A mí siempre me pasa lo mismo cada vez que me planteo salir con la bici a hacer una rutilla: the chase is better than the catch, como diría Motörhead. Y es que disfruto tanto o más planificando la ruta y todo el ritual que implica sacar la bici que con la ruta, que esto de dar pedales es muy cansado :-).

Una de las cosas que suelo hacer antes o después de hacer una ruta nueva es informarme de los sitios por los que transcurre. Busco fotos de la zona por Internet y me documento para conocer un poco más los sitios por los que he pasado o voy a pasar. Por eso he decidido compartir con vosotros a partir de ahora historias que me resulten curiosas y dignas de mención, relacionadas con las rutas que vaya haciendo.

Hoy os voy a hablar del Cerro de Garabitas, que subí varias veces en la ruta que hice el sábado con mi amigo Alejandro.

Salimos a las 9:30 desde la Dehesa de la Villa con un frío impresionante (unos -2º C aproximadamente) para hacer unos 57 km (en la ruta falta 1 km porque se me apagó el móvil por el frío) por la Casa de Campo.

Alejando en GarabitasSi veis el track notaréis cuatro picos muy majos durante el recorrido. Esos picos corresponden al Cerro Garabitas, el segundo punto más alto de la Casa de Campo de Madrid con 677 metros de cota, sólo superado por la puerta de Somosaguas con 690. Desde este punto, en el que se enclava una torre de vigilancia contra incendios, se puede disfrutar de una maravillosa panorámica del monte de El Pardo, la Sierra de Guadarrama y la ciudad de Madrid.

Precisamente por esto Garabitas jugó un papel fundamental en la Batalla de Madrid de la Guerra Civil, ya que era uno de los dos puntos en los que el bando nacional estableció baterías artilleras para bombardear la capital junto con el Cerro del Águila.

El Cerro de Garabitas fue conquistado por el General Varela el 13 de Noviembre de 1936 y resistió todos los ataques republicanos, incluido el de la “Columna Durruti“, hasta que Franco decidió en Leganés dejar de atacar directamente a Madrid.

El cerro también sirve de inspiración a varias leyendas, como la que dice que es el sitio desde el que parten al cielo las almas de los madrileños antes de abandonar su ciudad. Al reunirse aquí, las almas soltaban aquello de “De Madrid al cielo y, en el cielo, un agujerito para verlo“.