Martes, 12 de Junio de 2018. Toque de diana a las 5:00 para repasar todo, desayunar y estar listo a las 5:45. Jose Pablo y Jaime esperan abajo con un impoluto Mercedes que nos llevará al aeropuerto después de recoger a Ramón. El Camino de Santiago portugués nos espera. Oporto aparece en el horizonte. El reto 2018 ya había empezado…

El susto de la semana anterior

Parecía imposible estar metidos los cuatro en ese coche, sobre todo después del susto que nos dieron los impresentables de Tourline Express el miércoles anterior: después de tener el envío de las bicis a Oporto cerrado con ellos desde hace meses, se descolgaron con que había sido un error y que ellos no enviaban a Portugal si no era con un código de cliente (empresas colaboradoras y/o asociadas). Tourline Express nunca mais.

Después de muchos nervios, muchos gritos y muchas llamadas encontramos una solución: mediante la página web Genei.com podíamos hacer el envío a Portugal, aunque a un precio mucho más caro que el acordado en un principio con Tourline Express. Los planes se trastocaron bastante, pues pasarían a recoger las bicis empaquetadas el jueves por la mañana, lo que implicó un buen madrugón de todos para tenerlas listas a las ocho. Aquí jugó un papel fundamental Julio, de TCECSport, que nos facilitó las cajas para embalarlas. Julio, ¡te debemos una! (otra más).

A estas alturas supongo que os habréis dado cuenta de una cosa: estoy hablando de cuatro bicigrinos en lugar de cinco. Para nuestra desgracia, Chema se caía de la convocatoria a última hora por segundo año consecutivo. Una faena de la empresa, que le pidió el favor de quedarse a trabajar por la baja de paternidad de un compañero. Chema, ¡el año que viene juro que te preparo una buena para que te desquites!.

Viaje a Oporto y segundo susto

El viaje al aeropuerto Madrid – Barajas Adolfo Suarez (ojo) fue como la seda. Nuestro vuelo salía a las 7:25, por lo que nosotros embarcamos sobre las 7:10. El avión (un Airbus A319, barriendo para casa 😀 ) no resultó tener unos asientos muy amplios, por lo que la azafata tuvo el detalle de movernos a las primeras filas a Ramón y a mi en cuanto vio que iba sentado como un cubo de Rubik.

Llegamos a Oporto a las 7:40, hora local. Cogimos un taxi hasta el centro para disfrutar de la ciudad hasta que abriese la delegación de la agencia de transportes (los socios de Tourline Express) para ir a por las bicis.

Después de ver la maravillosa catedral (Sé do Porto), de estilo románico en su origen, aunque muy modificada en el barroco y con un precioso rosetón, bajamos hasta el río Duero para ver el puente Don Luis I, símbolo de la ciudad. Espectacular.

Puente D Luis Oporto

Puente D Luis I Oporto

Mientras desayunábamos unos típicos pastéis de Belem recibimos el segundo susto del viaje: el envío de las bicis nos aparecía como “en tránsito con incidencia“. Empezamos (empecé) a temer lo peor: las bicis no iban a estar. Unas cuantas llamadas después (de nuevo una pésima gestión por parte de Tourline Express), la gente de Genei nos tranquilizó al asegurar que las bicis estaban esperándonos. Ya sólo quedaba pillar el taxi hasta Perafita, a las afueras, para plantarnos en la delegación, montar las bicis y empezar el Camino de verdad.

Teníais que haber visto las caras de los de la empresa de mensajería cuando nos presentamos allí pidiendo nuestras bicis. No se creían que fuésemos a montarlas y a salir rodando, se echaron unas buenas risas a nuestra costa, pero la cara que se les quedó cuando salimos de su nave pedaleando fue aún mejor 😀

Empezando el Camino de Santiago portugués

Nos vestimos de torero en una gasolinera de BP que había justo enfrente y dimos comienzo a la aventura sin más dilación. Jaime puso el Google Maps para que nos sacase de Perafita y nos llevase hasta Maia, donde enlazaríamos con el Camino de Santiago portugués a la altura del “Santuário de Nossa Senhora do Bom Despacho“.

Hacia el kilómetro 13 de nuestra ruta coronamos nuestro primer pico de desnivel, pero todavía no habíamos salido de “la ciudad”. Estábamos a punto de hacerlo, llegando al pueblo de Outeiro, pero antes estábamos pasando por un polígono industrial. El paisaje había acompañado más bien poco hasta el momento.

Sobre el kilómetro 21, en plena subida en el pueblo de Giao, tuvimos nuestro primer despiste. No vimos la señalización de la flecha amarilla y seguimos recto en un cruce en lugar de girar a la derecha, menos mal que alguno estuvo avispado y se dio cuenta inmediatamente, por lo que no perdimos mucho tiempo.

El kilómetro 23 supuso nuestro segundo pico del día. Nos estaba haciendo un tiempo espectacular: tan sólo un poco de viento, pero nada comparado con lo que esperábamos la semana anterior. De momento, los chubasqueros iban de adorno para todos menos para Jose Pablo, que con muy mala suerte se lo ponía cada vez que tocaba subir 😀

Hora de comer

Ya iba apretando el hambre, así que decidimos desviarnos ligeramente del camino señalizado para llegar hasta el albergue del Monasterio de Sao Bento, pero para chasco no había dónde comer. Después de disfrutar un rato de las vistas del monasterio decidimos retomar la marcha hasta el primer pueblo.

Este pueblo fue Madalena. Aquí elegimos para comer el Cafe Capri, en el que la dueña accedió (un poco a regañadientes dada la hora que era) a prepararnos cuatro francesinhas, tan típicas en la zona de Oporto y que Ramón llevaba persiguiendo todo el día.

Quedaba más de la mitad de la jornada y, aunque los ánimos estaban por las nubes, sí que se empezaba a notar el madrugón y el ajetreo que llevábamos acumulado en el cuerpo a esas horas.

Nada más reanudar la marcha pudimos disfrutar de una bonita bajada hasta el río Ave, donde paramos a sacar alguna que otra foto del bonito puente de piedra que lo atravesaba (ponte Dom Zameiro). Estábamos en el punto más bajo del recorrido.

Oporto - Barcelos: Ponte Dom Zameiro

Oporto – Barcelos: Ponte Dom Zameiro

Una exigente cuesta nos llevó hasta el tercer pico del día, a la altura del pueblo de Sao Mamede. Después de disfrutar lo que pudimos de la bajada (con alforjas el disfrute en las bajadas es limitado), nos encontramos con la bonita iglesia de Arcos, allá por el kilómetro 35. A estas alturas ya habíamos notado que las iglesias de Portugal son muy bonitas y están muy bien cuidadas, pero casi siempre se encuentran cerradas…

El distrito de Braga

A mitad del ascenso encontramos el pueblo de Sao Pedro de Rates, última parada en el distrito de Oporto. Allí aprovechamos para poner nuestros primeros sellos en ruta (sin contar el de Oporto) en el albergue de peregrinos. Poco después, en el kilómetro 40, cruzamos al distrito de Braga.

Antes de coronar nuestro último pico en el kilómetro 46 paramos a hacer un par de fotos en la iglesia de Pedra Furada. Por fuera, claro, porque esta también estaba cerrada.

Una bajada de cuatro kilómetros nos dejó en la entrada de Barcelos, donde aprovechamos a sellar la credencial en la Fregezia de San Paio do Carvalhal porque la encontramos abierta. Nos chocó la original forma que tenía el párroco de sellar, ¡dándole una especie de lametón al sello!.

La llegada a Barcelos no fue el tramo más bonito del día, cruzando un polígono industrial, pero al llegar al río Cávado y cruzar el puente medieval todo cambió. Barcelos es un lugar precioso, lleno de bonitos edificios como la iglesia de Santa María Maior, el Ayuntamiento…

Como ya acumulábamos algo de cansancio fuimos directos al Art’otel Barcelos, lugar de recogida de nuestras llaves para el Residencial Kuarenta&Um un poco más adelante. Tengo que reconocer que este era el alojamiento que más mosca me tenía de todos los que llevábamos reservados, pero debo decir que cumplió con creces.

A Ramón y a mí nos tocó la habitación triple (no pudimos cancelar a tiempo la baja de Chema en varios de los alojamientos) y estuvimos muy cómodos. Las camas eran amplias y cómodas y todo estaba muy nuevo y muy limpio.

Después de un buen duchado tocó salir a dar una vuelta por Barcelos y buscar dónde cenar.

Oporto - Barcelos: el gallo de Barcelos

Oporto – Barcelos: el gallo de Barcelos

Barcelos “la nuit”

Nada más bajar a la calle nos quedó claro que en Portugal se estila un horario más “europeo” que en España: se come y se cena mucha antes. Las calles tenían poca vida y los comercios estaban cerrados, pero eso no impidió que disfrutásemos de un paseo por el centro.

Nos sorprendió que todo el pueblo estaba lleno del típico gallo de Portugal. Yo pensaba que el gallo era típico de la zona de Estoril, pero estaba equivocado: la leyenda del gallo de Barcelos lo demostraba.

Cenamos hamburguesas, ensaladas y “cachorros” (así llaman a los perritos calientes en Portugal) en un bar de un chico muy amable, el Historial Café. Después de cerrar con unas copas bajamos hasta el río para contemplar Barcelos de noche y nos volvimos a la cama. Al día siguiente esperaba la que en teoría iba a ser la jornada más dura del viaje.

Álbum de fotos de Facebook.