho: una subida de algo más de dos kilómetros con el premio de coronar el puerto más temido del Camino de Santiago. Tengo que decir que esta parte se me hizo bastante más llevadera. Quizás las preciosas vistas de la niebla sobre la ladera de la montaña ayudaban. El caso es que más pronto que tarde llegamos a la cumbre.

O Cebreiro

O Cebreiro es una parroquia del municipio de Piedrafita del Cebrero (Pedrafita do Cebreiro en gallego), ya en la provincia de Lugo. En ella se sitúa la aldea de idéntico nombre, a 1330 metros sobre el nivel del mar. En su arquitectura destacan las pallozas y la iglesia prerrománica de Santa María (siglo IX), que custodia un cáliz románico del siglo XII.

Lo que dio fama a esta localidad fue la famosa leyenda del Santo Grial de Galicia. Por el año 1300, un hombre que vivía en un pueblo que distaba media legua de la iglesia de O Cebreiro (Barxamaior), era tan devoto que no faltaba nunca a misa por la lluvia, el viento o el frío. Un día se desató una tremenda tormenta y el sacerdote de la Iglesia, al ver entrar a este fiel exclamó “¡Cuál viene este otro con una grande tempestad y tan fatigado a ver un poco de pan y de vino!“. Cuenta la leyenda que Dios, para castigar la falta de fe del cura, convirtió la hostia y el vino en carne y sangre en el momento de la consagración.

Nuestra parada no fue ni mucho menos tan interesante como la de ese fiel, pero nos supo a gloria bendita. Tanto o más que a él 😀 . Después de sellar en la iglesia nuestra credencial y comprar las típicas conchas del peregrino nos dispusimos a dar buena cuenta de un par de raciones de pulpo y de queso del Cebreiro (se nos saltaron las lágrimas) con una botella de vino turbio de la tierra. Allí tuvimos la suerte de conversar con un par de mujeres canadienses de avanzada edad, que nos contaron que venían andando desde Saint-Jean-Pied-de-Port durante veintiún días. Y que el año pasado estuvieron en el campo base del Everest. Nos quedamos alucinados. Y es que el Camino te hace sentir muy pequeño a veces…

Con más pena que gloria decidimos volver a las bicis y seguir disfrutando de la etapa. El paisaje era precioso, lo que ayudaba a sobrellevar el continuo rompepiernas que era la carretera. Poco después de salir del alto de O Cebreiro llegamos al alto de San Roque (1270 metros), con su gran estatua del peregrino. Nueva sesión de fotos y vuelta a las monturas hasta el siguiente alto: el del Poio (1337 metros).

Aquí, los que llevábamos alforjas tuvimos que echar el pie a tierra, ya que decidimos abandonar la carretera y el camino resultó tener demasiada piedra suelta en una elevada pendiente. Cuando ya estábamos todos arriba nos dimos cuenta de que Ramón había pinchado. Esa parada para cambiar la cámara la agradeció más de uno, que dio buena cuenta de alguna cerveza.

Bajada a Triacastela

Se nos echaba el tiempo encima para comer, por lo que decidimos cambiar el plan original de hacerlo en Samos y cambiamos a Triacastela en su lugar.

La bajada a Triacastela puede hacerse por camino o por carretera, que es la que escogimos. Y resultó ser de los tramos que más disfrutamos. Si no, que le pregunten a David: catorce kilómetros de bajada continua. Me fijé en el cuentakilómetros y llegamos a los 65 km/h, que con alforjas da un poco de respeto. Este momento de disfrute tuvo un daño colateral: mis pastillas de freno delanteras salieron bastante afectadas. Menos mal que tocaba parada para comer.

Al llegar al pueblo preguntamos a una lugareña por algún sitio recomendado para comer, ya que estábamos un poco fuera del “horario del peregrino“. Nos recomendó ir al restaurante Esther, así que le hicimos y acertamos de pleno. El menú del peregrino fue más que correcto, con raciones ricas y muy abundantes. La dueña no paró de preguntar hasta que nos fuimos de allí realmente satisfechos.

La idea inicial que llevábamos para después de comer era hacer una parada en una playa fluvial que recordaba Pelayo de su Camino de Santiago anterior, pero tuvimos que cambiar los planes después de preguntar a la dueña del restaurante. Parece ser que no había playa fluvial en Triacastela, por lo que decidimos continuar la ruta hasta Samos y descansar un poco allí.

A la salida del pueblo hay que tener cuidado, ya que se puede elegir entre dos variantes: la de Samos y la de San Xil. Nosotros escogimos la primera, que nueve kilómetros de carretera después nos dejaría en Samos.

Samos

Llegar a Samos no es especialmente complicado, ya que es todo bajada. Pero la hora no acompañaba mucho. Después de comer, con las barrigas llenas y un sol abrasador lo que el cuerpo nos pedía era repetir la siesta del día anterior. Todos llevábamos el bañador a mano, buscando mojarnos un poco.

Samos

Samos

El caso es que Samos bien merece un alto en el Camino. Es un municipio al que tengo un cariño especial, ya que fue donde me casé allá por 2008. Su abadía es digna de ser visitada si se tiene un poco de tiempo, pues allí se podrán contemplar un par de cosas únicas en España:

  • El Claustro Grande, que fue construido entre 1685 y 1689. Tiene tres mil metros cuadrados, lo que lo convierte en el mayor de España. También se lo conoce como “del Padre Feijoo“, por haber tomado éste el hábito benedictino en San Julián de Samos en 1690.
  • La fuente de las nereidas, situada en el claustro pequeño. Está formada por cuatro figuras femeninas con cuerpos de serpiente y cabeza y pechos de mujer, algo bastante “peculiar” para un monasterio. Cuenta la leyenda que la autoridad eclesiástica decidió trasladar la fuente a otro lugar, pero cuando se disponían a transportar las piezas, éstas de repente aumentaron de peso de tal manera que no hubo forma de mover la fuente. No quedó mas remedio que volver a reconstruir la fuente en el mismo sitio. Milagrosamente, las piezas recuperaron su peso normal, dejando claro que la fuente no tenía intención de moverse del monasterio.

Dejamos Samos atrás por la senda que transcurre paralela a la carretera hasta Teiguín, donde finalmente encontramos un sitio para bañarnos en el río. Pelayo y Eduardo decidieron adelantarse hasta Sarria mientras el resto nos mojábamos un poco los pies y saciábamos ese deseo de mojarnos que nos acompañaba desde la bajada de O Cebreiro.

El camino restante hasta Sarria sería por camino, con algún tramo complicado si vas con alforjas, pero muy bonito. Mucha sombra y unas vistas preciosas nos llevaron casi en volandas hasta Sarria. Ya llevábamos cincuenta y siete kilómetros en las piernas y habíamos superado la etapa más dura de nuestro Camino de Santiago, pero todavía nos faltaba una última sorpresa…

Sarria

Sarria es una villa que cuenta con aproximadamente nueve mil habitantes en el casco urbano. Unos catorce mil si contamos los de todo el municipio. Es la capital de la comarca, que tendrá en torno a lo veintiséis mil habitantes. Suele ser el punto de partida elegido por muchos peregrinos que hacen el Camino de Santiago a pie, pues el mínimo exigido para La Compostela son cien kilómetros y Sarria es el municipio más importante de la zona, con multitud de servicios y vías de comunicación.

Nuestra idea era alojarnos en Sarria esa noche, pero la sorpresa cuando llegamos es que la reserva estaba hecha en Casa Barbadelo, que no se encontraba en el casco urbano de Sarria sino en un sitio cercano, en Vilei (Barbadelo). Un mensaje de Eduardo y Pelayo lo confirmaba, pero también nos daba ánimos para continuar porque decían que había una piscina muy chula. Conseguimos vencer ese primer momento de resignación y pusimos rumbo a Barbadelo siguiendo las indicaciones del Waze, que nos dio un pequeño rodeo por la carretera.

Casa Barbadelo, en Sarria

Casa Barbadelo, en Sarria

Al llegar a Casa Barbadelo nos llevamos una muy grata sorpresa. El sitio era espectacular. Teníamos dos habitaciones de cuatro personas, con baños privados. A mi me tocó compartir con Pelayo, Félix y Jose Pablo. El entorno era muy bonito, con una piscina que invitaba a un chapuzón (algo que hicimos sin más dilación). Después de una buena ducha llamamos a un par de taxis y nos dispusimos a cenar en la Cafetería Polo, uno de mis sitios favoritos de Sarria.

Despedimos el día con un buen gin tonic, antes de que el taxi nos llevase de vuelta a Barbadelo (a la postre, el mejor alojamiento que tendríamos en nuestro Camino). La segunda etapa ya estaba en nuestro poder. Tocaba descansar para madrugar al día siguiente y poner rumbo a Melide, pero eso ya os lo contaré en el siguiente post.

No olvidéis ver todas las fotos de esta etapa (y de las restantes) en el álbum de Facebook.

Etapa 1 de nuestro Camino de Santiago: Ponferrada – Herrerías

Etapa 3 de nuestro Camino de Santiago: Sarria – Melide

Camino de Santiago, etapa 4: Melide – Santiago de Compostela