Empieza lo bueno. Ruta en bici corta pero intensa, con unas cuantas subidas de esas de “plato pequeño” hasta la cima. El tiempo, afortunadamente, acompañó: un poco de fresco a la salida que solucionamos rápidamente con una ración de pedales.

En esta ocasión nos juntamos unos cuantos compañeros de la oficina. Cinco sufridores que sacamos algo de tiempo el domingo, esquivando un pase a producción que hizo que muchos compañeros tuviesen que trabajar hasta el mediodía. Con la baja de última hora de Román y Alejandro resultamos el equipo “cinco jotas”: Jose Pablo, Juan Antonio, Julio, Jorge y Jose…

Quedamos a las 9:30 en Tres Cantos y Julio nos guió con el GPS (entre el Garmin y la GoPro, su bici parecía la del inspector Gadget 😀 ). Pasamos por la zona de Soto de Viñuelas y, después de un pequeño error de cálculo y subirnos la cuesta hasta las instalaciones del Canal de Isabel II, entramos en los caminos de arena que nos harían la vida imposible un poco más tarde.

El estado de las pistas era bueno, a pesar de que llevaba toda la semana lloviendo. Es cierto que tuvimos que atravesar algún que otro barrizal (Julio era el único con guardabarros, gallifante para él), pero el camino era fácilmente transitable.

Al poco tiempo atravesamos un prado con ganado en libertad (documento gráfico aquí abajo) y un poco más adelante, tras una subida matadora que sólo aguantaron Jorge y Jose Pablo (¡yo casi la subo, eh!), una imagen “peculiar”: ¡una lancha en mitad de un prado de Tres Cantos!.

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Seguimos la ruta sin complicaciones hasta llegar a las proximidades de Colmenar. Ahí nos perdimos y salimos un rato a carretera para reincorporarnos a la ruta a la altura del cementerio. Entonces pudimos disfrutar de una bajada en la que eché el resto (en realidad sólo hubo que dejar que la fuerza de la gravedad trabajase un poco) hasta que llegamos a la parte más divertida de la ruta: los vadeos.

El arroyo de Tejada nos pilló por sorpresa. Nadie imaginaba que iba a bajar tan crecido. Después de perder bastante tiempo buscando alternativas para cruzar al otro lado sin mojarnos no quedó otro remedio que descalzarse, bajarse de la bici y cruzar. No nos imaginábamos que nos quedaban otras cuantas de estas, siete en total. Las siguientes ya las pasamos del tirón y, como dijo Jose Pablo “al final bajaba el agua calentita“.

Para terminar, una subidita (con la que tampoco pude) y entramos a Tres Cantos por la zona del hotel.

Como nota cachonda decir que Juanan y yo paramos a comprar unos calcetines al Opencor para poder rematar la faena en el restaurante Mary Carmen con todo el grupo. Como se deben acabar estas cosas.

Conclusiones que saco tras esta rutilla: estoy en muy baja forma. Os dejo el vídeo que se curró Julio y el enlace a mi perfil de MiCoach para que veáis la ruta con más detalle, pulsaciones incluidas.

Tres Cantos – Colmenar – Tres Cantos