Por fin llegó el día que estábamos esperando. El Camino del Cid empezaba. El Destierro del Cid nos esperaba. No quedaba sino batirse, como decimos siempre. Las alforjas estaban listas para que la furgoneta de Traslabike nos recogiese en Boadilla a las 8:30 del martes.

El viaje a Burgos

Con puntualidad suiza empezamos a cargar las bicis de Jose Pablo, Chema, Dani, Jaime (que la dejó un par de días durmiendo en mi garaje) y Javi en la furgo. Poco después salimos rumbo a Alcobendas para recoger a Jorge y Alfredo, que nos esperaban allí.

El viaje a Burgos transcurrió sin incidencias. Una gozada el poder ir los ocho juntos con las bicis. El cachondeo fue constante, empalmando un chiste con otro. Este año estuvimos más hábiles para reservar la furgoneta, lo que nos facilitó mucho la logística de mover a ocho personas con sus ocho bicis y ocho equipajes. Todavía recuerdo el susto del año pasado en Oporto

Llegamos a Burgos sobre el mediodía. La idea era dejar las cosas en el alojamiento y salir pitando a Vivar del Cid a por el salvoconducto, pero decidimos cambiar de planes vista la hora. El destierro del Cid empezaría después de comer…

Paseo por Burgos

Nuestro alojamiento para esta primera etapa era el Hostel Burgos, un alojamiento modesto en el que teníamos reservadas dos habitaciones cuádruples (una resultó ser quíntuple, lo que me vino de miedo para tirar la cama al suelo y evitar los pies de la cama). Dejamos las alforjas y las bicis y salimos a explorar la ciudad con la intención de comer allí para salir a primera hora de la tarde hacia Vivar del Cid.

Catedral de Santa María, Burgos

Después de patear el centro de la ciudad, ver la majestuosa Catedral de Santa María (la «hija» de Notre-Dame, la llaman) y disfrutar de unas buenas cervezas, nos fuimos a comer a un TGB (The Good Burger) para no perder mucho tiempo. Seguramente no fue la mejor elección en una ciudad como Burgos, que se supone que tiene una buena oferta gastronómica, pero el tiempo apremiaba. Aún así, algunos tuvimos tiempo para disfrutar de un helado antes de volver al hotel…

A pesar de que el cuerpo nos pedía una siesta, resistimos la tentación y nos vestimos de romano para empezar a rodar hacia Vivar del Cid. Ya había prisa por empezar a descontar kilómetros.

Rumbo a Vivar del Cid: comienza el destierro del Cid

El camino de ida hacia Vivar del Cid transcurría en su mayoría por un carril bici muy fácil de seguir, atravesando un gran polígono industrial a la salida de Burgos.

Quince kilómetros y medio después nos encontramos en la famosa «Legua 0«, fren te al antiguo Mesón del Cid que actualmente se encuentra cerrado por jubilación. Tuvimos suerte y pillamos en casa a Javier, que nos enseñó el pequeño museo que tiene montado en honor a Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, en lo que antes había sido una habitación del mesón.

El destierro del Cid con pelos y señales

Javier nos explicó la historia del destierro del Cid con pelos y señales. Y nos dejó unas réplicas de la Tizona, la famosa espada que en su día perteneció al Cid junto a la Colada, con las que nos hicimos unas cuantas fotos de todas las formas imaginables. También nos dio el salvoconducto y nos puso el primer sello, el de Vivar del Cid. Ya estábamos listos para rememorar el Cantar del Mio Cid

Un buen rato después, para reponernos de la ingente cantidad de información que nos dio Javier, decidimos hacer una parada técnica en la Cantina del Cid, situada en el mismo pueblo de Vivar. Allí hablamos un momento con algunos parroquianos, que se sorprendieron de ver un grupo tan grande de ciclistas haciendo el Camino del Cid.

La vuelta a Burgos transcurrió sin ningún sobresalto, a pesar de que ya empezamos a enfrentarnos a las primeras cuestas. Tuvimos la suerte de cruzarnos con un gamo antes de entrar en el polígono industrial, pero nos pilló tan de sorpresa que no tuvimos tiempo a grabarlo.

Al final, poco más de treinta kilómetros sencillitos que sirvieron para ir aclimatando los traseros al sillín de la bici para lo que nos quedaba por delante los próximos días.

Burgos la nuit

Una vez en el hotel, nos dimos un duchado rápido para bajar lo antes posible a disfrutar de la noche de Burgos. Antes de bajar, Javi nos agasajó con unos montados del jamón que había comprado en Alcobendas. Jose Pablo iba un poco tocado, renqueante todavía de un catarro que se había traído de Madrid, pero eso no evitó que saliese a tomarse unas cañas antes de cenar.

Chema tiró de contactos para cenar y llamó a Alberto, un amigo suyo que vive en Burgos y que se unió a la fiesta sin dudarlo. Su recomendación no pudo ser mejor: el mesón Los Herreros, donde disfrutamos de un buen menú que nos dejó a todos más que satisfechos. Para sorpresa de todos, me pedí una ensalada de primero. Ojo.

Ya tocaba dormir y descansar lo máximo posible, pues al día siguiente nos enfrentábamos a la «etapa reina» de este destierro del Cid: Burgos – Santo Domingo de Silos. Los ánimos estaban por la nubes…

Si queréis analizar un poco más a fondo la ruta, podéis hacerlo en mi Polar Flow.

Las fotos, como siempre, las podréis ver en su álbum de Facebook.