Mucha gente sigue sin distinguir a simple vista una bicicleta de carretera de una de ciclocross. Esto es porque esta última es una modalidad de ciclismo que deriva de la primera, por lo que las bicicletas comparten muchos rasgos.

El ciclocross (también conocido como bicicross y por las siglas CX) es una especialidad ciclista que surgió a finales del siglo XX,  cuando los ciclistas de carretera empezaron a probar como entrenamiento alternativo a salirse de la ruta marcada y superar todo tipo de obstáculos.

La bicicleta de ciclocross

Bicicleta de Ciclocross

Bicicleta de Ciclocross

Para poder entrenar fuera del asfalto fue necesario adaptar sus bicicletas a los nuevos recorridos, de forma que pudiesen soportar las duras condiciones de los terrenos por los que se metían.

Así, los tubos del cuadro están más separados de las ruedas y el pedalier deja más altura libre con el suelo. Los neumáticos son más anchos que en una bici de carretera y tienen un taqueado más parecido al de una MTB, mientras que los frenos suelen ser de tipo cantilever para que el barro no los obstruya (aunque ya se están empezando a ver frenos de disco).

Las pruebas de ciclocross

Una prueba de ciclocross suele desarrollarse en un circuito relativamente corto (de unos 3 ó 4 kilómetros), normalmente de recorrido circular. La duración de la prueba también es reducida, siendo extraño que supere la hora de duración.

Estos dos factores son los que hacen que las pruebas se disputen con una intensidad máxima.

Normalmente, el recorrido de este tipo de pruebas consta de varios tipos de terreno: asfalto, pista, arena y barro (la gran estrella de toda prueba de ciclocross). También se suelen disponer obstáculos como troncos, escaleras, etc… El recorrido obliga a menudo a echar pie a tierra y cargar la bicicleta sobre el hombro para avanzar.

En este post podréis ver cómo es un circuito típico de ciclocross.